El 4 de septiembre, desde Riohacha, el presidente Abelardo de la Espriella anunció que un comando de la Policía había dado de baja a alias Bendito Menor, cabecilla señalado de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), en un enfrentamiento armado. Horas antes de esa muerte, la revista Semana había publicado, citando fuentes de inteligencia militar, que el propio grupo paramilitar había ejecutado a su comandante por insubordinación, una versión que retiró y sustituyó media hora después, mientras el hombre seguía con vida según fuentes cercanas a su pareja. El Tiempo confirmaría días más tarde que esa filtración formaba parte de una estrategia deliberada, que llevó a Bendito Menor a desmentirla en público y permitió a inteligencia estadounidense ubicarlo a través de su celular. Veintidós días después, una investigación de la revista Raya documentó que la fachada de la casa donde murió permanece intacta, que ningún vecino escuchó disparos esa noche y que la Policía llegó al lugar solo hacia el amanecer, cuando los cuerpos ya estaban fríos. El caso no se agota en esa muerte, se abre sobre ella una negociación en curso, bajo un plazo de una semana fijado por el propio De la Espriella, con alias Pinocho, el hombre que hoy encabeza la estructura y cuyo abogado advierte que la alternativa a un acuerdo es «más bolsas, más operativos, más cadáveres».
Una verdad filtrada, negada y filtrada de nuevo
A las 2:29 de la tarde del 3 de septiembre, Semana publicó un artículo con un título que no sobrevivió ni media hora, alias Bendito Menor habría sido asesinado por las Autodefensas Conquistadoras, la inteligencia verifica la información. El texto atribuía la orden a alias Patilizo, señalado jefe militar de la estructura, por una supuesta ruptura con el resto del mando. A las 3 de la tarde, treinta y un minutos después, la revista sustituyó ese artículo por otro que planteaba la misma muerte como una posible maniobra del propio criminal para despistar a las autoridades. El primer texto dejó de estar disponible y su dirección quedó redirigida a la segunda versión, solo recuperable hoy a través de herramientas de archivo. A las 4:47 de esa misma tarde, la ACSN publicó en la red social X un comunicado que negaba haber ejecutado a su comandante, desmentido que medios regionales como El Pilón recogieron el mismo día.
Ese vaivén editorial no fue un error de redacción. El Tiempo reconstruyó después el mecanismo, agencias de inteligencia difundieron en varios medios, entre ellos Semana, la versión de una ejecución interna, con el objetivo declarado de provocar una reacción del propio Bendito Menor. Este respondió con un comunicado público en el que declaró seguir con vida, momento que, según esa reconstrucción, permitió a la inteligencia de Estados Unidos rastrear su ubicación a través del celular. Horas después, el hombre estaba muerto. Lo que queda sin explicar es por qué, si la operación culminó como estaba previsto, el relato que la sostuvo tuvo que cambiar por completo hacia la versión de un enfrentamiento armado con un comando policial, sostenida durante los quince artículos que Semana dedicó ese fin de semana al operativo «milimétrico».
La primera versión del artículo de Semana permaneció publicada treinta y un minutos, entre las 2:29 y las 3:00 de la tarde del 3 de septiembre, antes de ser reemplazada por una segunda que planteaba la muerte de Bendito Menor como una posible maniobra propia para evadir a las autoridades.
La fachada que nadie forzó
Que esa localización haya desembocado en un asalto policial, como sostiene la versión oficial, o en una entrega a manos de su propio grupo, como sugiere la reconstrucción de Raya, es precisamente lo que la escena del crimen permite examinar. La casa de dos plantas del barrio Los Olivos, en Riohacha, donde murieron Bendito Menor, su pareja Rosangélica Tarazona, alias La Bebecita, y dos hombres de su confianza, Orlando Javier Paternina y Keiner José Moscote Martos, conserva doce días después, según la reconstrucción de Raya, la puerta peatonal y el portón vehicular intactos, sin marcas de forzamiento, y un jardín sin pisotear. Ningún vecino entrevistado por esa revista, ni por los periodistas independientes César Molinares y Ramón Campos, reportó haber escuchado disparos esa noche. Varios sí describieron el paso de vehículos con vidrios polarizados horas antes, y la llegada de la Policía recién hacia las cuatro y media o cinco de la madrugada, cuando, según esos testimonios, ya solo restaba retirar los cuerpos. El 22 de septiembre, Infobae retomó esos hallazgos citando expresamente a Raya como fuente, sin aportar entrevistas propias con otros vecinos, un dato que no confirma por sí solo la hipótesis de una ejecución interna, y que tampoco equivale a una segunda fuente independiente, dos publicaciones que citan el mismo reportaje cuentan, para efectos de corroboración, como una sola. Lo que sí confirma esa amplificación es el alcance que la hipótesis alcanzó en la prensa colombiana, sin que, hasta el cierre de esta nota, conste una respuesta oficial punto por punto de la Presidencia, la Policía o la Dijín.
A esa duda sobre lo ocurrido esa noche se suma otra, más antigua, sobre quién era en realidad Bendito Menor. La prensa que celebró su muerte como un golpe al narcoparamilitarismo lo describió como jefe, cabecilla o, en palabras de El Heraldo, «el rostro» de las Autodefensas Conquistadoras. El investigador Lerber Dimas, director de la Plataforma de Defensores de Derechos Humanos de la Sierra Nevada, ofrece una imagen distinta, la de un comandante de tercer nivel al frente de un grupo urbano de unos veinte hombres, muy por debajo del comando central que dirige el bloque desde la montaña. «Quien domina la montaña, domina la zona urbana», resumió Dimas semanas más tarde, a propósito del paro que paralizaría Santa Marta. Un cadáver de tercer nivel puede, sin embargo, funcionar como trofeo de primer nivel, si nadie corrige a tiempo su rango en la crónica oficial.
Dos días después del entierro, videos difundidos en redes sociales mostraron el cortejo fúnebre de Bendito Menor recorriendo Riohacha al ritmo de corridos a todo volumen, con ráfagas de disparos al aire como despedida, en la misma ciudad donde días antes se había anunciado un golpe al narcoparamilitarismo. La cobertura consultada para esta nota no registra detenciones derivadas de ese despliegue armado. Si el objetivo era desarticular una amenaza, la escena del funeral sugiere que la amenaza real, la que porta armas y las dispara al aire sin consecuencias documentadas, siguió intacta.
Un segundo comandante que nunca fue el segundo
El 22 de septiembre coincidieron dos hechos que la cobertura del momento no puso a conversar entre sí. El mismo día en que Infobae difundía la hipótesis de la ejecución interna de Bendito Menor, la misma agencia informaba que, tras la muerte de alias Cholo, jefe militar de la estructura, la línea de mando había quedado encabezada por alias Pinocho. Dos comandantes de la misma organización habían muerto en tres semanas y el relato público seguía concentrado en el más visible de los dos, no en el más importante. Cuando la ACSN decretó un paro armado que cerró el comercio y el transporte en Santa Marta y llevó al Gobierno a militarizar la ciudad, buena parte de la prensa, entre ella Pulzo, atribuyó la medida a la muerte de «su segundo comandante», la misma inflación de rango que el propio trabajo de Raya y de Infobae ya habían puesto en duda el día anterior.
La Defensoría del Pueblo había advertido ocho veces sobre los cobros y controles de la ACSN en la Sierra Nevada antes de esa semana, sin que ninguna de esas alertas derivara en una medida contra la economía de extorsión que sostiene a la estructura. Lo que sí llegó, una vez que el paro cerró Santa Marta, fueron tropas y un discurso marcial. Un Estado que responde con blindaje mediático a la muerte de un mando urbano, y con silencio administrativo a ocho advertencias sobre la renta que financia a toda la organización, no está gestionando una amenaza, está gestionando una imagen.
Bendito Menor llevaba años identificado por la Fiscalía sin ser capturado. Bajo el gobierno anterior, el de Gustavo Petro, distintos reportajes indagaron por qué un hombre con perfil público en redes sociales y presencia conocida en Riohacha nunca cayó en un operativo. De la Espriella, que asumió apenas el 7 de agosto, presentó su muerte, menos de un mes después, como prueba de una voluntad que sus antecesores no tuvieron. Que ese golpe recayera sobre un mando de tercer nivel, y no sobre la estructura que en realidad ejerce el control territorial, no formó parte del anuncio.
El abogado que negoció por las AUC ahora pone el plazo a sus herederos
Abelardo de la Espriella llegó a la presidencia de Colombia en junio, con menos de un punto de ventaja, después de una carrera construida como abogado defensor de jefes paramilitares durante las negociaciones con las Autodefensas Unidas de Colombia y como fundador de FIPAZ, plataforma que acompañó esas negociaciones. Ese mismo hombre firmó, el 26 de agosto, la reactivación de la extradición a Estados Unidos de Carmen Evelio Castillo Carrillo, alias Muñeca, y priorizó la captura de su hermano Fredy, alias Pinocho, ambos herederos directos del viejo bloque de Hernán Giraldo. Muñeca tiene su extradición firmada y sigue en Colombia. Pinocho, que llegó a ser negociador del gobierno anterior durante la llamada paz total y hoy encabeza la estructura tras la muerte de Bendito Menor y de Cholo, sigue prófugo.
Pinocho no es, en ese sentido, un desconocido para el Estado que hoy lo declara objetivo prioritario. Durante el gobierno de Petro fue interlocutor reconocido en los acercamientos de paz total con las estructuras herederas de las AUC, estatus que perdió cuando De la Espriella rompió esas negociaciones al asumir. Días antes de que su abogado hablara de sometimiento, la Policía capturó a su pareja, identificada como alias La Mona, en un operativo que el propio abogado citó como parte del contexto que empuja a Pinocho a negociar. Primero la pareja capturada, luego el abogado hablando de rendición, después la organización desmintiendo cualquier negociación, la secuencia repite en miniatura el mismo patrón de avances y desmentidos que ya había marcado la muerte de Bendito Menor.
El 25 de septiembre, el abogado de Pinocho declaró que su cliente está dispuesto a someterse a la justicia colombiana en cuanto exista una ley de sometimiento que lo permita, y resumió la alternativa con una frase que no necesita adorno.
«No se trata de más bolsas, más operativos o más cadáveres», declaró el 25 de septiembre el abogado de alias Pinocho, al plantear la disposición de su cliente a someterse a la justicia colombiana.
De la Espriella respondió dando una semana a sus ministros de Defensa y de Justicia para lograr esa entrega. Un día después, la propia ACSN salió a desmentir que Pinocho estuviera negociando su rendición con Colombia y con Estados Unidos, y calificó la información de falsa. Entre esas dos versiones, la de un jefe paramilitar dispuesto a entregarse y la de una organización que lo niega, queda exactamente el mismo espacio que separó, tres semanas antes, la primera versión de Semana de la segunda, el que ocupa cualquier hecho que a alguien, en algún momento, le convino no confirmar del todo.
La muerte de Bendito Menor abrió esa negociación sin que nadie la nombrara como tal. Un cadáver de tercer nivel sirvió de portada mientras el verdadero expediente, el de los hombres que sí deciden en la Sierra Nevada, seguía y sigue abierto. De la Espriella construyó su carrera hablando en nombre de esa estructura ante la justicia, la administra ahora desde la presidencia, y el público que celebró un trofeo en Riohacha todavía no sabe si lo que sigue será una extradición o un comunicado más que desmiente lo que la prensa acababa de dar por cierto. El plazo de una semana que el propio presidente se impuso corre para la prensa y para la opinión pública, no para una estructura que lleva tres décadas administrando exactamente ese tipo de plazos…
G.S.
Fuentes
- Revista Raya, “El Bendito Menor fue citado por su propio grupo a la casa donde terminó muerto en Riohacha”
- Semana, versión original redirigida, “Alias Bendito Menor habría sido asesinado por las Autodefensas Conquistadoras”
- Semana, segunda versión, “Tras muerte de Bendito Menor, inteligencia verifica posibles sucesores”
- El Pilón, “ACSN contradice versión de inteligencia sobre la supuesta muerte de alias Bendito Menor”
- El Tiempo, “La jugada de la inteligencia que permitió ubicar a alias Bendito Menor en La Guajira”
- Infobae, “A Bendito Menor y La Bebecita los habrían ejecutado sus propios compañeros”
- El Heraldo, “Bendito Menor, el rostro de las Autodefensas Conquistadoras que cayó vencido en Riohacha”
- Canal 1, “Quien domina la montaña, domina la zona urbana, Lerber Dimas tras el paro en Santa Marta”
- Infobae, “Así quedó la línea de mando de Los Pachenca tras la muerte de alias Cholo y Bendito Menor, Pinocho a la cabeza”
- Pulzo, “Militarización y cierre de Santa Marta, paro armado de las ACSN tras muerte de su segundo comandante”
- El País (Colombia), “Autodefensas de la Sierra Nevada anuncian finalización del paro armado en el Magdalena y La Guajira”
- Infobae, “Abelardo de la Espriella es el nuevo presidente de Colombia para el periodo 2026-2030”
- El Callejero, “Muñeca y Pinocho, uno extraditable, el otro sigue prófugo”
- Infobae, “Quién es alias Pinocho, el nuevo objetivo de De la Espriella tras muerte de Bendito Menor”
- Infobae, “Alias Pinocho, máximo cabecilla de Los Pachenca, podría someterse a la justicia colombiana”
- Infobae, “Las ACSN desmintió los planes de Pinocho para negociar su rendición con Colombia y Estados Unidos”
- Yahoo Noticias / AFP, “De la Espriella da una semana a MinDefensa y MinJusticia para lograr el sometimiento de Pinocho”



