AÑO II  ·  No. 624  ·  DOMINGO 30 DE AGOSTO DE 2026

GINEBRA --:--  ·  BOGOTÁ --:--  ·  ACIDREPORT v4.0
AcidReport
SERIE DOCUMENTAL
«EL ESTADO DEL CRIMEN»

Historia del Sionismo

EP05 – 1948, la Nakba y el nacimiento de Israel

El 29 de noviembre de 1947, treinta y tres votos bastaron para repartir un territorio que ninguno de sus habitantes árabes había pedido dividir. Seis meses después, más de setecientas mil personas habían dejado sus casas, y el ejército que las había hecho salir por las armas terminó atribuyendo la fuga a un llamado de sus propios líderes. El documento que probaba lo contrario existió desde junio de ese año. El Estado que lo produjo lo ocultó durante más de tres décadas, lo dejó reaparecer un instante, y volvió a esconderlo. Esta es la historia de esa doble ocultación, no solo de la guerra que la volvió necesaria.

El reparto que nadie aceptó

La Asamblea General de la ONU votó la Resolución 181 el 29 de noviembre de 1947. Treinta y tres votos a favor, trece en contra, diez abstenciones. El plan asignaba el 56,47% del territorio de la Palestina bajo mandato británico a un futuro Estado judío y el 42,88% a un Estado árabe, con Jerusalén y sus alrededores bajo régimen internacional separado. La población árabe era mayoritaria en el territorio completo y poseía, según los levantamientos catastrales del mandato británico, cerca del 93% de la tierra cultivable. Recibió, aun así, menos de la mitad del territorio total.

El rechazo árabe fue unánime.

El Alto Comité Árabe, la Liga Árabe y los gobiernos de la región lo consideraron una violación del principio de autodeterminación consagrado en la propia Carta de la ONU, dado que la población árabe era mayoría demográfica y propietaria de la mayor parte de la tierra. Del lado judío, la aceptación pública ocultó una división interna que la historiografía documenta con cierto detalle. Ben Gurión, según recogen tanto Morris como Pappé en sus respectivos trabajos, entendía el reparto como una etapa provisional, no como un techo definitivo para las fronteras del futuro Estado. Grupos revisionistas como el Irgún, por su parte, rechazaron la partición en bloque, no por exceso sino por defecto, la consideraban insuficiente frente a la totalidad del territorio bajo mandato. Nadie, en ninguno de los dos bandos, aceptó el mapa de 1947 como frontera final, y esa doble reserva, judía y árabe, explica en parte por qué la guerra llegó antes que la paz.

La guerra civil empezó antes de que existiera un Estado que la librara. Entre diciembre de 1947 y mayo de 1948, milicias judías y grupos árabes locales combatieron por el control de rutas, barrios y aldeas mixtas, mientras las potencias mandatarias se retiraban sin garantizar transición alguna. Israel declaró su independencia el 14 de mayo de 1948. Al día siguiente, Egipto, Jordania, Siria, Líbano e Irak invadieron. Cuando terminó la guerra, en 1949, Israel controlaba el 78% del territorio de la antigua Palestina bajo mandato, muy por encima del 56% asignado por la ONU. Gaza quedó bajo administración egipcia. Cisjordania fue anexada por Transjordania al año siguiente. La ONU respondió a la magnitud del desplazamiento creando, en diciembre de 1949, un organismo pensado como provisional y todavía activo setenta y siete años después, la UNRWA, encargada de asistir a una población de refugiados cuyo número exacto el propio Estado que lo produjo tardaría décadas en admitir.

El documento que el Estado escondió dos veces

Casi ochenta años después, el debate sobre lo ocurrido entre esos dos extremos sigue abierto, y no por falta de pruebas.

El 30 de junio de 1948, el servicio de inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel, heredero del aparato de inteligencia de la Haganá disuelta semanas antes, redactó un informe interno titulado Migration of Eretz Yisrael Arabs between December 1, 1947, and June 1, 1948. El documento atribuía cerca del 70% del éxodo árabe a operaciones militares judías, con un 55% imputado directamente a la Haganá y el resto a las milicias del Irgún y el Lehi, contra apenas un 5% atribuido a llamados de dirigentes árabes a evacuar. Esa última cifra es precisamente la que sostuvo, durante décadas, el relato oficial israelí sobre una fuga voluntaria inducida desde afuera.

Según el informe de inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel del 30 de junio de 1948, cerca del 70% del éxodo árabe entre diciembre de 1947 y junio de 1948 fue causado por operaciones militares judías, contra apenas un 5% atribuido a llamados de dirigentes árabes a la evacuación (Akevot Institute, republicación íntegra del documento, 2021).

El historiador Benny Morris localizó el documento en 1986 en el archivo del Hashomer Hatzair y publicó su análisis en la revista Middle Eastern Studies, dato que hasta el momento de esta publicación proviene de fuentes secundarias sobre Morris, no de una verificación directa de la revista. Lo que ocurrió después es lo que convierte este documento en algo más que una pieza historiográfica. Tras la publicación de Morris, las autoridades israelíes retiraron el informe del acceso público. El archivista jefe del Estado, y luego la Dirección de Seguridad del Establecimiento de Defensa, bloquearon su consulta durante más de treinta años. Recién en 2021, investigadores del instituto israelí Akevot hallaron un segundo ejemplar en el mismo archivo y lo publicaron íntegro, como parte de un informe cuyo título no deja margen a la ambigüedad, SILENCING.

Deir Yassin y el plan Dalet a la luz del documento

El informe de las Fuerzas de Defensa de Israel no describe hechos abstractos. Describe, entre otros episodios, lo ocurrido en Deir Yassin.

El 9 de abril de 1948, combatientes del Irgún y el Lehi atacaron esa aldea árabe cercana a Jerusalén, que había firmado un pacto de no agresión con sus vecinos judíos. Las cifras de muertos varían según la fuente, entre 93 y 140, con un rango más citado de alrededor de cien a ciento diez, en su mayoría mujeres, niños y ancianos. Algunos historiadores israelíes, como Uri Milstein, han cuestionado que el episodio merezca la calificación de masacre. Lo que casi ningún historiador discute es su efecto. La noticia de Deir Yassin se propagó como advertencia y aceleró de forma comprobable el abandono de otras aldeas en las semanas siguientes, un patrón que el propio informe de las Fuerzas de Defensa de Israel documenta como parte estructural, no incidental, del desplazamiento.

Ese patrón tiene nombre operativo, el plan Dalet, elaborado desde 1946 y activado a comienzos de 1948. La historiografía se divide sobre su naturaleza. Para Benny Morris, fue un plan militar defensivo que derivó en la práctica hacia el desplazamiento de poblaciones cuando encontraba resistencia armada. Para Ilan Pappé, fue directamente el plan maestro de una expulsión decidida de antemano. Hacia mayo de 1948, el gobierno de Ben Gurión ya había convertido el desplazamiento de población árabe en zonas específicas en prioridad declarada, según la lectura que hace de los archivos militares el historiador Yoav Gelber, tesis que ni Morris ni Pappé contradicen en sus respectivos trabajos, aunque cada uno la formula en términos distintos. Sobre el número de localidades despobladas tampoco hay consenso, Morris documenta 369, Walid Khalidi 418, Salman Abu Sitta 531, diferencias que reflejan metodologías distintas de conteo más que desacuerdos sobre si el despoblamiento ocurrió.

El archivista que lo reconoció

La ocultación del informe de junio de 1948 no fue un episodio aislado.

En 2018, el propio archivista jefe del Estado de Israel reconoció públicamente que las decisiones sobre qué desclasificar responden, en parte, a la voluntad de ocultar fragmentos de la verdad histórica, en particular todo aquello que pudiera leerse como crímenes de guerra israelíes. La confesión no quedó como declaración aislada. Una investigación de 1961, encargada por el propio Ben Gurión para demostrar que los palestinos habían partido por voluntad propia, permanece clasificada hasta hoy bajo el expediente 618/922/1975, cifra que proviene de una sola fuente periodística y que este texto no pudo confirmar de forma independiente. En 2017, la entonces ministra de Justicia, Ayelet Shaked, justificó mantener ese estudio bajo reserva invocando un riesgo para la seguridad del Estado, sesenta años después de los hechos que documenta.

El archivista jefe del Estado de Israel reconoció en 2018 que los criterios de desclasificación de documentos de 1948 responden, en parte, a un intento de ocultar parte de la verdad histórica, especialmente lo que pudiera interpretarse como crímenes de guerra (recogido por MERIP, 2019).

El patrón se repite en otras instituciones. El Shin Bet, el servicio de seguridad interna, litigó desde 2009 para integrar sus archivos al sistema estatal y desde entonces ha rechazado toda solicitud de desclasificación presentada en su contra, incluida una demanda del historiador Shay Hazkani ante los tribunales. Según la investigación de Hazkani, cerca de un tercio de los documentos desclasificados en la década de 1980, precisamente el período que permitió el trabajo de Morris y de otros historiadores revisionistas, fueron reclasificados a partir de finales de los años noventa, coincidiendo con la digitalización de los archivos. Lo que se abrió una vez, con la generación de historiadores que rompió el relato oficial, volvió a cerrarse cuando ese relato empezó a producir consecuencias políticas.

Bernadotte, la misma arquitectura aplicada a un hombre

Lo que el Estado hizo con un documento, lo había hecho meses antes con un ser humano.

El conde sueco Folke Bernadotte fue nombrado mediador de la ONU para Palestina tras la declaración de independencia israelí. Negoció una tregua entre junio y julio de 1948 y presentó, en septiembre, un plan que redistribuía territorio y remitía el futuro del sector árabe a un arreglo con Transjordania. El 17 de septiembre de 1948, cuatro miembros del Lehi vestidos con uniformes del ejército israelí emboscaron su convoy en el barrio jerosolimitano de Katamón. Yehoshua Cohen le disparó seis tiros al pecho y la garganta. El coronel francés André Serot, sentado a su lado, recibió dieciocho disparos y también murió.

La decisión de asesinarlo fue aprobada por la dirección tripartita del Lehi, entre ellos Yitzhak Yezernitsky, conocido después como Yitzhak Shamir. La investigación policial y militar israelí no identificó oficialmente a los responsables. Dos miembros del Lehi fueron procesados por pertenencia a organización terrorista, declarados culpables, e indultados de inmediato. El papel de Yehoshua Cohen solo se conoció años más tarde, cuando el plazo de prescripción ya había vencido, en 1971. Dos jefes operativos confesaron públicamente su participación recién en 1988, dos años después de la muerte de Cohen. Shamir, quien había aprobado el asesinato de un mediador de Naciones Unidas, llegó a ser primer ministro de Israel en dos ocasiones, entre 1983 y 1984, y entre 1986 y 1992, sin que ese episodio fuera jamás objeto de una investigación formal en su contra.

Cierre

Tres capas distintas de impunidad sostienen, en última instancia, la misma arquitectura. Factual la primera, un Estado que produjo la prueba documental de sus propias operaciones, la mantuvo bajo llave durante treinta y cinco años, y volvió a cerrar el archivo apenas ese material empezó a incomodar. Política la segunda, un hombre que ordenó el asesinato de un mediador de la ONU y terminó gobernando el país que lo había protegido. Jurídica la tercera, y esta sigue vigente hoy.

Diciembre de 1948 reconoció, mediante la Resolución 194, el derecho de los refugiados palestinos a regresar a sus hogares o a recibir compensación, derecho reafirmado por la Asamblea General todos los años desde entonces sin que se haya aplicado una sola vez en ocho décadas. 1950 garantizó, en cambio, a cualquier persona judía del mundo el derecho inmediato a instalarse en Israel, sin condición de origen ni de vínculo previo con el territorio. Dos años de diferencia entre ambas normas, y una asimetría que ochenta años después sigue exactamente en pie. El mapa de 1947 nunca fue la frontera final. Tampoco lo fue el silencio construido alrededor de cómo se trazó la que vino después…

G.S.

Fuentes

Gabriel Schwarb

SOBRE EL AUTOR

Gabriel Schwarb

Gabriel Schwarb es el director fundador y editor en jefe de AcidReport, escritor suizo-colombiano con más de tres décadas de práctica profesional en dirección artística, desarrollo web y periodismo de investigación. El medio funciona como una asociación sin fines de lucro, regulada por el artículo 60 del Código Civil suizo, sin afiliación política, sin publicidad y sin financiación externa. Publica en español, francés e inglés, y cubre América Latina y Europa en espejo, explicando cada continente al otro.

Lo fundó convencido de que la victoria de Iván Duque sobre Gustavo Petro en 2018 no había sido limpia, una sospecha que el escándalo Ñeñe Hernández vino a reforzar, y de que la Colombia real no encontraba espacio en sus propios medios. Nacido como un puente informativo entre Colombia y Europa, el proyecto se amplió después a toda América Latina, y es leído hoy en el mundo entero. Su método combina verificación estricta de fuentes, trabajo de archivo y revisión pública de errores. No publica para agradar. Publica para responder.

Ver todos los artículos →

Deja un comentario