Once años separan el desembarco israelí en el Sinaí de 1956 del bombardeo aéreo que abre, en junio de 1967, la guerra que multiplicaría varias veces el territorio bajo control de Israel. Otros diez separan esa segunda guerra de la tercera, la de octubre de 1973, la única que Israel no ganó de forma clara sobre el terreno y la única, también, que terminó por costarle el poder a la coalición que gobernaba desde la fundación del Estado. Entre esas tres guerras no hay una línea recta. Hay un aprendizaje forzado en 1956, una expansión territorial que nadie negoció en 1967, y un desgaste político que ninguna victoria militar posterior logró compensar del todo. El resultado, cuatro años después de la última guerra, fue la primera derrota electoral de la izquierda sionista desde 1948, y la llegada al poder de un partido que reivindicaba abiertamente la doctrina que este mismo espacio analizó en el episodio anterior, el Muro de Hierro de Vladimir Jabotinsky. Nadie en 1956 podía prever esa cadena de acontecimientos. Tampoco hacía falta que la previeran, para que ocurriera igual.
Suez 1956, el fracaso que enseña los límites de la fuerza sin garante
El 26 de julio de 1956, el presidente egipcio Gamal Abdel Nasser nacionalizó el Canal de Suez, hasta entonces controlado por accionistas franceses y británicos a través de la Suez Canal Company. La respuesta no fue diplomática. Fue secreta, y se firmó en una villa a las afueras de París.
Entre el 22 y el 24 de octubre de 1956, el primer ministro israelí David Ben Gurion, el canciller francés Christian Pineau y el subsecretario de Estado británico Patrick Dean redactaron en Sèvres un protocolo que ninguno de los tres gobiernos reconocería en público durante años. El plan era simple en su diseño y sórdido en su ejecución. Israel atacaría el Sinaí el 29 de octubre y llegaría al canal al día siguiente. Francia y el Reino Unido lanzarían entonces un ultimátum a ambos bandos exigiendo un alto el fuego y una retirada de diez millas a cada lado del canal, previendo el rechazo egipcio, que les daría el pretexto para ocupar la zona ellos mismos.
El plan se ejecutó casi al pie de la letra. Israel invadió el Sinaí el 29 de octubre. Francia y el Reino Unido bombardearon aeródromos egipcios el 31 y desembarcaron tropas en Port Said el 5 de noviembre.
Lo que el protocolo de Sèvres no previó fue la reacción de las dos potencias que, en 1956, ya decidían el destino de cualquier guerra regional. Washington, que no había sido informado del plan, presionó financieramente para forzar una retirada británica. Moscú amenazó, en paralelo, con una intervención militar directa contra Londres y París, amenaza que la historiografía considera más retórica que operativa, pero que cumplió su función política de todos modos. Francia y el Reino Unido se retiraron en diciembre. Israel, más lento y más reticente, no completó su repliegue del Sinaí hasta marzo de 1957, bajo la garantía de una fuerza de emergencia de Naciones Unidas desplegada en la frontera con Egipto.
La lección que Israel extrajo de 1956 no fue que la fuerza no sirviera, sino que la fuerza, sin el respaldo incondicional de una potencia dispuesta a proteger sus resultados sobre el terreno, se revertía tan rápido como se conquistaba. Once años después, esa lección tendría otra aplicación.
1967, seis días que multiplican el territorio y entierran al nacer el trueque de tierra por paz
La primavera de 1967 trajo una escalada que ninguna de las partes controló del todo. Egipto movilizó tropas en el Sinaí, exigió y obtuvo la retirada de la fuerza de emergencia de la ONU, y el 22 de mayo cerró el estrecho de Tirán a la navegación israelí, acto que Israel calificaba de casus belli. Jordania firmó un pacto de defensa mutua con Egipto días después. Siria, que ya intercambiaba fuego de artillería con Israel desde abril, completaba un cerco que Israel interpretó como preludio de guerra.
Israel decidió no esperar. El 5 de junio, la fuerza aérea israelí lanzó la Operación Foco contra los aeródromos egipcios, y destruyó en horas cerca del noventa por ciento de la aviación de combate de Egipto.
Lo que siguió fue menos una guerra que una redistribución del mapa. En seis días, del 5 al 10 de junio, Israel ocupó la península del Sinaí y la Franja de Gaza, arrebatadas a Egipto, Cisjordania y Jerusalén Este, arrebatadas a Jordania, y los Altos del Golán, arrebatados a Siria en los dos últimos días de la ofensiva. Las cifras de víctimas rondan los veinte mil muertos árabes contra ochocientos israelíes en ciento treinta y dos horas de combate. El territorio bajo control israelí se multiplicó varias veces respecto al 4 de junio. Ninguno de esos territorios, salvo el Sinaí una década después, sería devuelto por la vía que la ONU proponía apenas cinco meses más tarde.
Afirma que el cumplimiento de los principios de la Carta exige el establecimiento de una paz justa y duradera en el Oriente Medio, la cual debería incluir la aplicación de los dos principios siguientes, i) Retiro de las fuerzas armadas israelíes de los territorios que ocuparon durante el reciente conflicto, ii) Terminación de toda reclamación o estado de beligerancia. (Resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU, 22 de noviembre de 1967)
La resolución 242, aprobada por unanimidad el 22 de noviembre de 1967, contenía desde su redacción una ambigüedad deliberada que nunca se resolvió. La versión en inglés exige el retiro de fuerzas israelíes “de territorios ocupados en el conflicto reciente”, sin artículo definido. La versión en francés, igualmente vinculante en la ONU, habla de “los territorios ocupados”, con artículo, lo que implicaría la totalidad. Israel se acogió siempre a la lectura inglesa. El resto de las partes, casi siempre a la francesa. La fórmula de tierra por paz nació, así, políticamente muerta, un texto que todos podían citar y nadie estaba obligado a cumplir de la misma manera.
Los territorios ocupados en junio de 1967 no volverían a discutirse en esos términos durante casi una década. La siguiente guerra no los recuperaría. Los volvería, en cambio, aún más difíciles de resolver.
1973, el trauma del Kipur y la ficción de la infalibilidad laborista
El 6 de octubre de 1973, coincidiendo con el Yom Kipur, el día más sagrado del calendario judío, y con el décimo día del Ramadán, Egipto y Siria lanzaron un ataque coordinado que la inteligencia israelí no supo, o no quiso, anticipar. Egipto cruzó el canal de Suez en doce oleadas bajo un bombardeo de artillería de cincuenta y tres minutos contra la línea Bar Lev. El jefe del Mosad, Zvi Zamir, había recibido once advertencias distintas durante septiembre, incluida una directa del rey Hussein de Jordania el 25 de ese mes. Su conclusión, documentada después, fue que los ejércitos árabes simplemente no eran capaces de una guerra semejante.
Israel resistió los primeros embates, contuvo el avance sirio en el Golán entre el 8 y el 14 de octubre, y bajo el mando de Ariel Sharon estableció una cabeza de puente al otro lado del canal que terminó cercando al Tercer Ejército egipcio. El 22 de octubre, la resolución 338 del Consejo de Seguridad exigió un alto el fuego inmediato. Israel siguió combatiendo tres días más pese al mandato de la ONU. Cuando la guerra terminó de verdad, el 25 de octubre, Egipto conservaba mil doscientos kilómetros cuadrados en la orilla oriental del canal, Israel mil seiscientos en la occidental, y quinientos más dentro de territorio sirio en el Golán. Las bajas árabes oscilan entre ocho mil y dieciocho mil quinientas, las israelíes entre dos mil quinientas y dos mil ochocientas.
Israel ganó la guerra en el mapa. La perdió en otro terreno, uno que ninguna victoria militar podía restaurar por sí sola.
La comisión Agranat, encargada de investigar el fracaso de inteligencia que permitió el ataque sorpresa, entregó su informe preliminar en abril de 1974. Recomendó la destitución del jefe del Estado Mayor, David Elazar, y del jefe de inteligencia militar, Eli Zeira, junto con otros oficiales de rango medio. Exoneró, en cambio, a la conducción política, es decir, a la propia primera ministra Golda Meir y a su ministro de Defensa, Moshe Dayan. La prensa israelí de la época habló de una discriminación evidente entre mandos militares y mandos civiles, un chivo expiatorio uniformado que protegía a quienes habían tomado las decisiones políticas de fondo. Golda Meir aceptó la renuncia de Elazar “con el corazón apesadumbrado”, según sus propias palabras. Ella misma renunciaría semanas después, sin que ningún informe formal la hubiera responsabilizado de nada.
Entre quienes exigieron públicamente la renuncia de todo el gabinete tras el informe Agranat estaba Menachem Begin, entonces líder de la oposición y heredero declarado del revisionismo de Jabotinsky. Begin no gobernaba. Podía permitirse exigir cuentas. Tres años después, sería él quien las cobrara en las urnas.
1977, cuando el escándalo, el resentimiento mizrají y la herencia de Jabotinsky convergen
El 15 de marzo de 1977, el periodista Dan Margalit, del diario Haaretz, publicó que Yitzhak Rabin, primer ministro desde 1974 y sucesor de Golda Meir, mantenía junto a su esposa Leah una cuenta bancaria en dólares en Washington, ilegal para un ciudadano israelí salvo excepciones. La cuenta, abierta durante los años en que Rabin fue embajador en Estados Unidos, nunca se había cerrado. El 8 de abril, tras confirmarse la existencia de una segunda cuenta, Rabin se retiró de la candidatura del Partido Laborista. Shimon Peres asumió su lugar apenas semanas antes de una elección que el partido llegaba debilitado a disputar. Leah Rabin fue multada con doscientas cincuenta mil liras israelíes. A su esposo, las autoridades le atribuyeron un rol pasivo y una sanción administrativa menor.
El escándalo aceleró una caída que otro proceso, más lento y de raíz más profunda, ya venía preparando desde los años cincuenta. Los judíos mizrajíes, provenientes del mundo árabe y musulmán, constituían para entonces la mayoría numérica de la población judía de Israel, pero seguían relegados en vivienda, educación y representación política por un establishment laborista de mayoría asquenazí que los recibió, tras 1948, en campos de tránsito y ciudades de desarrollo periféricas. Un fundador de los Panteras Negras israelíes, movimiento mizrají de protesta, describiría esas condiciones con una frase que la prensa de la época citó de forma recurrente, diez personas viviendo en un mismo cuarto, aguas negras corriendo por el centro de las calles. El Likud de Begin, a diferencia del aparato laborista, cortejó ese electorado. Los resultados del 17 de mayo de 1977 confirmaron que la apuesta había funcionado.
El Likud obtuvo el 33,41 por ciento de los votos y cuarenta y tres escaños, cuatro más que en la elección anterior. El Alineamiento laborista cayó al 24,60 por ciento y treinta y dos escaños, diecinueve menos. La participación fue del 79,23 por ciento. (Resultados oficiales de la elección legislativa israelí del 17 de mayo de 1977)
El presentador de televisión Jaím Yavin anunció los resultados con una sola palabra hebrea que quedó en la memoria israelí, mahapaj, vuelco. Era la primera vez, desde la fundación del Estado en 1948, que el bloque laborista y sus antecesores perdían el gobierno.
Begin formó gobierno el 20 de junio de 1977, cincuenta y cuatro años después de que Jabotinsky rompiera con la dirigencia sionista mayoritaria por defender que solo la fuerza organizada garantizaría un Estado judío frente a una población árabe que ningún beneficio material convencería de aceptarlo. Ninguna de las tres guerras que llevan de Basilea a 1977 fue diseñada para producir ese resultado electoral. Suez enseñó los límites de la fuerza sin garante. Los Seis Días entregaron un territorio que la resolución 242 nunca logró negociar de regreso. El Kipur destruyó, sin que ningún tribunal lo dictaminara así, la reputación de infalibilidad que había sostenido al laborismo durante tres décadas. Lo que faltaba, un escándalo bancario y un electorado mizrají cansado de esperar, lo aportaron un periodista y treinta años de política de vivienda mal resuelta. El resultado fue el mismo hombre que Golda Meir había tenido que soportar como acusador desde la oposición, ahora en su despacho, gobernando según una doctrina escrita en 1923 por alguien que murió sin ver esta victoria que la corriente derrotada en Basilea seguía sin reconocer como propia…
G.S.
Fuentes
- Resolución 242, Consejo de Seguridad de la ONU, 22 de noviembre de 1967 (texto oficial)
- Resolución 338, Consejo de Seguridad de la ONU, 22 de octubre de 1973 (texto oficial)
- Protocolo de Sèvres, Encyclopedia.com
- Suez Crisis, Encyclopaedia Britannica
- Six-Day War, History.com
- Yom Kippur War, Wikipedia
- Nation Stunned by Agranat Committee Report, Jewish Telegraphic Agency, 4 de abril de 1974
- Golda Meir’s Government and the Agranat Report, April 1974, Israel State Archives
- Dollar Account affair, Wikipedia
- 1977 Israeli legislative election, Wikipedia
- The Mizrahi-Ashkenazi Divide, Israel’s Divides Explained



