El 27 de septiembre de 2026, el 71 por ciento del electorado suizo rechazó la iniciativa que pretendía fijar por ley una neutralidad calificada de perpetua y armada. Ningún cantón la aprobó. En Berna, el resultado se leyó como un plebiscito a favor de la manera en que el Consejo Federal viene aplicando el principio desde hace años, una neutralidad que se activa cuando conviene y se apaga cuando no conviene. Esa misma discrecionalidad permitió a Suiza sumarse sin demora a las sanciones europeas contra Rusia en 2022 y congelar, en 2026, las autorizaciones de exportación de armamento hacia Estados Unidos. La misma discrecionalidad explica también por qué, mientras el país prohíbe desde hace años la exportación definitiva de material de guerra a Israel, empresas suizas siguieron vendiéndole piezas, máquinas y componentes que terminaron en la maquinaria de un ejército que una comisión de la ONU calificó de genocida. El domingo no zanjó una contradicción, la confirmó con las urnas.
Un plebiscito sin fisuras
Setenta y uno por ciento a nivel nacional, ni un solo cantón a favor. En Ginebra el no llegó al 66,6 por ciento, en Vaud al 73, en Neuchâtel al 75,6, en el Jura al 71,8, en Friburgo al 71,1, en Valais al 67,1, en Berna al 73,4. La magnitud del rechazo no dejó margen para la lectura habitual de una Suiza dividida entre cantones latinos y alemánicos, entre ciudad y campo. Aquí no hubo grieta que explotar.
La iniciativa llevaba la firma de Christoph Blocher, ex consejero federal, presentada por la asociación Pro Suisse con el respaldo de la UDC. Exigía que Suiza no se adhiriera a ninguna alianza militar como la OTAN, que no participara en guerras extranjeras y que no adoptara sanciones económicas o diplomáticas contra un Estado en guerra, salvo obligación expresa de las Naciones Unidas. Formulada así, la propuesta no ampliaba la neutralidad suiza, la congelaba en un molde que le habría impedido hacer exactamente lo que el país hace hoy con Rusia.
Ahí radica lo interesante del resultado. El pueblo suizo no votó por una neutralidad más generosa con las víctimas de una guerra ni por un compromiso mayor con el derecho internacional. Votó por conservar la libertad del Consejo Federal para decidir caso por caso, para sancionar cuando le conviene y para mirar hacia otro lado cuando también le conviene. Blocher, tan presente durante la campaña, no se dejó ver en el encuentro de sus partidarios el domingo en Berna. Fue la tercera derrota electoral del año para la UDC, después del referéndum sobre la radiotelevisión pública y el de la iniciativa demográfica «Suiza a diez millones». Ninguna dolió tanto como esta, porque tocaba el corazón de su identidad política, neutralidad, soberanía, independencia.
Ignazio Cassis, a cargo del Departamento Federal de Asuntos Exteriores, vivió el domingo su primera votación popular como responsable del expediente. Se impuso con holgura, sin apenas resistencia. La coincidencia no carece de ironía. El mismo consejero federal que en 2024 explicó que no era el momento de reconocer a Palestina salió reforzado por un resultado que, mirado con atención, no premia ninguna postura suya sobre Gaza, premia únicamente el statu quo que él mismo administra desde hace años.
La neutralidad que se activa
En febrero de 2022, Suiza rompió con una tradición de cautela y adoptó sin demora las sanciones económicas que la Unión Europea impuso a Rusia tras la invasión de Ucrania. El Consejo Federal defendió entonces que la reprise de esas sanciones no comprometía en nada la neutralidad del país. La velocidad de la decisión contrasta con todo lo que vendría después respecto a Gaza.
En marzo de 2026, Berna volvió a activar el mismo reflejo, esta vez frente a Washington. Según confirma el propio gobierno, desde el 28 de febrero de ese año, en plena escalada del conflicto en Oriente Próximo entre Israel, Estados Unidos e Irán, ninguna solicitud de exportación de material de guerra hacia Estados Unidos fue aprobada ni rechazada. Simplemente se congelaron, invocando la neutralidad, en un gesto visible que ocupó titulares en medio mundo.
El mapa de las exportaciones autorizadas dice más que cualquier discurso oficial. El 86 por ciento del armamento vendido por Suiza en 2025 tuvo como destino Europa, un 10 por ciento las Américas, apenas un 3 por ciento Asia. Alemania encabezó la lista de compradores con 386,4 millones de francos, seguida por Estados Unidos con 94,2 millones y Hungría con 63,4 millones de francos. Ninguno de esos países, ni Alemania ni Estados Unidos ni Hungría, aparece jamás en el debate suizo sobre neutralidad, porque ninguno le plantea a Berna el dilema moral que sí le plantea, desde hace dos años, la palabra Gaza.
Suiza sabe, entonces, detener un flujo de armamento cuando una decisión política visible del Consejo Federal lo exige, de un día para otro. Frente a Gaza, la misma neutralidad se ejerce de otra manera, no como veto político sino como silencio administrativo de quien clasifica un bien como de doble uso en lugar de material de guerra. La diferencia no está en el vocabulario jurídico, que permanece idéntico, sino en quién decide y quién paga el costo político.
Según cifras oficiales de la Secretaría de Estado de Economía, Suiza exportó en 2025 armamento por 948,2 millones de francos, un 43 por ciento más que el año anterior, mientras el propio gobierno confirma que las exportaciones definitivas de material de guerra a Israel no están autorizadas desde hace varios años.
La neutralidad que se calla
La prohibición existe sobre el papel. En la práctica, lo que la ley suiza no autoriza como material de guerra sigue llegando a Israel bajo otro nombre, el de bien de doble uso. Desde el 7 de octubre de 2023, empresas suizas exportaron a Israel más de 24 millones de francos en bienes de esta categoría, con un salto abrupto de apenas 238.000 francos en el último trimestre de 2023 a cerca de 6 millones solo en el primer trimestre de 2024.
Una investigación de RTS reveló los nombres y los montos. Trumpf Schweiz, en los Grisones, vendió al Ministerio de Defensa israelí tres máquinas de corte láser por 1,315 millones de francos. A StarragTornos, en Friburgo, le compraron dos centros de mecanizado de precisión, por 1,43 millones, empresas de defensa israelíes entre las que figura Ricor. Metallux, en el Tesino, suministró quinientos circuitos híbridos a Ricor y circuitos adicionales a Semiconductor Devices Ltd, controlada por Rafael y Elbit. De Turgovia salieron las pinturas de grado militar que Mipa Coatings Schweiz vendió a contratistas de defensa israelíes. Y en Schaffhausen, Georg Fischer suministró válvulas reguladoras de flujo a la refinería de Ashdod y a Israel Chemicals, esta última productora de fósforo blanco. El destino final de buena parte de estos componentes son drones, detectores térmicos y piezas de los blindados Merkava, Namer y Eitan.
Ginebra alberga la sede europea de las Naciones Unidas, el Comité Internacional de la Cruz Roja y la memoria institucional de los convenios que llevan su nombre. Suiza se piensa a sí misma como la sala de espera de la paz mundial, el lugar donde los adversarios más irreconciliables acaban, tarde o temprano, sentados a la misma mesa. Esa imagen convive, sin que nada en el discurso oficial registre la fricción, con máquinas de corte láser fabricadas en los Grisones y válvulas industriales fabricadas en Schaffhausen que terminan en instalaciones israelíes vinculadas a la producción de fósforo blanco.
En 2024, año récord según cifras publicadas por el diario Blick, esos bienes de doble uso sumaron 16,7 millones de francos, de los cuales 500.000 tuvieron un destino exclusivamente militar reconocido como tal. El artículo 6 del Tratado sobre el Comercio de Armas prohíbe autorizar una transferencia cuando el Estado tiene conocimiento de que el material podría usarse para cometer genocidio, crímenes de lesa humanidad o infracciones graves a los Convenios de Ginebra de 1949. Jean-Daniel Ruch, ex embajador suizo, fue más allá en declaraciones al mismo diario, el propio derecho suizo de la neutralidad prohíbe procurar una ventaja comparativa a un país frente a otro en un conflicto armado, lo que convertiría la inacción sostenida no en un simple desliz ético sino en una posible infracción de la norma que Suiza dice defender con tanto celo.
El Banco Nacional Suizo mantenía en 2024 una participación de 29 millones de dólares en Elbit Systems, el principal fabricante de armamento de Israel, según cifras citadas por el diario Blick.
El 9 de septiembre de 2025, el Consejo de los Estados rechazó una moción para reconocer el Estado de Palestina nacida en el Gran Consejo de Ginebra, pese a un fuerte respaldo romando, según relataron Le Courrier y Le Temps. El mismo día cayó, según el primero de esos dos medios, una segunda propuesta del socialista Carlo Sommaruga con medidas económicas concretas, entre ellas poner fin al comercio militar y suspender el acuerdo de libre comercio entre Suiza e Israel, con el udecista Mauro Chiesa y el socialista Daniel Jositsch, este último ya conocido por enfrentarse sistemáticamente a las iniciativas de Sommaruga sobre Israel, a la cabeza de la oposición. Los dos textos siguieron la línea marcada meses antes por el consejero federal Ignazio Cassis, quien había definido el reconocimiento de Palestina, en declaraciones a RTS, como «un instrumento mejor guardado para más adelante». El Consejo de los Estados no lo sabía todavía. Una semana después, el 16 de septiembre de 2025, una comisión de investigación de la ONU concluyó formalmente que Israel había cometido y seguía cometiendo genocidio contra la población palestina de Gaza.
Ese calendario resume mejor que cualquier análisis lo que separa la política de la evidencia. La política decide primero, según equilibrios internos. La evidencia, cuando llega, ya no tiene ante quién presentarse.
Suiza tampoco reconoce a Palestina como Estado. En septiembre de 2025, Francia, Bélgica, el Reino Unido, Canadá, Australia, Portugal y otros países reconocieron formalmente el Estado palestino, llevando a unos ciento cincuenta y ocho el número de miembros de la ONU que lo hacen. Suiza no estuvo entre ellos. El Departamento Federal de Asuntos Exteriores sigue condicionando ese reconocimiento a una paz duradera basada en la solución de dos Estados y a medidas concretas de aplicación todavía por definir, según explicó a swissinfo la embajadora Monika Schmutz Kirgöz. Cassis lo había resumido antes con una frase que hizo carrera, no era el momento. Suiza rechaza explícitamente usar el reconocimiento como palanca de presión sobre Israel y prefiere reivindicar su papel de mediador desde Ginebra, aunque el 57 por ciento de la opinión pública suiza respalda ese reconocimiento que el gobierno sigue posponiendo.
El negocio que la neutralidad no quiere perder
El 29 de noviembre de 2026, apenas dos meses después del plebiscito sobre la neutralidad, los suizos volverán a las urnas para votar la ley que el Consejo de los Estados aprobó el 11 de junio de 2025, por 31 votos contra 11, para facilitar las exportaciones de material de guerra. El texto autoriza por anticipado la venta a veinticinco países, diecisiete de la Unión Europea más Estados Unidos, Canadá, Australia, Japón, Nueva Zelanda y Argentina, y solo permite negar una exportación a ese bloque en circunstancias excepcionales. Esos mismos veinticinco países podrán además reexportar material suizo a terceros sin pedir autorización adicional. El Parlamento defendió la reforma alegando que, sin ella, Alemania, los Países Bajos y Dinamarca dejarían de comprarle a la industria suiza. El Grupo para una Suiza sin Ejército, que ya en junio de 2025 anunció que impugnaría la ley por referéndum, sostiene que facilitar esas exportaciones equivale a blanquear, con la bandera de la neutralidad, un negocio que ya no tiene nada de neutral.
Ese mismo gobierno que invoca el derecho internacional para justificar por qué no puede vender armas a Israel se dispone a pedirle a su propio pueblo permiso para vender más armas, más rápido, a casi todos los demás. La neutralidad suiza no es un principio que se aplica o se traiciona, es un instrumento que se activa según a quién beneficie el silencio y a quién beneficie el ruido. El 29 de noviembre, cuando el país vuelva a votar sobre su propio comercio de armamento, sabrá si prefiere seguir llamando principio a lo que, mirado de cerca, siempre fue cálculo…
G.S.
Fuentes
- Exportation de matériel de guerre en 2025
- Les Suisses rejettent l’initiative sur la neutralité à 71%
- Neutralité suisse, une claque, un plébiscite et une clarification qui tombe à point
- La Suisse prend les mêmes sanctions que l’UE contre la Russie
- Switzerland halts new arms exports to America
- Des entreprises suisses ont maintenu le soutien à l’effort de guerre israélien à Gaza malgré les critiques
- La Suisse dans l’illégalité, ces 10 pays livrent des armes à Israël
- Berne enterre Gaza
- Le Conseil des Etats refuse de reconnaître la Palestine « en l’état actuel », malgré un fort soutien romand
- Israel has committed genocide in the Gaza Strip, UN Commission finds
- Pourquoi la Suisse ne reconnaît pas la Palestine en tant qu’État
- La France et plusieurs autres pays occidentaux reconnaissent l’État de Palestine à l’ONU
- Principaux points du Traité sur le commerce des armes
- Le Conseil des Etats veut faciliter l’exportation d’armes
- Le peuple suisse votera sur la loi assouplie en matière d’exportation de matériel de guerre



