AÑO II  ·  No. 624  ·  LUNES 31 DE AGOSTO DE 2026

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EDITORIALPRENSA

Votar no es un acto de esperanza

Votar no es un acto de esperanza. Esa es la primera mentira que hay que desmontar. La esperanza es una emoción, y las emociones son manipulables, agotables, reversibles. Los que quieren que no votes cuentan con tu agotamiento. Cuentan con que cuatro años de reformas incompletas, de violencia persistente, de promesas que la realidad fue reduciendo hasta hacerlas casi irreconocibles, te hayan convencido de que el gesto no vale lo que cuesta. Esa es la operación más sofisticada de la derecha colombiana, más sofisticada que cualquier encuesta amañada o cualquier campaña del miedo, la de hacerte creer que el desencanto es una forma de lucidez.

No lo es. El desencanto es simplemente otro nombre para la derrota preventiva.

Hay una pregunta más vieja que la democracia colombiana, más vieja que la República, que reaparece cada vez que una sociedad llega a un momento como este. No es quién merece ganar. Es qué tipo de olvido está dispuesta a aceptar. Colombia tiene una relación particular con esa pregunta porque ha construido su historia moderna sobre una capacidad extraordinaria para normalizar lo que en cualquier otro contexto sería escandaloso. El exterminio de un partido político completo fue absorbido por la vida cotidiana sin que el país se detuviera. Los falsos positivos, jóvenes asesinados por el ejército y presentados como guerrilleros, fueron absorbidos. El paramilitarismo como política de Estado fue absorbido. Cada vez que algo fue normalizado, alguien tomó la decisión de que seguir viviendo era más urgente que seguir recordando. Y cada vez que alguien tomó esa decisión, el siguiente horror se volvió un poco más posible.

Lo que está en juego hoy no es un programa de gobierno. Es esa pregunta, de nuevo. Es si Colombia elige continuar un proceso que, con todas sus contradicciones e imperfecciones, ha intentado por primera vez en su historia hacer del Estado algo distinto a un instrumento de los mismos de siempre, o si elige regresar, con otro vocabulario y otra cara, a la única forma de orden que ciertos sectores de este país han considerado siempre legítima, la que se impone desde arriba, con la lógica del miedo, y que después se llama estabilidad.

Votar hoy es un acto filosófico. Es tomar posición frente a la pregunta de qué merece ser recordado y qué puede ser, una vez más, normalizado. No se vota por un candidato. Se vota por la versión del país que uno está dispuesto a defender cuando ya no haya cámaras ni consignas ni urgencia de campaña. Se vota por el tipo de silencio que uno está dispuesto a habitar si las cosas salen mal.

Colombia ya sabe cómo suena ese silencio. Lo ha habitado antes. La pregunta es si está dispuesta a elegirlo de nuevo, esta vez con plena conciencia de lo que hace…

G.S.

Actualizado el 12 de junio de 2026

Gabriel Schwarb

SOBRE EL AUTOR

Gabriel Schwarb

Gabriel Schwarb es el director fundador y editor en jefe de AcidReport, escritor suizo-colombiano con más de tres décadas de práctica profesional en dirección artística, desarrollo web y periodismo de investigación. El medio funciona como una asociación sin fines de lucro, regulada por el artículo 60 del Código Civil suizo, sin afiliación política, sin publicidad y sin financiación externa. Publica en español, francés e inglés, y cubre América Latina y Europa en espejo, explicando cada continente al otro.

Lo fundó convencido de que la victoria de Iván Duque sobre Gustavo Petro en 2018 no había sido limpia, una sospecha que el escándalo Ñeñe Hernández vino a reforzar, y de que la Colombia real no encontraba espacio en sus propios medios. Nacido como un puente informativo entre Colombia y Europa, el proyecto se amplió después a toda América Latina, y es leído hoy en el mundo entero. Su método combina verificación estricta de fuentes, trabajo de archivo y revisión pública de errores. No publica para agradar. Publica para responder.

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