AÑO II  ·  No. 570  ·  LUNES 29 DE JUNIO DE 2026

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ENSAYOAMÉRICAS

La terapia del malestar: cómo el capitalismo convirtió el sufrimiento colectivo en mercado individual

La economía global del bienestar alcanzó los 6,8 billones de dólares en 2024. Es cuatro veces más grande que la industria farmacéutica mundial, más grande que el turismo, que el sector de tecnologías de la información, que toda la llamada economía verde. Crece al 7,9 % anual y se proyecta que superará los 9,8 billones antes de que termine la década. El segmento de mayor expansión no es el spa ni el gimnasio boutique sino el bienestar mental, que avanza al 12,4 % anual desde 2019. Estas cifras no describen una moda pasajera ni un lujo de élite. Describen una de las transformaciones más silenciosas del capitalismo contemporáneo, la conversión sistemática del sufrimiento colectivo en mercado individual.

El mercado que florece sobre la angustia

La industria no crece a pesar de que el mundo empeora. Crece porque el mundo empeora. Los años de mayor expansión del wellness coinciden con los picos de desigualdad económica, con el agravamiento de las condiciones laborales en el sector de servicios, con la precariedad generalizada que los economistas llaman eufemísticamente “flexibilización del mercado de trabajo”. La correlación no es accidental. Es estructural. Cada vez que un sistema produce más angustia de la que puede absorber políticamente, el mercado interviene para ofrecer una solución técnica al problema que él mismo ha creado.

En Colombia, el fenómeno toma formas reconocibles. Según Euromonitor International, más del 60 % de los colombianos ha incorporado hábitos de “vida saludable” y busca experiencias que aporten calma y plenitud. Las clases de yoga proliferan en Chapinero y El Poblado. Los retiros de meditación en el Eje Cafetero se llenan de profesionales que pagan entre 800.000 y 2.000.000 de pesos por un fin de semana de desconexión. Aplicaciones como Calm y Headspace superan los 30 millones de suscriptores globales, con decenas de miles de nuevas descargas diarias. La industria de bienestar corporativo en América Latina factura cientos de millones de dólares anuales y registró crecimientos cercanos al 70 % en la pospandemia. El mercado funciona. La angustia, también.

Lo que diferencia este ciclo de los anteriores es la velocidad con que la oferta se adapta a la demanda de sufrimiento. Cada nueva patología social genera su nicho wellness correspondiente. La fatiga digital produce aplicaciones de “desconexión digital”. La soledad urbana produce retiros de conexión comunitaria. La ansiedad por el futuro produce talleres de “mindfulness climático”. El sistema es extraordinariamente creativo cuando se trata de monetizar sus propias consecuencias. Y lo que en otro contexto podría llamarse cinismo aquí se llama innovación de mercado, con la neutralidad semántica de quien solo describe lo que existe.

El estrés como problema tuyo

El mecanismo es sencillo, como lo son todos los mecanismos de extracción bien diseñados. En algún momento entre los años ochenta y el presente, el estrés laboral dejó de ser un problema de las condiciones de trabajo y se convirtió en un problema de la persona que trabaja. El giro no fue brusco ni anunciado. Fue gradual, técnico, científicamente respaldado por una cadena de investigaciones que medían beneficios reales a nivel individual sin preguntarse qué producía la necesidad de esos beneficios. La psicología del desempeño, la neurociencia del bienestar, la industria del coaching ejecutivo convergieron todas en la misma conclusión operativa. El empleado agotado no necesita mejores condiciones laborales sino mejores herramientas para gestionar su agotamiento.

Lo que en la práctica significa que el trabajador que sale exhausto de una jornada de diez horas en un call center de Bogotá, o de un turno en una plataforma logística que registra sus movimientos cada treinta segundos, recibe como respuesta institucional una suscripción a una aplicación de meditación. Las empresas más avanzadas van más lejos; organizan retiros de mindfulness para sus gerentes medios, contratan coaches de bienestar, miden el “índice de felicidad” de sus empleados con la misma precisión con que miden su productividad. El bienestar corporativo no es una concesión al trabajador. Es una inversión en su rendimiento.

El estrés se presenta como un problema personal, y el mindfulness se ofrece como el remedio exacto para ayudar a los empleados a trabajar con mayor eficiencia y calma dentro de entornos tóxicos.

Ron Purser y David Loy

La academia lleva al menos una década documentando este desplazamiento. Las condiciones del capitalismo postindustrial agotan las facultades emocionales, psicológicas y cognitivas de los trabajadores hasta el límite de lo sostenible. El mindfulness interviene para gestionar ese agotamiento sin tocar las causas que lo producen. No se trata de una conspiración. Se trata de una afinidad electiva entre una técnica que produce resultados reales a nivel individual y un sistema que tiene todos los incentivos para que esos resultados se produzcan sin que nada estructural cambie. El trabajador que medita bien es un trabajador que rinde más y reclama menos, y ningún director de recursos humanos necesita leer a Foucault para entender esa ecuación.

El sujeto que se explota con gratitud

Los diagnósticos del sistema no deberían venderse bien en las librerías del sistema. Y sin embargo La sociedad del cansancio, del filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han, viajó de las aulas universitarias a las listas de libros más vendidos con una velocidad que el propio Han habría analizado con desconfianza. Publicado en alemán en 2010, el libro argumenta que el capitalismo neoliberal no funciona ya mediante la prohibición y la represión. Funciona mediante la incitación y el rendimiento. El sujeto contemporáneo no es explotado por un patrón que le impone condiciones desde fuera. Se explota a sí mismo, voluntariamente, en la convicción de que está realizando su potencial.

En el régimen neoliberal, la explotación ya no ocurre bajo la forma de la alienación y la desrealización del yo, sino bajo la forma de la libertad, de la autorrealización y de la autooptimización. Aquí no hay un Otro como explotador que me obliga a trabajar y me aliena de mí mismo; más bien, yo me exploto voluntariamente en la creencia de que me estoy realizando. Esta es la lógica diabólica del neoliberalismo.

Byung-Chul Han, La expulsión de lo distinto

Esta es la lógica que la industria del bienestar completa y perfecciona. El sujeto que paga ciento veinte euros por un retiro de meditación de fin de semana, o quince dólares mensuales por una aplicación que le enseña a respirar correctamente, no lo hace porque el sistema se lo imponga. Lo hace porque quiere ser una mejor versión de sí mismo. Lo que Han señala es que esta voluntad de auto-mejora es exactamente lo que el sistema requiere. El deseo de optimizarse no es una resistencia al capitalismo de rendimiento. Es su combustible más refinado, porque elimina la fricción que generaba el sujeto reprimido y la reemplaza por la energía del sujeto que se explota con entusiasmo.

La depresión, el burn-out, el trastorno de ansiedad generalizada. Han los describe no como fallos del individuo sino como patologías del sistema de rendimiento. El sujeto disciplinario que Foucault analizó podía al menos identificar al enemigo. El sujeto del rendimiento no tiene enemigo identificable. Tiene una meta que siempre puede ser superada, una versión de sí mismo que siempre puede ser mejorada, y una industria entera dispuesta a venderle las herramientas para llegar a ella.

La espiritualidad de marca

Ron Purser, profesor en la Universidad Estatal de San Francisco, acuñó el término McMindfulness para describir lo que el mercado ha hecho con dos milenios de práctica budista. Se extrae la técnica, se elimina el contexto político y comunitario, y se reinserta en el mercado como producto de consumo individual, libre de toda incomodidad colectiva. El resultado es una práctica que nació para comprender la interdependencia de todos los seres y termina siendo adoptada por Goldman Sachs, el ejército estadounidense y el Foro Económico Mundial, donde monjes y coaches de meditación comparten panel con directores ejecutivos. Purser no discute que la meditación funcione. Discute para qué funciona cuando el sistema se la apropia.

En América Latina este proceso tiene una textura específica. La región cuenta con tradiciones de cuidado colectivo que preexisten al capitalismo y en muchos casos lo han resistido activamente. Pero el wellness que llega a las clases medias de Bogotá, Santiago o Ciudad de México no es ese patrimonio. Es una importación norteamericana empaquetada con estética minimalista, vocabulario en inglés y precios que excluyen a quienes más padecen las condiciones que la industria promete aliviar. El acceso al bienestar reproduce la misma segmentación social que el bienestar afirma combatir. La persona que más necesita descanso y alivio es la que trabaja en informalidad, sin seguridad social, sin vacaciones pagadas, y no puede pagar la membresía del estudio de yoga de Zona Rosa.

Lo que el bienestar no puede curar

Hay condiciones que ninguna aplicación de meditación puede modificar. La concentración de la propiedad de la tierra no se corrige con sesiones de respiración. La tasa de informalidad laboral, que en Colombia supera el 60 % de la fuerza de trabajo activa, no responde al yoga. La estructura tributaria que protege al capital y grava el consumo, el sistema de salud que privatiza la ganancia y socializa la pérdida, el acceso diferencial a la educación según el código postal de nacimiento. Ninguna de estas condiciones es un síntoma de mala gestión emocional individual. Son la arquitectura del sistema.

La resiliencia es quizás la palabra más reveladora del léxico wellness. Ser resiliente significa recuperarse de la adversidad, adaptarse a condiciones difíciles, absorberlas sin derrumbarse. Lo que la resiliencia no pregunta, porque la pregunta sería políticamente inconveniente, es por qué la adversidad existe, quién la produce, y si existe algún mecanismo colectivo para modificar sus condiciones de base. Preguntar eso requeriría política. Y la política, en el universo del wellness, es la única cosa que no está disponible en el menú.

El mercado del bienestar no es una mentira. Ofrece beneficios reales y documentados. La meditación reduce el cortisol, el ejercicio mejora el estado de ánimo, el sueño de calidad tiene efectos mensurables sobre la salud. Nada de eso está en disputa. Lo que está en disputa es la función que estos beneficios individuales cumplen en el orden social. Un trabajador más tranquilo, más adaptado, más capaz de gestionar su angustia es un trabajador más productivo y menos proclive a organizarse, a reclamar, a plantear demandas colectivas que el sistema debería responder. El bienestar individual y la quietud política no son coincidentes por accidente. Uno produce al otro, con la eficiencia silenciosa de los mecanismos que funcionan mejor cuando nadie los nombra…

G.S.

Fuentes

  • Global Wellness Institute. Global Wellness Economy Monitor 2025. Miami, noviembre 2025.
  • Global Wellness Institute. Country Rankings Report 2026. Miami, enero 2026.
  • Grand View Research. Corporate Wellness Market Size & Share Report, 2026-2033. 2026.
  • Purser, Ronald E. McMindfulness: How Mindfulness Became the New Capitalist Spirituality. Repeater Press, 2019.
  • Purser, Ronald E. y David Loy. “Beyond McMindfulness”. Huffington Post, 2013.
  • Han, Byung-Chul. La sociedad del cansancio. Herder Editorial, 2012 (ed. esp.).
  • Han, Byung-Chul. La expulsión de lo distinto. Herder Editorial, 2017 (ed. esp.).
  • Springer. “Corporate Mindfulness and the Pathologization of Workplace Stress”. En Handbook of Mindfulness, cap. 14. 2016.
  • Euromonitor International. Tendencias del bienestar en América Latina. 2024.
  • Portafolio. “El auge del bienestar: cómo la cultura wellness redefine hábitos, economía y salud”. Bogotá, junio 2025.
Gabriel Schwarb

SOBRE EL AUTOR

Gabriel Schwarb

Gabriel Schwarb nació entre fronteras, creció entre lenguas y aprendió a leer el poder antes que los libros que pretendían explicarlo. Es escritor suizo-colombiano, fundador de AcidReport y su único autor permanente, un medio trilingual sin afiliación, sin marketing y sin patrocinadores que publica desde Suiza en español, francés e inglés. No publica para agradar. Publica para responder. En el mundo de la comunicación visual desde 1997, abandona deliberadamente el confort estético para sumergirse en el análisis, el archivo y la confrontación textual. Construye AcidReport como se construye un archivo en tiempo de ruina, con método, con urgencia y con memoria.

Escribir desde Suiza, corazón geográfico de la finanza global, sobre las periferias que esa misma finanza organiza no es una contradicción. Es el método. La distancia no produce neutralidad, produce perspectiva. Su estilo es directo, analítico, despojado, más cerca de la disección que de la metáfora. Su método combina verificación estricta de fuentes, trabajo de archivo, OSINT y revisión pública de errores. Para él, la escritura no es una aspiración literaria. Es un instrumento de análisis, un espacio de denuncia y un ejercicio de lucidez ante estructuras que prefieren no ser nombradas.

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