AÑO II  ·  No. 519  ·  JUEVES 30 DE ABRIL DE 2026

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INVESTIGACIÓNAMÉRICA LATINA

El evangelio del narco, o cómo el crimen organizado infiltró las iglesias evangélicas de América Latina

El mecanismo es antiguo, pero la arquitectura ha mejorado. En América Latina, las congregaciones evangélicas y algunos sectores del catolicismo rural se han convertido en nodos de tres redes distintas que comparten la misma infraestructura, la red del dinero ilícito que busca legitimación, la red del voto que busca movilización, y la red del feligrés que busca salvación. Las tres se cruzan cada domingo en el mismo salón, frente al mismo micrófono, bajo el mismo techo. Que los fondos que financian ese techo provengan en ocasiones del narcotráfico, que el pastor que sostiene el micrófono haya negociado su respaldo con candidatos presidenciales, y que el feligrés que deposita el diezmo sea también el que pondrá la papeleta en la urna, no es una anomalía del sistema. Es el sistema.

El diezmo como instrumento financiero

Las congregaciones religiosas en Colombia, Guatemala, México y Brasil operan bajo un régimen de opacidad financiera que no tiene equivalente en ningún otro sector legal de la economía. La Ley 133 de 1994 habilitó formalmente a las iglesias colombianas para recibir donaciones de personas naturales o jurídicas sin obligación de reportar el origen de los fondos más allá de ciertos umbrales. El diezmo, que en la práctica evangélica representa el diez por ciento del ingreso mensual del feligrés, ingresa al patrimonio de la congregación como donación voluntaria. No hay factura. No hay trazabilidad obligatoria. No hay control previo. La libertad religiosa ha actuado históricamente como escudo jurídico contra los controles financieros que aplican a cualquier empresa comparable.

En este vacío opera la lógica del lavado de activos. El Clan Úsuga, organización criminal con presencia en Chocó y Antioquia, utilizó comunidades evangélicas para introducir dinero en el sistema financiero formal. La Fiscalía General colombiana reveló que un pastor y un obispo recaudaban fondos entre sus feligreses y los mezclaban con remesas enviadas al exterior a través de una ONG religiosa. Álvaro Sarmiento, coordinador contra el crimen organizado de la Fiscalía, precisó que los dos religiosos recaudaban dinero que luego era usado por el clan para adquirir bienes en República Dominicana. El monto identificado en esa operación fue de aproximadamente mil millones de pesos colombianos, unos 420.000 dólares.

Según una investigación transfronteriza del Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) coordinada con once medios de la región, la Fiscalía colombiana abrió una investigación preliminar en 2010 contra la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional por una transacción inmobiliaria sospechosa. La Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF) señaló irregularidades en la constitución de un certificado de depósito por 180 millones de pesos. A 2020, esa investigación llevaba catorce años sin resolución formal, habiendo pasado por al menos cinco fiscales distintos.

La iglesia como infraestructura electoral

El financiamiento narco a través de congregaciones evangélicas no se agota en el lavado de activos. Hay un segundo producto que las redes criminales extraen de esa inversión y que tiene un valor de mercado aún más alto en América Latina, el voto organizado. Un pastor con una congregación de diez mil personas en una ciudad intermedia no es solo un líder espiritual. Es un operador político con capacidad de movilización que ningún partido tradicional puede igualar a ese costo, porque sus feligreses asisten al culto dos o tres veces por semana, reciben mensajes unificados y obedecen a una autoridad moral que no necesita salarios ni maquinaria electoral. Es, desde el punto de vista de la ingeniería política, el activo más eficiente del mercado.

En Guatemala, el caso del pastor Carlos “Cash Luna” y la Iglesia Casa de Dios ilustró la articulación entre esta infraestructura religiosa y el poder político. La iglesia, con un templo de 45 millones de dólares y capacidad para doce mil personas, fue construida entre 2010 y 2013. Según testimonios recogidos por Univisión en “Los Magnates de Dios”, el piloto colombiano Jorge Mauricio Herrera, infiltrado de la DEA en la organización de la narcotraficante Marllory Chacón, conocida como “la Reina del Sur”, afirmó haber presenciado reuniones en las que se transferían fondos en efectivo para la construcción del templo. Chacón fue condenada en 2015 en Estados Unidos a doce años de prisión por narcotráfico y por haber lavado más de 200 millones de dólares para los carteles. Luna rechazó las acusaciones. La Fiscalía guatemalteca abrió investigación de oficio. No produjo ninguna imputación. El templo siguió en pie. El presidente Jimmy Morales, cristiano evangélico que había construido su campaña de 2015 sobre la estructura de Casa de Dios, gobernó hasta 2020 sin que el expediente avanzara un solo folio. La distancia entre el púlpito y la urna, en esos circuitos, es de cero metros.

En Colombia, la dimensión electoral del fenómeno tiene un contorno institucional propio. El partido Colombia Justa Libres, de orientación evangélica, opera como bisagra electoral en varios departamentos del interior y el Caribe colombiano. Sus alianzas con candidatos presidenciales no responden a programas políticos sino a transacciones de respaldo confesional. En las elecciones legislativas del 8 de marzo de 2026, el partido formó parte de coaliciones electorales en varias regiones. El 5 de abril de 2026, apenas semanas después, anunció su respaldo al candidato presidencial Abelardo de la Espriella para las presidenciales del 31 de mayo. Ser ungido por los pastores, como los viejos reyes europeos por sus obispos, es un rito reconocido del ciclo electoral colombiano. En 2007, los pastores Ricardo y María Patricia Rodríguez reunieron en el parque Simón Bolívar medio millón de personas; desde entonces, todo candidato presidencial colombiano ha peregrinado a sus oficinas.

La conversión de conveniencia

Abelardo de la Espriella Otero es abogado, tiene 47 años y construyó su reputación defendiendo a figuras como Alex Saab, señalado como testaferro del régimen venezolano y condenado en Estados Unidos en 2024, y a David Murcia Guzmán, condenado por lavado de activos en Colombia. Cuando en 2017 una entrevista televisiva le preguntó por su visión de Dios, respondió que era “la explicación que buscaron los seres humanos para evitar decir que venimos de un caldo de cultivos”. Agregó que no necesitaba la religión para definir su comportamiento moral. Era, sin ambigüedad, una declaración atea de manual.

En marzo de 2026, consultado por Blu Radio sobre el cambio en sus posiciones religiosas, De la Espriella ofreció una narrativa diferente. Declaró haber tenido “un proceso de conversión hace seis años”, desencadenado por la muerte de una persona cercana. Describió el proceso como involuntario y sintetizó el cambio con una frase que su equipo difundió extensamente, “Comprendí que la inteligencia viene del hombre, pero la sabiduría viene de Dios.” La transformación, fechada en 2020, resultó coincidir con los años en que De la Espriella comenzaba a proyectarse políticamente. Frecuentar el circuito evangélico colombiano durante seis años, hablar su idioma y aparecer en sus eventos produce exactamente el capital social que se convierte en respaldo partidario cuando llega el momento. El partido Colombia Justa Libres no esperó más; el 5 de abril de 2026 anunció formalmente su apoyo a su candidatura. “He cambiado de opinión, pero nunca he cambiado de convicción y de principios”, declaró De la Espriella. En las encuestas previas a las presidenciales figuraba en segundo lugar. Lo que haya ocurrido en su conciencia en 2020 es, a efectos políticos, secundario.

El negocio de la fe

La prosperidad teológica, conocida en el ámbito evangélico como el “evangelio de la prosperidad”, sostiene que la riqueza material es una señal de la gracia divina. Bajo esta lectura, el pastor rico no es un escándalo sino una demostración de fe exitosa, y el pobre es un creyente que aún no ha dado suficiente. El diezmo deja de ser un tributo para convertirse en una inversión espiritual con retorno garantizado. La teología no es solo un argumento religioso; es el dispositivo que convierte la pobreza de los fieles en el capital de sus pastores, de manera voluntaria y masiva.

La investigación “Los Magnates de Dios” de Univisión reconstruyó la trayectoria patrimonial de María Luisa Piraquive, cofundadora y líder de la IDMJI, con 2.500.000 feligreses y 481 sedes en Colombia. Piraquive declaraba ante la Fiscalía colombiana en 1999 un sueldo mensual de 186 dólares. Diez años después era propietaria de una residencia en Weston, Florida, por 1.8 millones de dólares; su hija Alexandra posee en la misma ciudad una propiedad por 1.3 millones. Ocho asociaciones empresariales vinculadas a la familia fueron denunciadas por no pagar impuestos en Estados Unidos. La fortuna estimada de Piraquive supera los 50 millones de dólares. En su iglesia, su frase más reiterada desde el púlpito es “El diezmo es la obra de Dios.” Los feligreses que financian ese patrimonio son, en su abrumadora mayoría, migrantes hispanos de bajos ingresos en Estados Unidos y poblaciones vulnerables en Colombia y el resto del continente. Millones de personas que donan el diez por ciento de sus ingresos a congregaciones que no publican balances ni someten sus cuentas a auditorías independientes.

La investigación de Univisión publicada en diciembre de 2018 calculó que millones de hispanos de escasos recursos donan el 10% de sus ingresos mensuales a iglesias evangélicas, en un sistema sin trazabilidad financiera obligatoria. El templo Casa de Dios de Cash Luna en Guatemala, con capacidad para 12.000 personas, tuvo un costo de construcción declarado de 45 millones de dólares.

La impunidad como arquitectura

Lo que existe no es una conspiración sino una convergencia de incentivos en la que cada actor hace exactamente lo que su posición le indica. El narco necesita lavar activos y necesita protección política; la iglesia ofrece ambas cosas. El pastor necesita fondos y necesita autoridad social que ninguna institución laica puede darle; el narco ofrece los primeros y la feligresía masiva le da la segunda. El político necesita votos organizados y legitimidad moral en comunidades donde el Estado tiene presencia mínima; el pastor entrega ambas cosas a cambio de reconocimiento institucional. El feligrés necesita certeza en un entorno de precariedad extrema y la promesa de que su sacrificio será recompensado. La iglesia vende todo eso a precio de diezmo.

Las investigaciones abiertas en Colombia, Guatemala, Argentina y Brasil contra iglesias evangélicas por lavado de activos tienen en común una característica que no se explica solo por la complejidad jurídica, la duración. El caso IDMJI en Colombia lleva más de catorce años sin resolución. La investigación de Cash Luna en Guatemala fue abierta de oficio y no produjo ninguna imputación formal. En Argentina, diez años de investigación produjeron una multa de 240.000 pesos, equivalente a 6.200 dólares. La impunidad no es el efecto colateral del sistema. Es uno de sus productos principales.

Abelardo de la Espriella irá a las urnas el 31 de mayo de 2026 con el respaldo formal del partido evangélico Colombia Justa Libres. Sus posiciones religiosas de 2017 han quedado archivadas en algún servidor de internet, accesibles para quien las busque. El Clan Úsuga sigue operando en Chocó y Antioquia. La Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional sigue abriendo sedes. Y en algún barrio periférico de Bogotá, Medellín o Cali, una mujer que trabaja de empleada doméstica dejará el próximo domingo el diez por ciento de su quincena en la bandeja del ofertorio, convencida de que Dios le devolverá el doble…

G.S.

Fuentes

Gabriel Schwarb

SOBRE EL AUTOR

Gabriel Schwarb

Gabriel Schwarb nació entre fronteras, creció entre lenguas y se formó en medio del colapso de los relatos oficiales. Es escritor suizo-colombiano, individuo de tercera cultura y fundador de AcidReport, un medio sin afiliación, sin marketing y sin patrocinadores. No publica para agradar. Publica para responder. En el mundo de la comunicación visual desde 1997, abandona deliberadamente el confort estético para sumergirse en el análisis, el archivo y la confrontación textual. Construye AcidReport como se construye un archivo en tiempo de ruina, con método, con urgencia y con memoria.

Para él, la escritura no es una aspiración literaria. Es una herramienta de ruptura, un espacio de denuncia y un ejercicio de lucidez sostenida. Su estilo es directo, analítico, despojado, más cerca de la disección que de la metáfora. Su método combina verificación estricta de fuentes, trabajo de archivo, OSINT y revisión pública de errores. Cree en la palabra como acto político, como forma de protección frente al olvido y como posibilidad de reparación simbólica para quienes ya no pueden hablar.

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