Múnich Re, el mayor reasegurador del mundo, cerró el primer semestre de 2026 con 44.000 millones de dólares en pérdidas aseguradas por catástrofes naturales a nivel global, una cifra que la propia empresa describe como moderada frente al promedio de la última década. Dentro de esa contabilidad fría hay una jerarquía que rara vez se nombra. Un incendio en Los Ángeles se traduce en un número exacto, código postal por código postal, cuarenta mil millones de dólares según el cálculo de Swiss Re, el mayor siniestro por incendio forestal jamás asegurado en la historia. Un incendio en la Amazonía colombiana no se traduce en ningún número, porque la tierra que arde ahí nunca tuvo dueño registrado que pudiera comprar una póliza. El mismo ojo global que calcula uno no ve el otro, y esa ceguera selectiva no es un accidente del sistema, es el sistema funcionando exactamente como fue diseñado.
El fuego no es una anomalía local este año. Grecia evacuó pueblos enteros cerca de Atenas mientras dos megaincendios calcinaban más de 16.000 hectáreas en una sola semana. Chile enterró a 21 personas en enero, después de que las llamas arrasaran 45.000 hectáreas en las regiones de Biobío y Ñuble y obligaran a evacuar a 50.000 habitantes. A escala planetaria, los primeros cuatro meses de 2026 ya sumaban más de 150 millones de hectáreas quemadas, un 20 por ciento por encima del récord anterior, con África y Asia liderando el aumento. Ninguna de estas cifras necesita ser exagerada para resultar alarmante. Lo que este texto busca no es sumar otra cifra a la lista, sino preguntar quién decide, entre todas esas hectáreas, cuáles cuentan como pérdida y cuáles simplemente desaparecen sin dejar registro.
El ojo que calcula
El mecanismo es sencillo, como lo son todos los mecanismos de extracción bien diseñados. Múnich Re y Swiss Re no improvisan sus cifras, las construyen con modelos que cruzan temperatura, humedad del suelo, densidad de vegetación y valor catastral, hasta llegar a una cifra por parcela. En California ese ejercicio ya tiene resultados visibles. State Farm dejó de emitir nuevas pólizas de vivienda en el estado, Allstate hizo lo mismo, y State Farm no renovó cerca de 72.000 contratos en los códigos postales de mayor riesgo. Cuando los incendios de Los Ángeles de enero de 2025 devastaron los barrios de Pacific Palisades y Eaton, el FAIR Plan, el asegurador estatal de último recurso que absorbe a quienes el mercado privado ya rechazó, tuvo que exigir mil millones de dólares a las aseguradoras miembro para cubrir pérdidas cercanas a los cuatro mil millones. No hubo sorpresa en ese número. Estaba calculado desde antes.
Ese mismo software actuarial ya había hecho ejercicios idénticos en Australia durante la temporada de incendios de 2019 y 2020, y en Canadá en 2023, dos países con catastro digitalizado, mercado de seguros maduro y estadísticas de propiedad completas desde hace décadas. En ningún caso el reasegurador tuvo que inventar metodología nueva, solo aplicar el mismo modelo a un catastro que ya existía. La precisión no depende del tamaño del incendio, depende de que exista, de antemano, un archivo que diga cuánto vale cada hectárea y quién es su dueño legal.
Múnich Re ya advirtió que la segunda mitad de 2026 concentra un riesgo adicional, El Niño empuja la sequía y el fuego en Australia, Centroamérica y el sur de África, mientras Europa enfrenta un verano de calor extremo. La empresa lo dice en un comunicado técnico, sin urgencia retórica, como quien anuncia el clima. Es la misma frialdad con la que dos años antes había fijado el precio exacto de un barrio de Los Ángeles.
Francia decide no ver una catástrofe
Francia no necesitó ningún mercado en pánico para llegar a un resultado parecido. El país acumulaba casi 98.000 hectáreas quemadas hasta el 28 de julio de 2026 según el propio ministro del Interior, Laurent Nuñez, y otras mediciones satelitales ya hablaban de 115.000 hectáreas recorridas por el fuego en la misma fecha. El récord absoluto anterior, 66.000 hectáreas en todo el año 2022, quedó pulverizado en cuestión de días. Tres olas de calor sucesivas en mayo, junio y julio, sobre una sequía que las autoridades ya califican de histórica, dejaron a las Landas con más de 42.000 hectáreas calcinadas.
Francia registró casi 98.000 hectáreas quemadas hasta el 28 de julio de 2026, un récord histórico que pulverizó en apenas unos días el techo anterior de 66.000 hectáreas fijado en 2022, según el Ministerio del Interior francés.
Y sin embargo el incendio forestal no figura entre los riesgos cubiertos por el régimen CatNat, el mecanismo público que indemniza catástrofes naturales en Francia. La ley de 1982 que creó el régimen, ampliada en 2021 para incluir los riesgos calificados como no asegurables, dejó fuera al fuego de forma deliberada, porque el Estado lo clasifica como un riesgo ordinario, cubierto por la garantía incendio de cualquier póliza de hogar, no como una catástrofe que merezca solidaridad nacional. Es la misma lógica actuarial que Múnich Re aplica después de contar los muertos y las hectáreas, pero aplicada por adelantado, sin necesidad de que ninguna aseguradora entre en pánico ni se retire de nada. El Estado ya decidió, antes de que ardiera un solo árbol, que este incendio en particular no cuenta.
La ley del 10 de julio de 2023 añadió otra capa silenciosa. Condicionó la venta de un terreno arbolado al cumplimiento de las obligaciones de desbrozado, y en las zonas rojas de los planes de prevención de riesgo de incendio, la reconstrucción idéntica de una vivienda destruida puede ser rechazada o condicionada de forma tan estricta que en la práctica equivale a un rechazo. Nadie tiene que decirle a un propietario que su tierra ya no vale nada. La ley se lo dice sin necesidad de pronunciar esa frase.
El resultado práctico es una geografía silenciosa de zonas rojas donde la propiedad sigue existiendo en el papel pero deja de tener uso posible. Nadie expropia, nadie compra a precio de saldo, nadie necesita presentarse como comprador interesado. La ley simplemente congela el terreno en un estado de propiedad vacía, sin uso legal reconstruible, hasta que el propietario original se cansa y lo abandona por su cuenta. Es una forma de despojo que no requiere violencia ni transacción, solo tiempo y paciencia administrativa.
La Amazonía donde nada está escrito
En la Amazonía colombiana el mecanismo se invierte por completo, y ahí es donde el ojo de Múnich deja de ver. La Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible documentó la pérdida de 788.313 hectáreas de bosque amazónico entre 2016 y 2023, de las cuales 545.000 correspondían a tierras baldías, terrenos que en teoría pertenecen a la Nación pero que Colombia nunca inventarió ni tituló de forma sistemática en toda su historia republicana. Solo en las dieciséis municipalidades que conforman el llamado Arco de Deforestación Amazónico se convirtieron 505.000 hectáreas de bosque natural en pastizales entre 2018 y 2022, a través de 19.000 kilómetros de vías ilegales abiertas para sostener ese avance.
La desmovilización de las FARC en 2016 no cerró ese vacío, lo hizo más evidente. El territorio que antes controlaba la guerrilla como autoridad de facto, con sus propias reglas sobre quién podía talar y quién no, quedó abierto a colonos, ganaderos y disidencias armadas sin que el Estado colombiano llegara a tiempo con un catastro, un título o siquiera una presencia institucional mínima. El Ideam y organizaciones internacionales como International Crisis Group han documentado ese patrón, el fin de un conflicto no trajo automáticamente el orden legal que se le atribuye, trajo una carrera nueva por ocupar la tierra que el conflicto anterior mantenía, paradójicamente, menos accesible.
Según la FCDS, el fuego es el principal instrumento utilizado para apropiarse de tierras baldías de la Nación deforestadas con el fin de establecer ganaderías en la Amazonía colombiana.
El Ideam identificó la praderización, la conversión sistemática de bosque en pasto para consolidar la posesión de un terreno robado, como la causa principal de la deforestación amazónica, por encima de los cultivos ilícitos o la minería. La Silla Vacía ha documentado que quienes acaparan estas tierras no son colonos empobrecidos sino personas con capital acumulado en zonas urbanas, que ven en la praderización un instrumento de inversión antes que de subsistencia. El ganado, en buena parte de esos casos, es casi un pretexto, la expansión de los pastizales se asocia más con la especulación sobre la tierra misma que con la cría efectiva de reses, y en las zonas críticas del arco de deforestación hasta el ochenta por ciento de lo talado termina convertido en pastura ilegal sin que eso implique una actividad ganadera real y sostenida. La Amazonía concentra hoy entre el sesenta y el sesenta y ocho por ciento de toda la deforestación del país, más de 300.000 hectáreas perdidas solo en los últimos cuatro años.
Ningún reasegurador necesita retirarse de este mercado porque este mercado, en el sentido que Múnich Re reconoce, no existe. No hay póliza que cancelar donde nunca hubo póliza que emitir. El fuego no compite ahí contra un cálculo actuarial, compite contra un vacío catastral que el Estado colombiano arrastra desde su fundación, y en ese vacío gana siempre quien llega primero con una motosierra y un rebaño.
Lo que un mismo ojo ve y no ve
Las tres escenas comparten un solo fuego, la misma temporada de calor extremo empujada por el cambio climático, pero producen tres formas distintas de despojo según el grado de visibilidad institucional de cada territorio. En California el mercado ve con precisión total y se retira dejando un rastro contable perfectamente documentado, códigos postales, millones de dólares, comunicados de prensa. En Francia el Estado se adelanta al mercado y decide por ley que ciertos riesgos no cuentan como catástrofe, lo que permite gestionar el abandono sin que ninguna aseguradora cargue con la culpa pública de una cancelación. En la Amazonía colombiana no hay mercado ni ley que clasificar, porque no hay registro previo del cual partir, y ese vacío no es neutral, es la condición misma que permite que el fuego funcione como título de propiedad de facto.
La diferencia entre las tres escenas no es climática, las tres comparten el mismo verano recalentado. La diferencia es quién queda del lado correcto del archivo. En California, quien tenía una hipoteca y una dirección postal reconocida perdió cobertura pero conservó, al menos, un expediente que demuestra lo que tenía. En Francia, quien poseía un título de propiedad legal conservó ese papel aunque el terreno haya dejado de servir para algo. En la Amazonía colombiana, quien nunca tuvo papel alguno no pierde una cobertura ni un valor de reventa, pierde directamente la posibilidad de demostrar, ante cualquier institución futura, que esa tierra fue alguna vez suya.
La propia advertencia de Múnich Re sobre la segunda mitad de 2026 nombra Australia, Centroamérica y el sur de África como las próximas zonas de riesgo por El Niño. Son, en su mayoría, geografías con el mismo problema estructural que la Amazonía colombiana, catastros incompletos, títulos de propiedad informales o inexistentes, poblaciones rurales que ningún actuario en Múnich va a poder tarifar porque no hay ningún archivo del cual partir. El reasegurador ya sabe, en términos climáticos, dónde va a arder el próximo fuego. Lo que no sabe, ni puede saber con sus propias herramientas, es a quién pertenece la tierra que se va a quemar.
Múnich Re seguirá publicando sus cifras cada semestre, cada vez más altas, cada vez mejor calculadas. Ese cálculo seguirá siendo exacto exactamente donde el poder ya escribió su nombre sobre la tierra, y seguirá siendo ciego exactamente donde ese poder decidió, hace generaciones, no escribir nada…
G.S.
Fuentes
- Insured losses from nat cats reached $44bn in H1’26, Munich Re
- Swiss Re estima que las catástrofes naturales costarán a las aseguradoras al menos 148.000 millones en 2026
- Thousands of Los Angeles homeowners were dropped by their insurers before the Palisades Fire
- Près de 98 000 hectares détruits par des incendies en France depuis le début 2026, un “record historique”
- 115.000 ha parcourus, France, incendies monstres et canicule
- Incendies en France, pourquoi le régime CatNat ne les indemnise pas comme catastrophes naturelles
- LOI n° 2023-580 du 10 juillet 2023 visant à renforcer la prévention et la lutte contre l’intensification et l’extension du risque incendie
- Ganadería en la Amazonía colombiana, impacto en la deforestación y crecimiento de hatos, FCDS
- La campaña deja en segundo plano los mercados que destruyen el bosque, La Silla Vacía



