AÑO II  ·  No. 507  ·  MIÉRCOLES, 15 DE ABRIL DE 2026

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REPORTAJEGEOPOLÍTICA

Sin guardianes del apocalipsis: el New START expiró y nadie negocia su reemplazo

SÍNTESIS INICIAL

El 5 de febrero de 2026 expiró el New START, el último tratado vinculante que limitaba los arsenales nucleares estratégicos de Estados Unidos y Rusia. Por primera vez en más de cincuenta años, las dos potencias que concentran el 88% del armamento nuclear mundial operan sin ningún techo legal. El 1 de marzo, Marco Rubio exigió en Saint Kitts and Nevis que cualquier acuerdo futuro incluya a China, condición que Pekín rechaza públicamente. La conferencia de revisión del TNP arrancará el 27 de abril en Nueva York en el peor momento político posible. Lo que se presenta como negociación es, en los hechos, un mecanismo de bloqueo con coartada institucional.

El 5 de febrero de 2026, a medianoche, el mundo entró en un territorio sin mapas. El New START dejó de existir sin reemplazo, sin negociaciones activas y sin ningún mecanismo de verificación en funcionamiento. No hubo ceremonia ni comunicado conjunto. Donald Trump publicó un mensaje en redes sociales afirmando que prefería un “tratado nuevo, mejorado y modernizado”, y la maquinaria diplomática siguió girando en el vacío como si la ausencia de restricciones fuera una posición negociadora y no el estado permanente de las cosas.

La trampa trilatéral

El 1 de marzo de 2026, Marco Rubio compareció ante la prensa en Saint Kitts and Nevis para reafirmar la posición de la administración Trump. Cualquier acuerdo nuclear del siglo XXI debe incluir a China. “Pensamos que, en última instancia, para que exista un verdadero acuerdo de control de armamentos, tiene que involucrar a China”, declaró, añadiendo que Washington seguirá presionando a Pekín aunque admita que no puede obligarla. Esta frase contiene la arquitectura completa de un bloqueo perfecto presentado como ambición diplomática.

El mecanismo es sencillo. Estados Unidos impone como condición previa e innegociable la participación de una potencia que ha rechazado públicamente cualquier formato trilateral. China argumenta que las dos potencias con los mayores arsenales del planeta tienen la responsabilidad primaria de reducirlos antes de exigir compromisos a terceros. Pekín posee aproximadamente 600 ojivas nucleares frente a los más de 5.000 de Washington y de Moscú respectivamente. Convertir esa asimetría radical en argumento para la parálisis negociadora es lo que los diplomáticos llaman un “precondicionamiento estratégico”. En términos más directos, es una excusa de gran potencia para no hacer nada mientras se fabrica más.

La visita prevista de Trump a China en abril añade una capa de ambigüedad performativa. Los contactos exploratorios ya han comenzado; una delegación estadounidense se reunió con homólogos chinos en Ginebra el 24 de febrero, un día después de que el Departamento de Estado acusara a Pekín de haber realizado pruebas nucleares secretas en 2020. La acusación y la negociación coexisten sin contradicción porque ninguna de las dos está orientada a producir resultados verificables. Washington acusa a Pekín de pruebas clandestinas y simultáneamente negocia con ella el futuro del control de armamentos, dos operaciones retóricas que se alimentan mutuamente sin comprometer a nadie a nada.

DATO CLAVE
El New START limitaba a 1.550 las ojivas estratégicas desplegadas por cada parte. Desde su expiración el 5 de febrero de 2026, Estados Unidos y Rusia suman más de 10.600 ojivas combinadas sin ningún techo legal, según el SIPRI (2025). Es la primera vez desde los acuerdos SALT I de 1972 que no existe ningún instrumento jurídicamente vinculante entre las dos mayores potencias nucleares del planeta.

El arsenal sin árbitros

Rusia suspendió su participación en el New START en febrero de 2023, cuatro días después del primer aniversario de la invasión de Ucrania a gran escala. Las inspecciones in situ habían cesado en 2020 con la pandemia y nunca se reanudaron. Washington declaró a Moscú en incumplimiento del tratado. El tratado continuó existiendo como instrumento jurídico mientras las dos partes ignoraban metódicamente sus mecanismos de verificación, una operación que resume con precisión el estado general del orden internacional contemporáneo.

En septiembre de 2025, Vladímir Putin propuso que ambas partes respetaran voluntariamente los límites del New START durante un año adicional. Trump respondió en octubre que la propuesta le parecía “una buena idea”. No hubo respuesta oficial. El tratado expiró. Esta coreografía de promesas informales e indiferencia estructural es la forma que adopta la irresponsabilidad nuclear cuando ninguna institución tiene capacidad para sancionarla.

“Todo lo que hice en mi vida ha desaparecido”, declaró Nikolai Sokov, ex negociador soviético que pasó casi cuarenta y cinco años trabajando en el control de armamentos, en el momento de la expiración del tratado. Sokov, investigador en el Centro de Viena para el Desarme y la No Proliferación, señaló que el mundo ha regresado a la mentalidad del inicio de la Guerra Fría, cuando la incertidumbre y la aceptación implícita del conflicto eran las coordenadas normales de la planificación estratégica.

Los arsenales que operan ahora sin restricciones no son los de 1972. Rusia ha aumentado el número de sistemas nucleares en un 22% desde la firma del New START en 2010 y desarrollado nuevas categorías de armas que el tratado no contemplaba, entre ellas el misil de crucero nuclear Burevestnik y el torpedo nuclear Poseidón, ambos probados con éxito en 2025. En noviembre de 2024, Rusia empleó versiones convencionales del misil balístico Oreshnik contra objetivos ucranianos, un sistema con capacidad nuclear capaz de alcanzar cualquier objetivo europeo. La línea entre demostración y amenaza operativa es, en este contexto, deliberadamente borrosa.

DATO CLAVE
China ha pasado de 250 ojivas nucleares en 2015 a aproximadamente 600 en la actualidad, con una tasa de crecimiento estimada en 100 nuevas ojivas anuales desde 2023, según la Federación de Científicos Americanos. El Pentágono proyecta que Pekín superará las 1.000 ojivas antes de 2030. Moscú estaría contribuyendo a esta expansión ayudando a China a desarrollar material fisionable de grado militar, según el subsecretario Thomas DiNanno ante la Conferencia sobre Desarme de la ONU en febrero de 2026.

Pekín, el obstáculo funcional

La posición china en materia nuclear tiene una coherencia que sus adversarios prefieren presentar como opacidad. Pekín nunca ha sido parte de ningún acuerdo de limitación de arsenales estratégicos, lo que significa que desarrolló sus fuerzas nucleares sin las restricciones de verificación que moldearon la postura estadounidense y rusa durante décadas. Sus misiles móviles están camuflados en camiones de reparto. Sus silos, disimulados entre infraestructuras civiles. Sus submarinos, silenciosos en aguas profundas. Esta arquitectura de disuasión, construida sobre la incertidumbre del adversario, sería estructuralmente incompatible con cualquier régimen de verificación comparable al que el New START exigía.

La demanda de Washington de incorporar a Pekín en un formato trilateral cumple entonces una doble función. En términos declarados, es un intento de adaptar el control de armamentos a un mundo donde China ya no puede ser ignorada. En términos estructurales, es una garantía de fracaso negociador que permite a todas las partes continuar sus programas de modernización con la coartada de que “se está trabajando en ello”. China rechaza el formato trilateral. Moscú insiste en incluir también a Francia y el Reino Unido. Washington exige condiciones que ninguna otra parte acepta. El resultado es un mercado diplomático donde todos los vendedores tienen veto y ningún comprador tiene prisa.

DATO CLAVE
Estados Unidos tiene previsto invertir 1,7 billones de dólares en la modernización de su tríada nuclear, según declaraciones chinas ante la ONU en 2025. Sin el New START, el Senado debate la posibilidad de superar los límites del tratado expirado cargando ojivas adicionales en vectores existentes. El senador Ed Markey advirtió que si Washington lo hace, Rusia replicará, y China lo utilizará como pretexto para acelerar su propio programa.

La conferencia NPT y el vacío institucional

El 27 de abril de 2026, en Nueva York, se abrirá la décima conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear, el único instrumento multilateral jurídicamente vinculante que aún impone a los cinco estados nucleares reconocidos la obligación de negociar el desarme “de buena fe”. La conferencia se celebra en el peor momento político posible. Las dos conferencias de revisión anteriores, en 2015 y 2022, concluyeron sin documento final de consenso. La de 2026 afronta una geometría aún más adversa y cuenta con menos instrumentos reales para cambiarla.

El secretario general de la ONU, António Guterres, advirtió la noche del 5 de febrero que el mundo entraba en “territorio sin mapas”. El papa León XIV pidió dos días antes que el tratado “no fuera abandonado sin buscar asegurar su continuación concreta y efectiva”. Estas intervenciones comparten una característica reveladora, su completa impotencia institucional. Ni el secretario general de la ONU ni la más alta autoridad moral del catolicismo disponen de mecanismo alguno para que sus apelaciones produzcan consecuencias. Son la voz de un orden internacional que sigue hablando en el lenguaje de la cooperación mientras los estados que lo fundaron lo desmontan metódicamente.

El desarme como ficción de gobierno

Lo que la expiración del New START revela no es un fracaso de la diplomacia sino la confirmación de una tendencia que el lenguaje diplomático lleva décadas disimulando. Los tratados de control de armamentos nunca fueron instrumentos de paz; fueron mecanismos de gestión de la carrera armamentística, diseñados para reducir la incertidumbre y el coste de la competencia entre potencias sin eliminar la competencia misma. Su desaparición progresiva no marca el fin de una era de cooperación sino el colapso del consenso mínimo necesario para que la rivalidad permanezca administrable.

La condición trilatéral impuesta por Washington es el equivalente funcional de una declaración de intenciones sin intención. Rubio admite que no puede obligar a China. Moscú insiste en condiciones que Washington no aceptará. Pekín continuará expandiendo su arsenal sin que ningún instrumento la obligue a justificar su ritmo o su alcance. La conferencia NPT de abril llegará con la agenda cargada de obligaciones incumplidas y el dispositivo institucional intacto para registrar el desacuerdo con precisión burocrática. El vacío que deja el New START no lo llenará ningún tratado nuevo en el horizonte visible; lo llenarán, en cambio, los programas de modernización que las tres potencias financian con urgencia y presentan, cada una a su manera, como respuesta defensiva a las provocaciones de las otras dos…

G.S.

FUENTES

  • Nukes Without Limits? A New Era After the End of New START, Council on Foreign Relations, 1 de marzo de 2026
  • New START, Wikipedia, actualizado al 26 de febrero de 2026
  • Why It Matters That the U.S.-Russia New START Nuclear Treaty Expired, NPR, 5 de febrero de 2026
  • Fears of New Nuclear Arms Race Grow as Key U.S.-Russia Treaty Expires, NBC News, 5 de febrero de 2026
  • The Last U.S.-Russian Nuclear Pact Is About to Expire, PBS NewsHour, 4 de febrero de 2026
  • UN Chief Warns of “Grave Moment” as Final US-Russia Nuclear Arms Treaty Expires, UN News, 5 de febrero de 2026
  • Nuclear Arms Control and Disarmament After New START, Bulletin of the Atomic Scientists, 6 de febrero de 2026
  • What Comes After New START, Brookings Institution, febrero de 2026
  • Statement to the Conference on Disarmament, U.S. Department of State, 24 de febrero de 2026
  • US Says China “Massively Expanded” Nuclear Arsenal, Agence France-Presse / Mizzima, 24 de febrero de 2026
  • New Nuclear Control Agreement Should Include US, Russia and China, Reuters / The Star, 1 de marzo de 2026
  • Chinese Nuclear Weapons 2025, Federation of American Scientists / Bulletin of the Atomic Scientists, 2025
  • SIPRI Yearbook 2025 Summary, Stockholm International Peace Research Institute, 2025
  • The End of New START: From Limits to Looming Risks, Nuclear Threat Initiative, enero de 2026
Gabriel Schwarb

SOBRE EL AUTOR

Gabriel Schwarb

Gabriel Schwarb nació entre fronteras, creció entre lenguas y se formó en medio del colapso de los relatos oficiales. Es escritor suizo-colombiano, individuo de tercera cultura y fundador de AcidReport, un medio sin afiliación, sin marketing y sin patrocinadores. No publica para agradar. Publica para responder. En el mundo de la comunicación visual desde 1997, abandona deliberadamente el confort estético para sumergirse en el análisis, el archivo y la confrontación textual. Construye AcidReport como se construye un archivo en tiempo de ruina, con método, con urgencia y con memoria. Lo que aquí se publica no busca complacer, busca incomodar, verificar y dejar rastro. No pertenece a ninguna red, no responde a partidos ni a agendas y desconfía profundamente de toda forma de poder que se disfrace de neutralidad. Desde Suiza, escribe con una perspectiva transnacional que cruza América Latina, Europa, Medio Oriente y África; su campo son el poder, la desinformación y los derechos humanos allí donde la verdad sigue siendo una palabra incómoda y, a menudo, castigada.

Para él, la escritura no es una aspiración literaria. Es una herramienta de ruptura, un espacio de denuncia y un ejercicio de lucidez sostenida. Su estilo es directo, analítico, despojado, más cerca de la disección que de la metáfora. Su método combina verificación estricta de fuentes, trabajo de archivo, OSINT y revisión pública de errores. Cree en la palabra como acto político, como forma de protección frente al olvido y como posibilidad de reparación simbólica para quienes ya no pueden hablar. AcidReport no es un proyecto personal. Es una necesidad colectiva, una respuesta a la desinformación sistemática, a la manipulación discursiva y a la violencia institucionalizada. Aquí se denuncia, se archiva, se explica. No hay promesas. Solo hechos. No hay concesiones. Solo memoria.

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