Se atribuye a AIPAC, el American Israel Public Affairs Committee, el poder de decidir la política de Washington hacia Israel, y ese poder se mide hoy en decenas de millones de dólares gastados contra congresistas concretos. Los archivos y la historiografía cuentan una historia más incómoda, tanto para quienes lo explican todo por el cabildeo como para quienes lo niegan. La alianza la levantaron presidentes, por razones de Guerra Fría, antes de que existiera el dispositivo que hoy la protege. Lo que el cabildeo añadió, y lo que cambió en 2021, es el precio que paga un político por desviarse. Este episodio reconstruye ese precio, sus límites y las razones por las que los resultados dispares del último año lo vuelven discutible.
El despacho de Kenen y la pregunta que el Senado dejó abierta
La organización que hoy se llama AIPAC nació como el brazo de presión del American Zionist Council, federación de entidades sionistas estadounidenses, y su director ejecutivo fue Isaiah Kenen. Las fuentes divergen sobre el año en que ese brazo tomó forma, entre 1951 y 1954 según el texto consultado, y aquí se sigue a Kobby Barda, que en Modern Judaism (2026), apoyado en los papeles de Philip Bernstein conservados en la Universidad de Rochester, sitúa la decisión en marzo de 1954.
Una organización que recibía dinero, aunque fuera de forma indirecta, de la Jewish Agency, el organismo que representaba al movimiento sionista mundial, planteaba de inmediato una pregunta jurídica.
La pregunta tiene nombre, la Foreign Agents Registration Act de 1938, ley que obliga a inscribirse a quien actúa en Estados Unidos por cuenta de un mandante extranjero. El 2 de agosto de 1963, la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, presidida por J. William Fulbright, examinó si los pagos de la Jewish Agency al Consejo, que Barda cifra en 1,5 millones de dólares entre 1955 y 1962, obligaban a registrar a la organización de Kenen. Un responsable de la agencia reconoció ante la comisión que esta pagaba suscripciones del Consejo, destinadas a distribuir material. No hubo sanción. AIPAC siguió operando como grupo de cabildeo interno, sin inscribirse como agente extranjero.
La interpretación de esos pagos sigue disputada. Grant F. Smith, a quien se debe la desclasificación de las actas de la audiencia, sostiene que AIPAC opera al margen del marco jurídico de la FARA. Barda reconoce ese mérito y discute, en cambio, que el boletín Near East Report sirviera de cobertura para blanquear dinero extranjero. Cita el testimonio de Kenen, según el cual las compras del Consejo nunca superaron el 23 % de los ejemplares, y concluye que el boletín fue un producto comercial. La pregunta que la audiencia dejó abierta reaparece cuatro décadas después bajo la pluma de Mearsheimer y Walt y sigue vigente, la de hasta qué punto una organización acusada de defender los intereses de otro Estado puede presentarse como cabildeo doméstico.
Una alianza que nació antes del cabildeo
La cifra que abre casi todos los debates sobre AIPAC es la ayuda, y conviene mirar su curva antes de atribuirle causa. Según el Congressional Research Service, el servicio de análisis del Congreso, entre 1949 y 1965 Israel recibió en promedio unos 63 millones de dólares anuales, más del 95 % en desarrollo económico y alimentos. Era la ayuda de un país pequeño y aislado, no la de un aliado estratégico.
El cambio ocurre en los años sesenta, y Douglas Little lo reconstruyó en 1993 con documentos desclasificados en el International Journal of Middle East Studies. En agosto de 1962 Kennedy ofrece los misiles antiaéreos Hawk a Ben Gurion a cambio de que Israel acepte el plan Johnson sobre los refugiados palestinos, y la venta se cierra en septiembre. El 23 de marzo de 1966 se autorizan 48 aviones A-4 Skyhawk por 72,1 millones, más lentos que los F-4 Phantom que Israel pedía. Los Phantom solo se conceden el 25 de noviembre de 1968, y a condición de que Israel renueve su compromiso de no ser el primero en dotarse de armas atómicas en Oriente Medio. Little sostiene que para Johnson, como para sus dos predecesores, combatir las guerras de liberación nacional y evitar la proliferación nuclear pesaban al menos tanto como ganar elecciones, y recuerda que en mayo de 1964 había decidido que la geopolítica debía prevalecer, por el momento, sobre la política interior. Un presidente que condiciona la venta de aviones a un compromiso sobre el programa nuclear del comprador no se comporta como un rehén.
Si la ayuda de los años sesenta se decidió en la Casa Blanca y en el Pentágono, la pregunta pertinente no es si el aparato creó la alianza, sino en qué momento pasó de espectador a garante de ella.
Tras la guerra de octubre de 1973 la curva se quiebra.
Según el Congressional Research Service, el Congreso aprobó 2.200 millones de dólares de ayuda de emergencia para Israel tras la guerra de octubre de 1973, de los cuales 1.500 millones fueron subvenciones militares, el mayor paquete de ayuda en subvenciones concedido hasta entonces a Israel, y los 700 millones restantes, un préstamo.
De ahí en adelante el volumen se acumula sin interrupción. El mismo servicio contabiliza 174.965 millones de dólares corrientes desde 1949 hasta el ejercicio de 2025, y el memorando firmado el 14 de septiembre de 2016 fija 38.000 millones para los ejercicios de 2019 a 2028. Ninguna de estas etapas se decidió con el dispositivo electoral de hoy, que no existía. Todas requirieron, en cambio, un Congreso dispuesto a votarlas, y ahí sí interviene el cabildeo, pues la ayuda se negocia en el Ejecutivo y se ejecuta con una votación legislativa.
Tres pruebas de fuerza, tres resultados distintos
El 28 de octubre de 1981, el Senado aprobó por 52 votos contra 48 la venta de aviones de alerta temprana AWACS a Arabia Saudita, a la que AIPAC y otras organizaciones judías se habían opuesto con vigor en público. David Tal, que trabajó en archivos israelíes y en la biblioteca Reagan (Diplomatic History, 2023), muestra que Reagan recibió a 45 senadores y consiguió que 19 cambiaran de posición, entre ellos Roger Jepsen, que se había opuesto a la venta. Muestra también, contra el consenso de la historiografía, que Israel no trató de bloquearla y que el gobierno de Begin la utilizó como moneda de cambio, pues la denunciaba en público mientras negociaba en privado compensaciones, entre ellas aviones F-15 y F-16 adicionales, acceso a información satelital y mejores condiciones de crédito. El cabildeo perdió el voto, y según Tal Israel obtuvo más ayuda militar y mayor cooperación estratégica.
En septiembre de 1991, George H. W. Bush pidió al Congreso aplazar 120 días el examen de 10.000 millones de dólares en garantías de préstamos para Israel, con el argumento de que la Casa Blanca necesitaba espacio para la conferencia de paz de Madrid, y advirtió que usaría su veto si era necesario. El 12 de septiembre se explicó ante la prensa.
Hoy me dijeron que hay algo así como mil lobistas en el Capitolio trabajando del otro lado de la cuestión. Aquí abajo tenemos a un solitario hombrecito intentándolo. (George H. W. Bush, conferencia de prensa del 12 de septiembre de 1991, traducción propia)
Las garantías se anunciaron el 11 de agosto de 1992 en Kennebunkport, después de que Yitzhak Rabin ganara las elecciones israelíes de junio y prometiera congelar nuevas construcciones en los asentamientos de Cisjordania y Gaza, condición que Washington había fijado (UPI). Bush perdió las elecciones de noviembre de 1992, y atribuir esa derrota a este pulso es una inferencia que ningún documento consultado para este episodio respalda.
Queda 2015. La oposición al acuerdo nuclear con Irán fue, según Elizabeth Drew (The New York Review of Books, 22 de octubre de 2015), una campaña de AIPAC y de organizaciones aliadas de la que se ha informado un gasto de hasta 40 millones de dólares, aunque algunas estimaciones son inferiores. Según Drew, hasta esa batalla AIPAC había actuado como una organización bipartidista, y al oponerse con vehemencia al acuerdo se convirtió en aliada de los republicanos en una pelea muy partidista. El 10 de septiembre, la votación para cerrar el debate sobre la resolución de rechazo, que exigía 60 votos, reunió 58 a favor y 42 en contra, y fracasó. El acuerdo sobrevivió a la revisión del Congreso, y Drew sostiene que la intromisión de Netanyahu en la política partidista estadounidense se volvió contra sus promotores.
Una prueba perdida pero aprovechada por el gobierno israelí, otra aplazada y condicionada, otra perdida sin atenuantes. Ninguna cabe en la fórmula de un lobby que siempre consigue lo que quiere, y las tres caben en la de una organización que encarece la contradicción.
La diferencia importa para el método. Medir el poder de un grupo de presión por sus votaciones conduce a error, porque las derrotas dejan huella en las actas y lo que un cabildeo consigue en silencio, evitando que una propuesta llegue siquiera a votación, no figura en ningún registro.
Del despacho a las urnas, y lo que las urnas devolvieron
Hasta 2021, AIPAC no había donado nunca directamente a candidatos federales, según Sludge. Presionaba a quienes votaban, y la financiación de las campañas corría por cuenta de otros donantes y comités. Ese año cambió de método. Constituyó AIPAC PAC el 15 de diciembre de 2021, un comité de acción política que solo puede donar hasta 5.000 dólares por candidato y por elección, y el 3 de enero de 2022 registró el United Democracy Project, un super PAC, es decir un comité que no puede donar a los candidatos pero sí recaudar y gastar sumas ilimitadas por su cuenta, de manera formalmente independiente de las campañas (FactCheck.org). La escala se lee en los registros de la Comisión Federal Electoral, la FEC. Entre el 1 de enero de 2025 y el 31 de julio de 2026, el United Democracy Project declaró ingresos por 107.542.702 dólares, gastos independientes por 50.927.163 y una reserva de 59,1 millones en caja. Según FactCheck.org, su recaudación ya superaba en junio, con unos 104 millones, el total de todo el ciclo de 2024, 87,1 millones. En el ciclo de 2024 gastó cerca de 9,9 millones contra Jamaal Bowman y más de 5,2 millones contra Cori Bush, y ambos perdieron. FactCheck no atribuye esas derrotas al dinero, y este episodio tampoco lo hará, porque una primaria admite demasiadas causas.
El ciclo de 2026 ofrece un archivo más ambiguo. En Kentucky, la primaria republicana del 19 de mayo enfrentó al congresista Thomas Massie, crítico de la ayuda a Israel, con Ed Gallrein, el candidato respaldado por Trump. Se gastaron 37 millones, un récord para unas primarias de la Cámara según Louisville Public Media, y Massie perdió por diez puntos. El United Democracy Project puso 4,1 millones, en su mayoría en anuncios de ataque contra Massie, y MAGA KY, un comité formado por asesores de campaña de Trump que atacó al congresista durante casi un año, 7,4 millones.
Atribuir la caída de Massie a AIPAC solo, con el presidente respaldando a su rival y sus asesores financiando los ataques, sería confundir una coincidencia de intereses con una causa.
En Michigan, el 4 de agosto, Abdul El-Sayed ganó la primaria demócrata al Senado frente a Haley Stevens por un margen cercano a un punto, según Al Jazeera. El United Democracy Project había invertido 30,6 millones a favor de Stevens y contra El-Sayed según Sludge, la mayor suma que ha destinado a una sola contienda, y según Al Jazeera El-Sayed se impuso frente a más de 60 millones de gasto, en su mayoría de grupos proisraelíes. En el distrito 11 de Nueva Jersey gastó más de dos millones contra Tom Malinowski en la primaria especial del 5 de febrero, y ganó Analilia Mejia, a quien ese gasto no buscaba favorecer, pues según NBC News fragmentó el voto moderado.
Existe además un mecanismo menos visible. Según FactCheck.org (2026), el United Democracy Project canalizó más del 40 % de lo gastado en primarias de ambos partidos durante el ciclo de 2026 a través de comités efímeros y comités relevo, que dificultan seguir su huella. Los totales publicados tampoco coinciden, porque miden cosas distintas. Sludge cuenta 104,3 millones de gasto del PAC y del super PAC juntos en el ciclo de 2026, y la FEC registra 77 millones de desembolsos del segundo entre enero de 2025 y julio de 2026. Ninguna de las dos cifras incluye a los comités aliados que no dependen de AIPAC, como Democratic Majority for Israel. El dinero llega, por último, a un electorado que se mueve, y un legislador que calcula su riesgo lee a la vez el dinero y las encuestas. En febrero de 2026, Gallup registró que el 41 % de los estadounidenses simpatizaba más con los palestinos y el 36 % con los israelíes, una diferencia sin significación estadística, pero que un año antes era de 46 % a 33 % a favor de los israelíes. Entre los demócratas, el 65 % se decantaba por los palestinos y el 17 % por los israelíes. Entre los republicanos, el 70 % por los israelíes y el 13 % por los palestinos.
Lo que los historiadores discuten, y lo que ningún archivo puede decidir
La tesis que colocó al cabildeo en el centro del debate público la formularon John Mearsheimer y Stephen Walt en la London Review of Books del 23 de marzo de 2006. Definen el Lobby como una coalición laxa de individuos y organizaciones que orientan la política exterior estadounidense en sentido proisraelí, aclaran que no es un movimiento unificado ni una conspiración como la de los Protocolos de los Sabios de Sion, y sostienen que ni el valor estratégico de Israel durante la Guerra Fría ni el imperativo moral ligado a la persecución de los judíos bastan para explicar el nivel del apoyo. De AIPAC escriben que es «un agente de facto de un gobierno extranjero» con un control férreo del Congreso, y añaden que sus miembros hacen lo que hacen otros grupos de interés, pero mucho mejor (traducción propia).
Las réplicas más sólidas no vienen de quienes lo niegan todo. Itamar Rabinovich, embajador de Israel en Washington a mediados de los años noventa y por tanto parte interesada, admite en Brookings (2008) que la política interior y el cabildeo cuentan para el tono y el momento, pero sostiene que las decisiones de fondo las toman presidentes atentos a factores estratégicos, y cita a Aaron David Miller, que no recuerda ninguna decisión importante ligada a la llamada de un lobista. Chris Toensing y Mitchell Plitnick, en MERIP (2007), desde una posición crítica con Israel, llegan a una conclusión parecida por otra vía. Recuerdan que los responsables veían Oriente Medio a través del prisma de la Guerra Fría, que las grandes instituciones proisraelíes surgen en los años de Reagan, con la alianza ya asentada, y que la política estadounidense muestra continuidades desde Truman. Kenneth Stein, de Emory, cita por su parte las memorias de Zbigniew Brzezinski, Power and Principle (1983), donde el consejero de seguridad de Carter describe la venta simultánea de aviones a Egipto, Arabia Saudita e Israel como una estrategia para paralizar al poderoso lobby israelí en el Capitolio. El testimonio confirma dos cosas a la vez. El lobby existe, y los responsables lo tratan como un obstáculo que se rodea, no como un amo.
Lo que los documentos permiten afirmar es incómodo para los dos campos. El cabildeo proisraelí es una institución real, con financiación creciente y métodos que desde 2021 incluyen el gasto electoral directo contra legisladores concretos. Es eficaz en el margen, donde encarece la disidencia individual y protege el statu quo cuando el asunto no ocupa a un presidente. No fabricó la alianza, que se estableció por razones de Guerra Fría y sobrevivió a batallas perdidas como las de 1981 y 2015. Lo que ningún archivo puede establecer, porque la historia no ofrece contrafactuales, es cuánta ayuda se habría concedido sin él. Esta es la posición del episodio, apoyada en lo que Little, Tal y Drew documentan y no en una demostración cuantitativa imposible.
Cada derrota visible enseña lo que antes solo se suponía, que el castigo no es automático, y una amenaza que deja de ser segura pierde buena parte de su valor. Queda la alianza misma, anterior al aparato, sostenida por una arquitectura de subvenciones que un cambio de opinión pública tarda años en desmontar, si llega a desmontarla. El episodio siguiente sale de Washington, porque la impunidad diplomática que esta serie describe no descansa en un solo aliado, y Europa ha puesto de su parte lo que le correspondía…
G.S.
Fuentes
- Kobby Barda, Senator Fulbright’s 1963 AIPAC Hearing, Modern Judaism 46(2), 2026
- Douglas Little, The Making of a Special Relationship, International Journal of Middle East Studies, 1993
- David Tal, An Arms Deal as a Bargaining Chip, Diplomatic History 47(4), 2023
- American Presidency Project, George Bush’s News Conference, 12 de septiembre de 1991
- UPI, Bush strikes Israel loan deal with Rabin, crónica fechada el 12 de agosto de 1992
- Elizabeth Drew, How They Failed to Block the Iran Deal, The New York Review of Books, 22 de octubre de 2015
- NPR, Vote to down Iran nuclear deal fails in Senate, 10 de septiembre de 2015
- Congressional Research Service, U.S. Foreign Aid to Israel (RL33222), edición de 2007
- Congressional Research Service, U.S. Foreign Aid to Israel (RL33222), edición de 2019
- Congressional Research Service, U.S. Foreign Aid to Israel (RL33222), edición de 2025
- John Mearsheimer y Stephen Walt, The Israel Lobby, London Review of Books, 23 de marzo de 2006 (copia Pomona College)
- Itamar Rabinovich, Testing the Israel Lobby Thesis, Brookings, 2008
- Chris Toensing y Mitchell Plitnick, The Israel Lobby in Perspective, MERIP, 26 de junio de 2007
- Kenneth W. Stein, U.S.-Israeli Relations 1947-2010, The View from Washington, en A. Wittstock (ed.), The World Facing Israel, Frank und Timme, 2011
- Federal Election Commission, United Democracy Project (C00799031)
- FactCheck.org, United Democracy Project, 2024
- FactCheck.org, United Democracy Project, 2026
- Sludge, AIPAC tops $100 million in election spending for second straight cycle, 3 de agosto de 2026
- Louisville Public Media, A record-shattering $37M was spent on Kentucky’s Massie-Gallrein race, 17 de julio de 2026
- Al Jazeera, Abdul El-Sayed wins Michigan Democratic primary for Senate, 5 de agosto de 2026
- NBC News, Pro-Israel super PAC losing bet in New Jersey Democratic primary, 2026
- Gallup, Israelis no longer ahead of Palestinians in Americans’ Middle East sympathies, febrero de 2026



