AÑO II  ·  No. 568  ·  VIERNES 26 DE JUNIO DE 2026

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Las venas que se abrieron solas: Dominación exterior y capitulación electoral en América Latina

Hay una versión de la historia en la que Estados Unidos e Israel someten a América Latina mediante la fuerza, la amenaza y el chantaje. Es una versión cómoda, porque distribuye bien los roles y absuelve a los pueblos del continente de su propia responsabilidad. La versión real es menos consoladora. La infraestructura de control, las bases militares, los contratos de armas, la doctrina contrainsurgente, los sistemas de vigilancia, estaba instalada mucho antes de que Javier Milei ganara en primera vuelta, mucho antes de que José Antonio Kast tomara posesión en Santiago el 11 de marzo de 2026, mucho antes de que Abelardo De la Espriella venciera en Colombia ese mismo junio. Nadie invadió el continente. El continente votó.

La arquitectura preexistente

El Comando Sur de los Estados Unidos, conocido por su acrónimo SOUTHCOM, es la estructura militar que supervisa las operaciones estadounidenses en América Latina y el Caribe. No es una presencia nueva ni discreta. Colombia alberga nueve bases militares estadounidenses, la tercera concentración más alta de la región después de Panamá y Puerto Rico. En diciembre de 2023, bajo el gobierno de Gustavo Petro, los representantes del SOCSOUTH y las Fuerzas Especiales Colombianas firmaron en la base de Tolemaida un Plan de Acción Bilateral para el período 2025-2029. El acuerdo no provocó ninguna crisis diplomática. Fue presentado como rutina.

Conviene detenerse en ese detalle. Petro es el presidente colombiano que llevó la causa palestina a los foros internacionales, que suspendió la compra de armas a Israel, que nombró el genocidio con esa palabra cuando los demás buscaban eufemismos. Y es también el presidente que firmó ese plan en Tolemaida, que integró la Armada colombiana a la Fuerza Marítima Combinada bajo conducción estratégica estadounidense en enero de 2024, que mantuvo las nueve bases intactas durante todo su mandato. No es una contradicción que habla mal de Petro. Es una demostración que habla bien de la arquitectura. Lo que los discursos llaman soberanía y los documentos llaman cooperación son dos palabras para designar el mismo arreglo, medido en bases, contratos y ejercicios conjuntos, y ese arreglo sobrevive sin dificultad a los gobiernos que públicamente lo detestan.

El mecanismo no requiere gobiernos ideológicamente afines para funcionar. Funciona precisamente porque está construido para sobrevivir a la alternancia. Las bases no se cierran cuando gana la izquierda. Los contratos de entrenamiento no se rescinden. La doctrina contrainsurgente no se borra de los manuales de las fuerzas especiales. Lo que cambia con los gobiernos es el nivel de entusiasmo con que se firma la renovación. La arquitectura es más sólida que cualquier posición moral que se adopte sobre ella.

El subcontratista

Israel no opera en América Latina como potencia hegemónica. Opera como proveedor especializado, y la especialidad que lo distingue de otros vendedores de armas es la doctrina que viene incluida en el precio. No se trata solamente de aviones, drones o sistemas de vigilancia, aunque todo eso se vende. Se trata de un concepto que puede formularse con precisión, el enemigo más peligroso no está afuera, está adentro. Lo que en la terminología israelí se llama seguridad interior, en América Latina se tradujo sucesivamente como contrainsurgencia, seguridad democrática y lucha contra el narcotráfico. Los nombres cambian. La función de identificar un enemigo interior que justifique el aparato represivo permanece.

Carlos Castaño Gil, cofundador de las Autodefensas Unidas de Colombia, pasó un año en Israel en 1983. Tenía dieciocho años. Lo que aprendió allí no fue solamente técnica militar, fue una manera de concebir la organización social de la violencia. Las AUC se convirtieron en la mayor fuerza paramilitar de derecha que haya existido en el hemisferio occidental, responsables del 38,4% de las muertes civiles documentadas en el conflicto colombiano entre 1981 y 2012, según el Centro Nacional de Memoria Histórica.

“Aprendí una infinidad de cosas en Israel, y a ese país le debo parte de mi esencia, mis logros humanos y militares. Copié el concepto de autodefensa de los israelíes; cada ciudadano de ese país es un soldado potencial.”

Carlos Castaño Gil, Mi Confesión, 2001

El teniente coronel israelí retirado Yair Klein llegó a Colombia en 1988 al frente de su empresa privada Spearhead Ltd. para entrenar en Puerto Boyacá a los grupos paramilitares que formarían el núcleo operativo de las AUC, enseñando técnicas de explosivos, colocación de carros bomba y ejecuciones políticas. Fue condenado en ausencia por la justicia colombiana en 2001 a once años de prisión. Nunca fue extraditado. Vive en Israel.

El modelo de negocio maduro combina la venta de equipos con la transferencia de doctrina. Después de la operación israelí sobre Gaza de 2008 y 2009, el gobierno colombiano adquirió drones israelíes para operaciones de inteligencia y reconocimiento contra las FARC. El argumento de venta era explícito, pues los equipos habían sido probados en condiciones reales de combate. La expresión técnica “battle-tested” funciona en la industria armamentista como una certificación de calidad. Lo que certifica es el número de muertos sobre los que el sistema fue ensayado. Cuando las exportaciones de defensa israelíes alcanzaron en 2025 un récord histórico de 19.200 millones de dólares, el Ministerio de Defensa de Israel explicó sin ambigüedad el origen de ese éxito comercial.

“Los logros operativos sin precedentes, junto con la experiencia de combate adquirida durante la guerra, generaron una alta demanda de tecnología israelí entre muchos países.”

Ministerio de Defensa de Israel, comunicado oficial, junio de 2025

El cuerpo palestino funciona, en los términos del mercado, como certificado de calidad. Es el laboratorio donde el producto se prueba antes de exportarse. América Latina ha sido durante décadas uno de sus clientes más constantes.

El referendum

Entre 2023 y 2026, el mapa político de América Latina se reconfiguró de una manera que ninguna operación de inteligencia ni ninguna presión diplomática habrían podido producir con tanta eficiencia. Lo produjo el voto. Milei con el 55,7% en Argentina, Bukele reelecto con el 84,6% en El Salvador, Kast en La Moneda después de que Boric terminara con más del 60% de desaprobación, De la Espriella en Colombia. No es una lista de golpes de Estado. Es una lista de resultados electorales con tasa de participación documentada y escrutinio internacional.

Ninguno de estos resultados se explica únicamente por la injerencia exterior, el financiamiento de la derecha internacional o la manipulación mediática, aunque todos esos factores existieron y pueden documentarse. Los explicaron, sobre todo, los electores. Personas con cédula de identidad y cabina de votación que eligieron lo que eligieron por razones que no siempre coinciden con los análisis que la izquierda produce sobre sus propias derrotas. La inseguridad, la inflación, el agotamiento con gobiernos progresistas que prometieron más de lo que pudieron entregar, el apego a lo conocido, aunque lo conocido sea la subordinación.

La arquitectura de control que Estados Unidos e Israel construyeron durante décadas no tuvo que imponerse. Solo tuvo que esperar a que los electores del hemisferio eligieran, por sus propias razones, gobiernos que no tendrían ningún inconveniente en activarla. El mecanismo más eficaz de dominación es aquel que no se mantiene por la coerción porque el dominado ha interiorizado sus condiciones como si fueran propias. No es una fórmula nueva. Galeano lo sabía. Lo escribió con dolor. Aquí se anota como dato.

Las tres excepciones

Brasil, México y Uruguay permanecen, en junio de 2026, bajo gobiernos de izquierda o centroizquierda. Lula, Sheinbaum con un 76% de aprobación, Orsi con el Frente Amplio desde marzo de 2025. Los tres casos son reales. Ninguno de los tres es una victoria del proyecto emancipatorio latinoamericano.

Brasil es la mayor economía del continente y la única capaz de absorber la presión de Washington sin quebrarse, no por virtud política sino por tamaño. México le debe su estabilidad izquierdista, en parte, a cuatro décadas de Morena construyendo paciencia electoral antes de llegar al poder, y en parte a una geografía que convierte cualquier tensión con los Estados Unidos en un problema inmediato para ambas partes. Uruguay es una democracia sólida de tres millones y medio de habitantes donde el Frente Amplio gobernó quince años consecutivos y construyó instituciones que sobrevivieron la alternancia. Ninguno de los tres representa un modelo replicable en Colombia, en Chile o en Argentina.

Lo que diferencia a las tres excepciones no es la superioridad moral de sus electores ni la clarividencia de sus líderes. Son condiciones históricas e institucionales específicas que los otros países no tenían, o tuvieron y dilapidaron. Tratarlas como focos de resistencia es un error de análisis. Son anomalías estadísticas en un movimiento estructural que no han revertido y que probablemente no revertirán. El Brasil de Lula no cerró ninguna base militar estadounidense. El México de Sheinbaum negoció con Trump la contención migratoria. El Uruguay de Orsi aprobó un presupuesto de austeridad. La izquierda que queda no es la izquierda que la región necesita. Es la izquierda que la región pudo conservar.

Lo que se hereda

Los gobiernos que asumieron el poder en Argentina, Chile, Colombia, Ecuador y Perú entre 2023 y 2026 no construyeron la arquitectura de control que heredaron. La encontraron lista, calibrada y funcionando. Las bases estaban allí. Los contratos de formación estaban activos. Las relaciones con las empresas israelíes de seguridad y vigilancia estaban firmadas. Los canales con el SOUTHCOM estaban abiertos. Todo lo que los nuevos gobiernos debieron hacer fue dejar de fingir que les incomodaba.

La reconversión de los grupos paramilitares que sobrevivieron al período de Petro en Colombia es el caso más ilustrativo. Las estructuras herederas de las AUC, rebautizadas sucesivamente como Bacrim, Autodefensas Gaitanistas de Colombia y Clan del Golfo, mantuvieron su presencia territorial y sus vínculos con sectores de las fuerzas militares durante todo el gobierno de izquierda. La llegada de De la Espriella no crea esas estructuras. Las normaliza, como lo hiciera Uribe dos décadas antes. La violencia no escala de manera brusca porque no es necesario que lo haga. La arquitectura ya controla el territorio. Solo necesita un gobierno que deje de llamarla por su nombre.

La señal más precisa no está en los discursos inaugurales sino en los gestos administrativos que los siguen. Milei restauró las relaciones con Israel al primer mes de su mandato. Kast llegó a La Moneda con una agenda de seguridad articulada sobre la cooperación policial con ese mismo país. De la Espriella habló durante su campaña de recuperar la confianza de los aliados estratégicos, sin necesidad de precisar cuáles. La arquitectura reconoce ese lenguaje porque lo escribió ella misma, décadas atrás, en los manuales que siguen vigentes.

Lo que Castaño aprendió en Tel Aviv en 1983 no fue solamente cómo entrenar hombres armados. Aprendió cómo convertir una sociedad en la que todo ciudadano se percibe como soldado potencial, cómo hacer de la vigilancia mutua un valor cívico, cómo nombrar al enemigo interior de manera que cualquiera pueda serlo. Esa doctrina no requiere ser enseñada de nuevo cada vez que cambia un gobierno. Ya está en los manuales, en la formación de los oficiales, en la cultura institucional de los cuerpos de seguridad. Se transmite sola, como se transmiten todas las herencias que nadie quiso pero nadie devolvió.

El continente no fue conquistado. Aprendió a conquistarse solo, y lo llama democracia.

G.S.

Fuentes

Gabriel Schwarb

SOBRE EL AUTOR

Gabriel Schwarb

Gabriel Schwarb nació entre fronteras, creció entre lenguas y aprendió a leer el poder antes que los libros que pretendían explicarlo. Es escritor suizo-colombiano, fundador de AcidReport y su único autor permanente, un medio trilingual sin afiliación, sin marketing y sin patrocinadores que publica desde Suiza en español, francés e inglés. No publica para agradar. Publica para responder. En el mundo de la comunicación visual desde 1997, abandona deliberadamente el confort estético para sumergirse en el análisis, el archivo y la confrontación textual. Construye AcidReport como se construye un archivo en tiempo de ruina, con método, con urgencia y con memoria.

Escribir desde Suiza, corazón geográfico de la finanza global, sobre las periferias que esa misma finanza organiza no es una contradicción. Es el método. La distancia no produce neutralidad, produce perspectiva. Su estilo es directo, analítico, despojado, más cerca de la disección que de la metáfora. Su método combina verificación estricta de fuentes, trabajo de archivo, OSINT y revisión pública de errores. Para él, la escritura no es una aspiración literaria. Es un instrumento de análisis, un espacio de denuncia y un ejercicio de lucidez ante estructuras que prefieren no ser nombradas.

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