AÑO III  ·  No. 657  ·  JUEVES 8 DE OCTUBRE DE 2026

GINEBRA --:--  ·  BOGOTÁ --:--  ·  ACIDREPORT v4.0
AcidReport
INVESTIGACIÓNDERECHOS HUMANOS

Israel bloquea las excavadoras que buscarían a los muertos de Gaza y arrasa barrios para levantar bases militares

Dalal Faraj miró en un teléfono las imágenes por satélite de su antiguo barrio y preguntó adónde se habían ido las casas, dónde estaban su marido y su hijo. En Shuja’iya, en Ciudad de Gaza, no quedaba nada de lo que ella dejó en octubre de 2023, salvo una base militar israelí levantada sobre el terreno vacío. Su marido Taha, de 48 años, y su hijo Nasr, de 16, no han dado señales de vida desde que un ataque alcanzó la casa el 8 de octubre de ese año. Una investigación visual de la cadena canadiense CBC, confirmada por la agencia de investigación Forensic Architecture, documenta que los escombros de barrios como el suyo fueron retirados y compactados con maquinaria pesada para dar paso a posiciones del ejército. Según el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Israel mantiene a la vez bloqueada la entrada de las excavadoras que los equipos palestinos necesitan para buscar a los desaparecidos. Una docena de máquinas para más de 8.000 personas que la Defensa Civil palestina da por desaparecidas bajo las ruinas, y maquinaria de sobra para allanar un barrio cuando se trata de levantar una base.

Lo que muestra el satélite

El equipo de investigaciones visuales de CBC comparó imágenes satelitales de varios emplazamientos y reconstruye dos casos con detalle. En el barrio de la familia Faraj, una imagen del 10 de marzo de 2026 registra once excavadoras y un camión al norte de la casa. Un mes después, cuatro máquinas despejan el terreno al oeste. Para agosto, una base israelí ocupa el centro de lo que fue un barrio residencial. El color de las máquinas, observa CBC, sugiere que no son militares sino probablemente subcontratistas civiles.

«Imposible… ¿esta es nuestra zona? ¿Adónde se fueron las casas? ¿Dónde están mi marido y mi hijo?», dijo Faraj a la cadena. Ver las imágenes, contó, quebró lo último que le quedaba de esperanza.

Shaher Mohamed Abu Ouda, de 36 años, salió en 2024 de la Aldea Sueca, un barrio de la gobernación de Rafah, ocupada por Israel en 2025. Catorce miembros de su familia siguen desaparecidos desde que la casa fue destruida. El 7 de mayo de 2026, seis vehículos retiran material en el centro del barrio para preparar el terreno de la base. En agosto está completamente allanado, con huellas de maquinaria pesada y una posición militar encima. «Pensé que volvería a verlos, pero después de todos estos años ni siquiera encontraré una blusa», contó. «Ni siquiera hay escombros.»

Júlia Nueno Guitart, de Forensic Architecture, grupo con sede en la Universidad Goldsmiths de Londres que analiza datos espaciales para documentar violaciones de derechos humanos, confirmó los hallazgos. Su equipo ha reunido más de 2.000 incidentes y ha confirmado 43 casos con personas bajo los escombros, por pruebas visuales, grafitis en las paredes o informes de la Defensa Civil de Gaza, el cuerpo de rescate palestino. Entre una cifra y otra está lo que el satélite permite verificar y lo que no. «Lo que vemos tras el alto el fuego en Gaza es un nuevo tipo de destrucción, distinto del que documentábamos antes», dijo Nueno Guitart.

Forensic Architecture contó 48 posiciones militares israelíes al este de la llamada Línea Amarilla, la frontera interior que dejó el alto el fuego de octubre de 2025 y que deja a Israel alrededor del 53% de la Franja, trece de ellas levantadas después de la tregua. Con calles pavimentadas y torres de vigilancia, según Al Jazeera, han dejado de ser puestos provisionales.

Dos usos para la misma maquinaria

El 15 de septiembre, en Ginebra, el Alto Comisionado Volker Türk informó de que los restos de lo que parecen ser familias enteras están siendo desenterrados en lugares pulverizados por ataques israelíes. La Defensa Civil palestina cuenta más de 630 cuerpos y restos recuperados desde noviembre de 2025 y estima en más de 8.000 las personas desaparecidas bajo los escombros. Türk temió que lo hallado fuera solo la punta del iceberg y acusó a Israel de seguir nivelando con excavadoras zonas donde sus tropas permanecen desplegadas, sin respeto por los muertos bajo los escombros.

Ajith Sunghay, que dirige la oficina de Derechos Humanos de la ONU para el territorio palestino ocupado, relató que la Defensa Civil palestina dice contar con una sola excavadora y verse a veces obligada a buscar con las manos, y estimó que a este ritmo harán falta al menos diez años más. «La conducta general de Israel hace casi imposible cualquier trabajo sistemático y a gran escala de búsqueda, recuperación e identificación», dijo.

Entre el 27 de junio y el 27 de agosto, las autoridades locales de Gaza recuperaron 233 de los 407 cuerpos que se cree yacen bajo 20 edificios destruidos, en su mayoría en Ciudad de Gaza y casi todos a mano. (ONU Noticias, 15 de septiembre de 2026)

El COGAT, organismo militar israelí que controla el acceso civil a Gaza, ha justificado esas restricciones por el riesgo de rearme de grupos terroristas. No respondió de inmediato a la ONU.

El resultado se mide en máquinas. Funcionarios y operadores dijeron a CBC que hay apenas una docena de excavadoras operativas en toda la Franja, y que las familias buscan con palas, carretillas y las manos. La Defensa Civil, según Sunghay, solo dispone de una. El jefe de la Defensa Civil, Raed al-Dahshan, dijo a Al Jazeera que con el equipo adecuado la recuperación podría completarse en unos noventa días y que sin él llevará años. El ejército israelí no respondió a CBC cuando se le preguntó por ataques contra maquinaria pesada en la Franja.

Quién maneja las máquinas que allanan el terreno está documentado a medias. The Times of Israel contó en 2025 que contratistas civiles contratados por el Ministerio de Defensa realizan de forma habitual demolición, ingeniería y logística en plena zona de guerra, entre ellas la retirada de escombros. Euro-Med, parte interesada en este debate, calcula en unas 400 las máquinas operadas por empresas civiles israelíes bajo protección militar y en al menos 10 millones de toneladas los escombros retirados o triturados. La cifra procede de un solo actor y no ha sido contrastada.

Las dos series de hechos, el veto a unas excavadoras y el despliegue de otras, no necesitan probar ninguna intención para existir. Basta con ponerlas una junto a otra. Una familia que busca a sus muertos con las manos y una base que se levanta donde pueden yacer restos humanos describen, vistas juntas, un mismo orden de prioridades. Esa es la lectura que aquí se defiende, y es una lectura, no un hecho establecido por ningún tribunal.

Lo que el derecho exige de los vivos hacia los muertos

El derecho internacional humanitario es explícito, aunque tenga límites. La regla 112 del estudio del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) sobre derecho consuetudinario, el que obliga a los Estados aunque no hayan firmado un tratado, exige a cada parte que, siempre que las circunstancias lo permitan, tome «todas las medidas posibles para buscar, recoger y evacuar a los muertos». La 116 obliga a registrar la información disponible antes de la inhumación y a señalar las tumbas. Según la 117, hay que dar cuenta de los desaparecidos e informar a sus familiares. El propio CICR aclara que son obligaciones de medios y no de resultado. El Alto Tribunal de Justicia de Israel lo dijo en 2002, en el caso de los restos mortales de Yenín, donde calificó la búsqueda de los muertos de acción humanitaria de gran importancia.

Janina Dill, de Oxford, precisó a CBC su alcance. Allanar una zona bombardeada solo es compatible con el derecho internacional si los muertos son recogidos, identificados y enterrados y si se preserva la evidencia necesaria para juzgar posibles crímenes de guerra. «Si se hace sin atender esas dos consideraciones, está absolutamente prohibido y es incompatible con las obligaciones de Israel bajo el Convenio de Ginebra», dijo. La condición es verificable, y el ejército no ha dicho cuántos cuerpos hallados desde el alto el fuego han sido devueltos a las familias.

Hay además una orden judicial. El 26 de enero de 2024, la Corte Internacional de Justicia (CIJ), principal órgano judicial de la ONU, dictó medidas cautelares en el proceso que Sudáfrica ha abierto contra Israel por la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio.

Israel debe adoptar medidas efectivas para prevenir la destrucción y asegurar la conservación de las pruebas relacionadas con las alegaciones de actos comprendidos en los artículos II y III de la Convención sobre el Genocidio. (CIJ, orden del 26 de enero de 2024, reafirmada el 28 de marzo y el 24 de mayo de 2024)

Conviene medir el alcance exacto de esa orden. Se refiere a las pruebas vinculadas con actos comprendidos en la Convención sobre el Genocidio, no a toda prueba de crímenes de guerra. Es una medida cautelar y no una sentencia, la Corte no ha resuelto el fondo, Israel rechaza la acusación de genocidio y, hasta donde ha podido verificarse, ningún pronunciamiento judicial ha constatado un incumplimiento de esa medida. Afirmar que Israel desafía abiertamente a la CIJ es una conclusión que ningún tribunal ha adoptado. Lo que consta es el texto de la orden y un terreno que cambia mientras el proceso sigue abierto.

La relatora especial de la ONU Francesca Albanese, sancionada por Estados Unidos tras criticar su política en Gaza, advirtió el 7 de septiembre de que la retirada de escombros podría borrar las huellas de crímenes atroces. «En la devastada Gaza, los escombros no son solo residuos de construcción. Son parte de una escena del crimen, un cementerio y el registro material de lo que ocurrió durante una brutal e insensata campaña de bombardeos que duró dos años», dijo. Avisó a los Estados y a las empresas que participen en el despeje de que podrían incurrir en responsabilidad penal internacional.

Lo que responde el ejército y lo que no dice

En una declaración a CBC, el ejército israelí sostuvo que despeja estructuras y desmantela infraestructura en Gaza por «necesidad táctica» y para «reducir el nivel de riesgo» que corren sus tropas, y que lo hace «de conformidad con la necesidad operativa, las disposiciones del derecho internacional y las directivas del ejército». Rechazó las acusaciones y aseguró que «trata con respeto y seriedad todo cuerpo hallado en la zona». No respondió a la pregunta de cuántos cuerpos encontrados bajo los escombros desde el alto el fuego han sido devueltos a los palestinos. Las familias entrevistadas por CBC dicen que nadie las contactó sobre la recuperación de los cuerpos, ni antes ni después de que se retiraran los escombros de sus casas.

HonestReporting Canada, grupo proisraelí de vigilancia mediática, reprocha a CBC presentar a Forensic Architecture como independiente sin mencionar que lo acusan de parcialidad. La objeción apunta a una fuente. No refuta las imágenes fechadas que la cadena analizó por su cuenta, ni a los funcionarios de la ONU.

Quedan fuera de lo documentado varias cosas que sería deshonesto presentar como establecidas. Ninguna fuente consultada prueba que el ejército haya omitido toda búsqueda de cuerpos antes de allanar un terreno, ni que haya triturado huesos bajo hormigón con la intención de borrarlos. CBC habla de restos humanos posibles y de pruebas potenciales, y los expertos de la ONU emplean el condicional. Tampoco consta la identidad de las empresas propietarias de las máquinas ni los términos de sus contratos. Es el cabo suelto más grave del expediente, porque esas empresas podrían responder penalmente.

Lo documentado basta para fijar los términos. Existen imágenes fechadas de barrios con muertos probables que fueron allanados y cubiertos con bases militares. Un alto funcionario de la ONU atribuye a Israel el veto sobre las máquinas capaces de buscar a esos muertos, y un ejército invoca la necesidad táctica y no responde cuántos cuerpos ha devuelto. Rige una orden judicial sobre la preservación de pruebas, y el calendario de la Corte fija la dúplica de Israel para mayo de 2029, tiempo de sobra para que el solar de una casa se convierta en otra cosa. Una tumba puede faltar. Lo que Faraj describe es que le quiten además el sitio donde habría estado, y con él la última razón para esperar. Dalal Faraj preguntó adónde se habían ido las casas y dónde estaban su marido y su hijo. A la primera pregunta respondió el satélite. La segunda no consta todavía en el expediente de nadie…

G.S.

Fuentes

Gabriel Schwarb

SOBRE EL AUTOR

Gabriel Schwarb

Gabriel Schwarb es el director fundador y editor en jefe de AcidReport, escritor suizo-colombiano con más de tres décadas de práctica profesional en dirección artística, desarrollo web y periodismo de investigación. El medio funciona como una asociación sin fines de lucro, regulada por el artículo 60 del Código Civil suizo, sin afiliación política, sin publicidad y sin financiación externa. Publica en español, francés e inglés, y cubre América Latina y Europa en espejo, explicando cada continente al otro.

Lo fundó convencido de que la victoria de Iván Duque sobre Gustavo Petro en 2018 no había sido limpia, una sospecha que el escándalo Ñeñe Hernández vino a reforzar, y de que la Colombia real no encontraba espacio en sus propios medios. Nacido como un puente informativo entre Colombia y Europa, el proyecto se amplió después a toda América Latina, y es leído hoy en el mundo entero. Su método combina verificación estricta de fuentes, trabajo de archivo y revisión pública de errores. No publica para agradar. Publica para responder.

Ver todos los artículos →

Deja un comentario