AÑO II  ·  No. 591  ·  JUEVES 23 DE JULIO DE 2026

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INVESTIGACIÓNCENSURA

Diecisiete muertos y treinta y siete mil quinientos millones después, Washington no explica esta guerra

El 28 de febrero de 2026, Israel y Estados Unidos lanzaron sobre Irán la ofensiva más grande que Washington ha desplegado contra un solo país en dos décadas, un despliegue de portaaviones, cazas y decenas de miles de soldados sin precedente desde el inicio del siglo. La operación mató al líder supremo Ali Jamenei esa misma noche, un objetivo que ningún otro gobierno estadounidense había alcanzado en generaciones de hostilidad con Teherán. Casi cinco meses después, su hijo Mojtaba gobierna desde una convalecencia discreta, la guerra continúa, y el estrecho de Ormuz permanece bloqueado por una marina iraní que Washington declaró destruida meses atrás. El secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, reconoció el 21 de julio ante el Senado que el conflicto cuesta ya 37.500 millones de dólares, una cifra que analistas independientes consideran subestimada en al menos el triple. Diecisiete soldados estadounidenses han muerto desde que empezó la guerra, un número que crece cada semana sin que exista, cinco meses después, un objetivo político declarado que explique por qué.

La guerra que nadie decidió terminar

La secuencia parecía cerrada en junio del año pasado. Bombarderos furtivos estadounidenses atacaron los sitios nucleares de Fordo, Natanz e Ispahán, y Donald Trump declaró en cadena nacional que Estados Unidos había destruido por completo el programa atómico iraní. Once meses más tarde, el 28 de febrero, Israel y Estados Unidos volvieron a atacar, esta vez con la operación bautizada Fureur épique, y esa segunda ofensiva terminó con la muerte de Jamenei, el hecho más significativo del conflicto y también el que menos ha servido para definir qué sigue.

Un cese al fuego firmado en Versalles el 8 de abril nunca funcionó de verdad. El investigador Adel Bakawan, director del Instituto Europeo de Estudios sobre Oriente Medio, lo resumió sin rodeos, las dos partes firmaron catorce veces el mismo documento y cada vez lo leyeron de manera opuesta. El 7 de julio las bombas volvieron a caer sobre Irán, y desde entonces el estrecho de Ormuz permanece cerrado por Teherán, que hunde petroleros y dispara contra buques comerciales pese a que Washington aseguró meses atrás haber aniquilado su capacidad naval. Analistas citados por la prensa canadiense describieron esta segunda fase con una frase que podría figurar como epitafio de toda la campaña, tiene un nuevo objetivo pero no necesariamente una estrategia más clara.

Nadie en Washington ha dicho, en cinco meses, qué significaría ganar esta guerra.

Las funerales de Jamenei, celebradas entre el 4 y el 9 de julio en Teherán y Mashhad, dieron una medida involuntaria de esa continuidad. Hasta 35 millones de personas participaron, según cifras oficiales iraníes, en un cortejo de seis días que atravesó cinco ciudades entre Irán e Irak antes del entierro en el mausoleo del imam Reza. Mojtaba Jamenei, designado sucesor por la Asamblea de Expertos apenas ocho días después de la muerte de su padre, no asistió a buena parte de las ceremonias. Los analistas atribuyeron su ausencia a razones de seguridad y a las heridas sufridas en el mismo ataque que mató a su padre, un dato que circuló en varios medios pero que Teherán nunca confirmó oficialmente. La imagen que Washington necesitaba, un régimen decapitado y desorientado, nunca llegó a formarse. Lo que se vio en cambio fue un aparato estatal capaz de organizar, en plena guerra, una movilización de masas y una sucesión ordenada en menos de dos semanas.

Las cuentas que no cuadran

El 21 de julio, ante una comisión del Senado visiblemente escéptica, Hegseth ofreció la cifra oficial, 37.500 millones de dólares, un salto de casi el 30% respecto a la estimación de mayo, que era de 29.000 millones. La senadora demócrata Jeanne Shaheen le recordó que el Pentágono todavía dispone de 75.000 millones sin ejecutar de un paquete presupuestario anterior, dinero que Hegseth pretende sumar a una solicitud adicional de 67.000 millones que calificó de urgente. El analista Stephen Semler, de Popular Information, descompuso el gasto real en tres categorías separadas y llegó a una cifra que supera los 102.000 millones, casi el triple de lo reconocido en la audiencia. El CSIS, un centro de estudios estratégicos con acceso directo a fuentes del Pentágono, sitúa el piso en 40.000 millones sin contar las pérdidas económicas indirectas, que el economista Kent Smetters calcula entre 50.000 y 210.000 millones adicionales solo para Estados Unidos.

La disparidad no es un desacuerdo técnico entre economistas. Es la prueba, número por número, de que ni el propio gobierno estadounidense sabe, o quiere decir, cuánto cuesta esta guerra.

El costo oficial de la guerra en Irán, declarado por el secretario de Defensa estadounidense ante el Senado el 21 de julio de 2026, es de 37.500 millones de dólares. Analistas independientes de Popular Information lo calculan en más de 102.000 millones.

Existe además una cifra más antigua, documentada desde la guerra de Afganistán bajo la administración Obama, que rara vez entra en los balances oficiales actuales. Mantener a un soldado desplegado en un teatro de operaciones activo costaba entonces, en promedio, un millón de dólares al año. Sin que exista una cifra equivalente publicada para el dispositivo actual en el Golfo, ese precedente basta para sugerir que buena parte del salto de 29.000 a 37.500 millones reconocido por Hegseth tiene una explicación estructural simple, más soldados desplegados durante más tiempo.

La audiencia del 21 de julio no ocurrió en el vacío. A seis meses de las elecciones legislativas de mitad de mandato, con republicanos y demócratas peleando por el control del Congreso, las encuestas dan ventaja a la oposición, que ha empezado a vincular abiertamente el costo de la guerra con el deterioro del poder adquisitivo de los votantes estadounidenses. El senador republicano John Kennedy, del propio bloque de Trump, llegó a exigir ante Hegseth respuestas claras sobre qué pasaría si Washington simplemente abandonara el estrecho de Ormuz a su suerte. Que la pregunta viniera de un aliado político del presidente, y no de la oposición, dice más sobre el estado real de la guerra que cualquier cifra del Pentágono.

Lo que Washington no quiere que se vea

El 6 de mayo, el Washington Post publicó una investigación basada en el análisis de imágenes satelitales, con una conclusión incómoda para el Pentágono. Al menos 228 estructuras o piezas de equipo militar estadounidense resultaron dañadas o destruidas en 15 bases repartidas por Kuwait, Baréin, Catar, Jordania, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, una cifra muy superior a la reconocida públicamente por el gobierno. El diario revisó más de cien imágenes publicadas por medios estatales iraníes y verificó la autenticidad de 109 de ellas cruzándolas con el sistema europeo Copernicus y con imágenes comerciales de la empresa Planet.

Lo que el Post documentó después resulta más revelador que el propio conteo de daños. Dos proveedores estadounidenses de imágenes satelitales, Vantor y Planet, restringieron o retrasaron la publicación de fotografías de la zona de guerra a solicitud directa del gobierno de Estados Unidos, su cliente principal. La consecuencia práctica fue que periodistas independientes tuvieron que recurrir al sistema público europeo, sobre el cual Washington no tiene autoridad alguna, para documentar lo que su propio gobierno prefería mantener invisible. No se trata de un problema de transparencia entre otros. Es la estructura misma de cómo esta guerra se cuenta, o se calla, al público que la paga.

El Washington Post identificó daño o destrucción en al menos 228 estructuras y equipos militares estadounidenses en 15 bases del Golfo Pérsico, verificado mediante el sistema satelital europeo Copernicus tras la restricción de imágenes comerciales solicitada por el propio gobierno de Estados Unidos.

Los daños más severos se concentraron en la base naval de Baréin, sede del Quinto Comando de la Armada estadounidense, y en tres instalaciones de Kuwait, la base aérea Ali al Salem, Camp Arifjan y Camp Buehring. Expertos militares consultados por el propio diario coincidieron en un detalle inquietante, la precisión de los impactos descartaba prácticamente el error de cálculo. No había cráteres dispersos que sugirieran misiles fallidos, había estructuras específicas alcanzadas con una exactitud que solo se explica por inteligencia previa detallada sobre la disposición interna de las bases. La guerra que Washington describe como una demostración de superioridad tecnológica dejó, en la misma imagen satelital, la prueba de que el adversario sabía exactamente dónde apuntar.

Treinta y cinco años sin una sola victoria

Ningún país ha acumulado, en la historia reciente, un poder militar comparable al que Estados Unidos despliega hoy sobre el Golfo Pérsico. Portaaviones, escuadrones enteros de cazas de quinta generación, sistemas de defensa antimisiles, una red logística que ningún otro ejército del planeta puede replicar. Y sin embargo, desde Somalia en 1993 hasta Irán en 2026, pasando por Irak, Afganistán, Libia y Siria, esa acumulación material no se ha traducido, ni una sola vez, en una victoria política clara, sostenible y reconocible como tal. Se confunde sistemáticamente la fuerza con el poder, como si desplegar más misiles equivaliera automáticamente a decidir el destino de una nación ajena.

La fuerza destruye. El poder ordena lo que viene después de la destrucción, y en eso Washington lleva treinta y cinco años fallando de manera consistente.

Somalia en 1993 dejó dieciocho cadáveres de soldados estadounidenses arrastrados por las calles de Mogadiscio y una retirada apresurada meses después, sin que el caudillo que motivó la intervención perdiera jamás el control real del territorio. Irak en 2003 se justificó con armas de destrucción masiva que nunca existieron, derrocó a un dictador y entregó el país a dos décadas de guerra civil sectaria de la que Washington terminó retirándose sin haber estabilizado nada parecido a un Estado funcional. Afganistán, la guerra más larga de la historia estadounidense, terminó en agosto de 2021 con escenas de personas cayendo desde aviones en el aeropuerto de Kabul mientras el mismo movimiento talibán que Estados Unidos había ido a derrocar veinte años antes retomaba el poder en cuestión de días. Libia, bombardeada en 2011 bajo mandato de la OTAN para proteger a la población civil, se fragmentó en un Estado fallido con dos gobiernos rivales y mercados de esclavos documentados por la propia CNN. Siria absorbió una década de intervención estadounidense indirecta sin que Washington lograra imponer jamás un desenlace político a su medida, y el régimen que finalmente cayó en 2024 lo hizo por dinámicas internas ajenas a cualquier estrategia trazada en el Pentágono.

Irán ilustra el patrón con una precisión casi pedagógica. Se mató al líder supremo, el objetivo militar más difícil de alcanzar en la relación entre ambos países, y el régimen no cayó. Su hijo fue nombrado sucesor en ocho días, herido y convaleciente, y sigue al mando. Se declaró destruido el programa nuclear en junio del año pasado y la guerra volvió a estallar meses después. Se anunció la aniquilación de la marina iraní y el estrecho de Ormuz sigue cerrado. Se fijó un cese al fuego en Versalles y se rompió en menos de tres meses. Cada anuncio de victoria fue seguido, con una regularidad casi mecánica, por el hecho que lo desmentía.

El patrón no es nuevo, lo nuevo es la velocidad con la que el desmentido llega, alimentado por un sistema satelital europeo que Washington no puede silenciar y por un Senado propio que empieza a hacer preguntas incómodas sobre facturas que no cuadran. Nadie en Washington ha explicado todavía, cinco meses después del 28 de febrero, qué significaría ganar esta guerra, ni a qué costo humano y presupuestario estaría dispuesto a llamarlo victoria…

G.S.

Fuentes

– [Iran has hit far more U.S. military assets than reported, satellite images show](https://www.washingtonpost.com/investigations/2026/05/06/iran-us-bases-satellite-images/) – [Guerre d’Iran de 2026](https://fr.wikipedia.org/wiki/Guerre_d%27Iran_de_2026) – [Mort d’Ali Khamenei](https://fr.wikipedia.org/wiki/Mort_d%27Ali_Khamenei) – [State funeral of Ali Khamenei](https://en.wikipedia.org/wiki/State_funeral_of_Ali_Khamenei) – [La guerre en Iran a déjà coûté 37,5 milliards de dollars aux États-Unis, selon le Pentagone](https://www.zonebourse.com/actualite-bourse/la-guerre-des-etats-unis-en-iran-a-deja-coute-37-5-milliards-de-dollars-selon-le-pentagone-ce7f51d8dc81f72d) – [Guerre en Iran, 37,5 milliards déjà dépensés par les Etats-Unis](https://armees.com/iran-guerre-37-5-milliards-deja-depenses-etats-unis/) – [La guerre en Iran coûtera 37,5 milliards de dollars, estime le secrétaire à la Défense](https://www.ledevoir.com/monde/etats-unis/996392/guerre-iran-coutera-37-5-milliards-dollars-estime-secretaire-defense) – [Guerre en Iran, le coût vertigineux des opérations militaires américaines](https://www.publicsenat.fr/actualites/international/guerre-en-iran-le-cout-vertigineux-des-operations-militaires-americaines) – [Deux semaines après la reprise des hostilités, l’Iran intensifie ses attaques](https://www.lapresse.ca/international/moyen-orient/2026-07-21/conflit-au-moyen-orient/deux-semaines-apres-la-reprise-des-hostilites-l-iran-intensifie-ses-attaques.php) – [La guerre États-Unis–Iran entre dans une nouvelle phase](https://www.lapresse.ca/international/moyen-orient/2026-07-16/conflit-au-moyen-orient/la-guerre-etats-unis-iran-entre-dans-une-nouvelle-phase.php) – [Fin du cessez-le-feu en Iran, la probabilité de la reprise de la guerre est réelle, estime Adel Bakawan](https://www.franceinfo.fr/monde/iran/guerre-entre-les-etats-unis-israel-et-l-iran/fin-du-cessez-le-feu-en-iran-la-probabilite-de-la-reprise-de-la-guerre-est-reelle-estime-adel-bakawan_8099390.html) – [Les deux soldats américains tués en Jordanie par l’Iran ont été identifiés](https://www.noovo.info/nouvelles/international/conflit-moyen-orient/article/les-deux-soldats-americains-tues-en-jordanie-par-liran-ont-ete-identifies/)

Gabriel Schwarb

SOBRE EL AUTOR

Gabriel Schwarb

Gabriel Schwarb nació entre fronteras, creció entre lenguas y aprendió a leer el poder antes que los libros que pretendían explicarlo. Es escritor suizo-colombiano, fundador y director editorial de AcidReport, un medio trilingual sin afiliación, sin marketing y sin patrocinadores que publica desde Suiza en español, francés e inglés. No publica para agradar. Publica para responder. En el mundo de la comunicación visual desde 1997, abandona deliberadamente el confort estético para sumergirse en el análisis, el archivo y la confrontación textual. Construye AcidReport como se construye un archivo en tiempo de ruina, con método, con urgencia y con memoria.

Escribir desde Suiza, corazón geográfico de la finanza global, sobre las periferias que esa misma finanza organiza no es una contradicción. Es el método. La distancia no produce neutralidad, produce perspectiva. Su estilo es directo, analítico, despojado, más cerca de la disección que de la metáfora. Su método combina verificación estricta de fuentes, trabajo de archivo, OSINT y revisión pública de errores. Para él, la escritura no es una aspiración literaria. Es un instrumento de análisis, un espacio de denuncia y un ejercicio de lucidez ante estructuras que prefieren no ser nombradas.

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