No hace falta un complot para destruir una democracia, basta con el aburrimiento
Julien Gracq publicó El Rivage des Syrtes en 1951, cuando las ruinas europeas todavía humeaban y nadie había terminado de contar los muertos. El libro ganó el Prix Goncourt ese mismo año. Gracq lo rechazó, con la misma coherencia fría con que había denunciado un año antes las componendas comerciales del mundo literario en su … CONTINUAR LEYENDO →





