En un plató de CNews, el sociólogo Michel Maffesoli declaró hace poco que el periodismo apesta, que los periodistas repiten lo que conviene repetir y que un conformismo, al que llamó lógico citando mal a Durkheim, ha sustituido el pensamiento propio por el eco. La frase circula desde hace años bajo formas casi idénticas, en CNews, en TVL, en Frontpopulaire, siempre rematada con el mismo pronóstico, la sangre va a correr. El diagnóstico del hedor no es falso. Basta con abrir cualquier registro mercantil de sociedades para confirmarlo, sin necesidad de citar a nadie. Lo que falla es la explicación, una cobardía colectiva de periodistas convertidos en loros, cuando lo que existe es una arquitectura de propiedad medible, con un objetivo político tan preciso como su balance contable. En Francia y en Colombia, dos países que no comparten ni escala ni vocabulario de crisis, esa arquitectura trabaja en direcciones inversas pero con la misma lógica de fondo.
Nueve fortunas, tres fortunas, la misma mecánica
En Francia, un puñado de fortunas concentra la prensa diaria nacional, cinco multimillonarios poseen el 93% de los títulos según una propuesta de ley de la diputada ecologista Sophie Taillé-Polian, y nueve de cada diez ejemplares vendidos en el país pertenecen a un puñado de grandes fortunas, según una investigación independiente. Entre ellas, Vincent Bolloré controla Canal+, CNews, C8, Europe 1, el Journal du Dimanche y Paris Match, además del 74% del mercado de manuales escolares. Desde que compró CNews en 2016, la cadena pasó del 0,7% de cuota de pantalla en 2017 al 2,8% en mayo de 2024, superando por primera vez a BFMTV, mediante una línea editorial centrada en criminalidad e inmigración. El regulador audiovisual, Arcom, la multó con 200.000 euros en 2021 por comentarios sobre menores migrantes y con 50.000 euros en 2024 por falta de honestidad informativa, y el Consejo de Estado, la más alta corte administrativa francesa, ordenó por separado en febrero de 2024 que Arcom se pronunciara de nuevo sobre si la cadena respeta sus obligaciones de pluralismo, una orden procesal, no una condena. El Journal du Dimanche, del mismo grupo, tituló en portada una entrevista amable al presidente del Rassemblement National, Jordan Bardella, “Mon ambition pour la France” (“Mi ambición para Francia”). Esa estrategia no es errática, tiene una dirección política medible y rentable, algo que el propio Bolloré niega, ante el Senado francés declaró en 2022 que no había “ninguna ideología política” en sus medios y que sus inversiones respondían a criterios puramente económicos, una defensa que la multa, la orden del Consejo de Estado y la portada dedicada a Bardella contradicen en los hechos. Ese entrelazamiento interno funciona de manera muy concreta en un grupo como este, donde una misma controversia puede nacer en CNews, ser retomada por Europe 1, ilustrada en Paris Match y convertida en editorial del Journal du Dimanche en cuestión de horas, sin que ninguna de esas instancias funcione como control independiente de las demás, todas responden en última instancia al mismo accionista. Bernard Arnault posee el 90% de la prensa económica, L’Opinion, L’Agefi, Challenges. La familia Dassault tiene Le Figaro. Martin Bouygues, TF1 y LCI. Rodolphe Saadé compró BFM, RMC y La Provence. Xavier Niel controla el 15% de Le Monde, dos décadas después de haber sido uno de los financistas fundadores de Mediapart en 2008, lo cual no impide que hoy sea, también él, accionista de un diario histórico. Patrick Drahi es dueño de Libération. Daniel Křetínský tiene Marianne y Elle.
Colombia reproduce la concentración con menos actores y menos capital, no con menos intensidad. Luis Carlos Sarmiento, la primera fortuna del país, le compró El Tiempo a la familia Santos. Alejandro Santo Domingo, la segunda, controla Caracol Televisión, El Espectador y la radio Blue, después de haber vendido Caracol Radio al grupo español Prisa, una prueba de que abandonar un segmento del negocio mediático no implica ningún repliegue de la lógica de concentración, solo un reacomodo dentro de ella. La familia Ardila Lülle mantiene RCN Radio y La República. Ninguna de las tres familias hizo su fortuna en el periodismo, los Sarmiento vienen de la banca, a través del Grupo Aval, los Santo Domingo de la cerveza y las bebidas, los Ardila Lülle de los refrescos y el azúcar, la prensa llegó después, como una pieza más de una diversificación mucho más amplia. El reverso de esa concentración también es medible, según una investigación de La Silla Vacía retomada por la revista Cambio, el gobierno de Gustavo Petro dejó de invertir pauta oficial en los medios privados tradicionales y la concentró por completo en el Sistema de Medios Públicos, RTVC. Cuando la información queda en manos de un puñado de fortunas, quien gobierna en su contra no negocia espacio dentro de esa infraestructura, construye una paralela. Es la misma lógica de propiedad que en París amplifica a la extrema derecha desde adentro, operando en Bogotá desde afuera.
En Francia, el 51% de los medios impresos y digitales pertenece a sociedades del sector financiero y asegurador, con una estructura accionarial promedio de 2,5 capas y seis nodos que dificulta identificar al propietario final, según Reporteros Sin Fronteras.
Redacciones que se vacían, por métodos distintos
La misma arquitectura de propiedad ayuda a explicar lo que sigue, decisiones tomadas por matrices diversificadas para las que la redacción es una línea de costos entre muchas otras, no la fuente principal de su fortuna. En Francia el vaciamiento avanza por automatización y plan social. Cerca de 1.000 empleos desaparecieron entre 2025 y 2026 en catorce grupos de prensa. Prisma Media eliminó 261 de sus 650 puestos, el 40% de la plantilla. Centre France recortó un 10%. En Infopro Digital, diecinueve periodistas fueron reemplazados por cinco puestos de edición encargados de supervisar textos generados por inteligencia artificial. El diario L’Est Républicain publica miles de artículos redactados por IA desde 2023, sin advertirlo a sus lectores. El 18 de junio de 2026, periodistas de varios grupos salieron a la calle en París, Toulouse y Montpellier, la primera huelga de este tamaño contra la automatización de las redacciones.
En Colombia el vaciamiento avanza por precariedad y despido directo. Según la Fundación para la Libertad de Prensa, W Radio y Caracol Radio despidieron a 42 personas en 2025. El Tiempo recortó unos 80 puestos. El Espectador disolvió por completo su unidad de investigación, 13 periodistas. RCN cerró su radio tras fusionar sus emisoras. La encuesta nacional de FLIP y Cifras & Conceptos, del mismo año, midió que el 56% de los periodistas colombianos gana menos de tres millones de pesos mensuales, que solo el 44% tiene contrato permanente y que el 62% admite autocensurarse, abandonar temas o pensar en dejar la profesión.
Lo que Durkheim no dijo y lo que el miedo añade
Durkheim, en Las formas elementales de la vida religiosa, llamó conformismo lógico a la adhesión colectiva a las categorías de pensamiento que hacen posible la inteligencia común, una tesis sobre las condiciones sociales de la cognición. Maffesoli le hace decir otra cosa, la sumisión de los periodistas a un guion impuesto, un salto que ya practicó con Nietzsche, a quien atribuye con regularidad una frase sobre el hedor del periodismo cuya autenticidad ni sus propios lectores logran confirmar. Treinta años antes de que Maffesoli subiera a ese plató, Pierre Bourdieu ya había descrito el mecanismo real en Sobre la televisión, una circulación circular de la información entre medios que se citan entre sí, sometidos a la misma presión de audiencia y de anunciante. Bourdieu hablaba de la presión del rating y del anunciante, treinta años después esa misma presión se mide en clics, en tiempo de permanencia y, cada vez más, en el costo por palabra que un modelo de lenguaje permite ahorrar, la lógica no cambió, solo se volvió más eficiente en extraer valor con menos personas. El conformismo no nace de una debilidad de carácter, nace de un balance que exige rentabilidad inmediata y, cada vez más, una orientación política que esa rentabilidad hace posible.
En Colombia esa presión estructural añade una capa que Francia no conoce en la misma escala, el miedo físico. FLIP documentó 469 agresiones contra 305 periodistas en 2025, catorce desplazamientos forzados, siete exilios y un asesinato. Donde el Estado de derecho es más débil, la misma lógica que en París se traduce en despido, en un algoritmo que ocupa un puesto o en una portada amable a la extrema derecha, en Bogotá puede traducirse en una amenaza de muerte. Es el mismo mecanismo de propiedad concentrada llevado a su consecuencia más extrema y más brutal, no un fenómeno distinto ni ajeno al anterior.
La confianza global en los medios cayó al 37% en 2026, su nivel más bajo desde 2015, y por primera vez las plataformas de terceros superaron a las fuentes directas como puerta de entrada a la información, según el Digital News Report del Reuters Institute.
Un contable, no un profeta
Francia y Colombia muestran, en esto, las dos caras de una misma moneda, la concentración amplifica desde dentro cuando sirve al poder establecido, y expulsa desde fuera cuando no le sirve. Ese hundimiento de la confianza no ocurre en el vacío. Un 27% de los usuarios globales ya recurre a creadores de contenido para informarse sobre la actualidad, y uno de cada diez consulta directamente a un chatbot de inteligencia artificial, con una confianza que no llega al 20%, más baja aún que la de los medios tradicionales de los que dice desconfiar. Ese uso se duplicó en un año en Grecia, España y Corea del Sur, mientras se estancaba en Francia, Alemania, el Reino Unido y Estados Unidos, una geografía que coincide, no por azar, con la de los sistemas de prensa más golpeados por la concentración y los despidos descritos antes. Conviene recordar además quién pronuncia el diagnóstico sobre CNews. Maffesoli dirigió en 2001 la tesis doctoral de la astróloga Élizabeth Teissier en la Sorbona, un episodio que buena parte de la comunidad académica francesa señaló durante años como ejemplo de desprecio por el método científico. La revista Slate lo describió como el troll de la sociología francesa, y Acrimed, el observatorio crítico de medios, lo calificó de experto de pacotilla, precisamente por su costumbre de presentarse en plató con autoridad de Sorbona para sostener afirmaciones que esa misma autoridad debería impedir. No se trata de descalificar al mensajero para evitar el mensaje, el hedor del periodismo sigue siendo real, pero vale la pena notar que la fórmula funciona porque combina una autoridad académica ya erosionada con una autoridad ajena mal citada, Durkheim, Nietzsche, para vestir de análisis lo que en el fondo es una opinión de sobremesa repetida durante tres años en los mismos platós.
Maffesoli no necesita a Durkheim ni a Nietzsche para lo que en realidad está diciendo. Le bastaría con un registro mercantil, una hoja de cálculo y una sentencia judicial por falta de pluralismo. Pero nombrar la cobardía de un gremio resulta gratis y hasta aplaudido, mientras que nombrar al propietario del canal donde se sienta, multado dos veces por el regulador y bajo escrutinio del Consejo de Estado por falta de pluralismo, tiene un costo que él, con toda evidencia, no está dispuesto a pagar. El periodista sumiso que describe existe, nadie lo niega aquí, pero es el producto final de una cadena que empieza mucho antes, en la sala de juntas donde se decide comprar un diario, cerrar una emisora o titular con simpatía a un candidato de extrema derecha. Confundir el síntoma con la causa no es un error de sociólogo distraído, es una forma cómoda de mirar hacia otro lado, particularmente rentable cuando se practica en directo sobre la pantalla de quien más se beneficia de esa confusión. La sangre que Maffesoli anuncia con tanta seguridad, si algún día corre, no correrá por culpa de periodistas cobardes. Correrá, si corre, por la misma razón por la que hoy hay menos periodistas, menos investigación y menos preguntas incómodas, porque alguien decidió, con nombre y apellido, que la información rinde más como arma política o como activo financiero que como servicio público…
G.S.
Fuentes
- Who owns the media in France?
- 9 milliardaires détiennent 90% de la presse française
- Billionaire Vincent Bolloré, the French Murdoch, steered Le Pen’s far right to the verge of power
- Suppressions d’emplois, encadrement de l’IA, concentration des médias, pourquoi la presse se met en grève
- Overview and key findings of the 2026 Digital News Report
- El emporio mediático de los tres más ricos de Colombia
- ¿Cuánto periodismo puede perder una democracia?
- Petro les corta la publicidad a los medios y la gasta en RTVC
- Gobierno Petro concentra sus gastos de pauta publicitaria en RTVC y destina poco a medios privados
- Pluralisme et independance de l’information, l’Arcom devra se prononcer a nouveau sur le respect par CNews de ses obligations
- Devant les senateurs, Vincent Bollore assure qu’il n’y a aucune ideologie politique dans ses medias
- Michel Maffesoli sur CNEWS
- Michel Maffesoli, le troll de la sociologie française
- Michel Maffesoli, « expert » sociologique de pacotille



