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SÍNTESIS INICIAL
En 1961, los laboratorios internos de DuPont confirmaron que el recubrimiento de teflón producía daño hepático en ratas a dosis bajas. La empresa no lo publicó. Durante las seis décadas siguientes, mientras los hogares del mundo cocinaban en sartenes antiadherentes, DuPont y 3M acumulaban estudios que vinculaban sus compuestos con cáncer, malformaciones congénitas y daños endocrinos, y los clasificaban como confidenciales. Hoy, esos mismos compuestos, los PFAS o “químicos eternos”, circulan libremente en las cocinas populares de Colombia y del resto de América Latina, sin regulación, sin etiquetado obligatorio y sin ningún marco de salida planificado. El cuerpo de los niños que comen en esas cocinas acumula sustancias que no se degradan, que ningún sistema de salud local mide y que la industria fabricante sabía que eran tóxicas antes de que sus padres nacieran.
La sartén rayada no es un descuido doméstico. Es el extremo visible de una cadena que comienza con el fraude corporativo más documentado de la industria química contemporánea, atraviesa la asimetría regulatoria entre el Norte global y América Latina, y termina en el organismo de familias sin información, sin alternativas y sin ninguna institución que las proteja. Lo que sigue no es una advertencia de precaución. Es un inventario de daños.
El crimen fundacional
En 1961, el responsable de toxicología de DuPont concluyó, en experimentos internos, que los materiales de teflón producían agrandamiento hepático en ratas a dosis bajas, y recomendó evitar estrictamente el contacto con la piel. El informe fue clasificado como confidencial. Ningún regulador fue informado. La sartén antiadherente siguió vendiéndose como un avance doméstico inofensivo.
Durante las dos décadas siguientes, los archivos internos de DuPont y de 3M registran una acumulación metódica de evidencia suprimida. En 1970, investigadores del laboratorio Haskell, financiado por DuPont, encontraron que el PFOA era altamente tóxico cuando se inhala y moderadamente tóxico cuando se ingiere. En 1979, perros expuestos a una dosis única murieron dos días después. En 1980, las dos empresas identificaron malformaciones congénitas en bebés de trabajadoras expuestas al PFOA, no informaron a sus empleadas y, al año siguiente, DuPont circuló un memorando sosteniendo no tener evidencia de malformaciones. El memo existía para refutar internamente lo que la empresa sabía externamente.
En 2023, investigadores de la Universidad de California en San Francisco analizaron 39 documentos internos de DuPont y 3M obtenidos en los procesos judiciales de 1999. El resultado no admitía lecturas alternativas; las dos empresas reprodujeron el modelo de la industria tabacalera, suprimiendo durante décadas el conocimiento interno sobre la toxicidad de sus productos mientras construían públicamente la narrativa de la inocuidad.
“Estos documentos revelan evidencia clara de que la industria química conocía los peligros de los PFAS y no se los comunicó al público, a los reguladores ni siquiera a sus propios empleados.”
– Tracey Woodruff – , directora del Programa en Salud Reproductiva y Medioambiente de la Universidad de California en San Francisco, Annals of Global Health, mayo 2023.
En 2004, la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos multó a DuPont por haber ocultado sus propios hallazgos. La multa fue de 16,45 millones de dólares; los ingresos anuales de DuPont por el PFOA y sus derivados superaban ese año los mil millones. Esa proporción no es una anomalía. Es la tarifa.
DATO CLAVE
En 2017, DuPont pagó 671 millones de dólares para resolver unas 3.500 demandas por daños vinculados al PFOA. Un estudio de 2025 estima que los PFAS en el agua potable y los utensilios de cocina en Estados Unidos podrían causar hasta 6.864 casos adicionales de cáncer por año, con correlaciones establecidas para tumores de riñón, testículos y sistema endocrino. DuPont conocía la toxicidad de sus compuestos 21 años antes de que esa información llegara al dominio público.
Anatomía de una contaminación cotidiana
El teflón es el nombre comercial del politetrafluoroetileno, conocido como PTFE, un polímero fluorado que pertenece a la familia de los PFAS. En su estado de película intacta y a temperaturas controladas, la migración química hacia los alimentos puede considerarse limitada. El problema comienza cuando la superficie se raya, y se multiplica cuando esa superficie se calienta a más de 260 grados centígrados, temperatura que se alcanza con frecuencia en cualquier cocina colombiana cuando se fríe en aceite caliente o cuando una sartén vacía se deja sobre el fogón encendido.
A partir de ese umbral térmico, el PTFE comienza a descomponerse. Los compuestos liberados incluyen el PFOA y el PFOS, los más documentados de la familia PFAS, junto con otras sustancias relacionadas cuya toxicología sigue siendo desconocida porque nadie ha financiado los estudios necesarios. Un análisis del Ecology Center de 2023, que examinó 24 sartenes fabricadas mayoritariamente en Asia, encontró que el 79% de las antiadherentes estaban recubiertas con PTFE, incluyendo modelos etiquetados como “sin PFOA” que simplemente habían reemplazado ese compuesto por otras variantes de PFAS cuya toxicidad a largo plazo no se ha determinado. La industria aprendió a mover el umbral nominal de la preocupación sin desplazar el mecanismo del daño.
La sartén rayada es, en términos de exposición, la peor combinación posible. Las partículas del recubrimiento degradado se incorporan directamente al alimento durante la cocción. Los vapores generados por el sobrecalentamiento se inhalan en cocinas pequeñas y sin ventilación. La exposición es digestiva e inhalatoria al mismo tiempo, y es crónica, porque la misma sartén se usa durante años. Un estudio de PubMed de 2017 concluye que los gases pirolíticos del PTFE presentan toxicidad de rango moderado a severo incluso a temperaturas normales de cocción, y que los compuestos de sustitución que la industria ofrece en reemplazo del PFOA no están avalados por ninguna ciencia sólida; son la misma promesa de seguridad, reformulada.
América Latina como territorio sin protección
La pregunta sobre la regulación de los PFAS en América Latina tiene una respuesta que no admite matices. Los PFAS están sin regular en su gran mayoría en la región. Algunos países siguen, de forma parcial, las restricciones del Convenio de Estocolmo (el principal tratado internacional sobre contaminantes químicos persistentes, en vigor desde 2004), que cubre el PFOS y el PFOA específicamente. Pero ese Convenio no alcanza a los miles de variantes de PFAS que la industria ha desarrollado como sustitutos desde que el PFOA comenzó a restringirse en los mercados del Norte. Lo que se prohíbe progresivamente en Europa o en varios estados norteamericanos llega sin obstáculos a los hogares colombianos.
Este vacío no es una tardanza burocrática. Es la condición estructural que permite que productos que ya no pueden venderse en mercados regulados encuentren salida donde la regulación no existe. No hay ningún marco colombiano que obligue a los fabricantes de utensilios de cocina a declarar los compuestos fluorados en sus recubrimientos. No hay ningún límite de migración de PFAS hacia los alimentos en la legislación sanitaria nacional. No hay ningún sistema de alerta para detectar exposición crónica en la población. No hay datos. No hay cifras. No hay política. Hay mercado.
La sartén rayada que circula en el mercado colombiano, fabricada mayoritariamente en China o en el sudeste asiático, no lleva ninguna advertencia y no está obligada a llevarla. Los intermediarios que la comercializan en plazas y tiendas de barrio no tienen acceso a ninguna ficha que mencione los PFAS. El consumidor no dispone de ningún instrumento para saber lo que compra. Lo que existe en su lugar es el precio. Una sartén de teflón barato cuesta menos que una de hierro fundido o acero inoxidable, y en un país donde el poder adquisitivo no permite decisiones basadas en información toxicológica que nadie ha difundido, el precio decide siempre.
DATO CLAVE
Un estudio de 2025 estima que los PFAS en el agua potable y los utensilios de cocina en Estados Unidos podrían generar hasta 6.864 casos adicionales de cáncer por año. La Agencia Europea de Sustancias Químicas calcula que, al ritmo actual, se liberarán 4,4 millones de toneladas métricas de PFAS al medioambiente en las próximas tres décadas. En América Latina no existe ningún sistema de biomonitoreo que permita calcular la carga corporal de PFAS en la población general.
Lo que acumula el cuerpo de un niño
Los PFAS son bioacumulativos. No se degradan en el organismo, y cada exposición se suma a la anterior sin decrecer. En adultos, la acumulación produce, según décadas de estudios en poblaciones altamente expuestas, disfunción tiroidea, daño hepático progresivo, reducción de la respuesta inmunitaria, complicaciones en el embarazo y mayor riesgo de cáncer de riñón y testículos. En niños, el mecanismo es estructuralmente más grave, porque el sistema endocrino que los PFAS perturban es el mismo que regula el desarrollo, y ese desarrollo está en curso. No se trata de un daño futuro. Se trata de un daño que ocurre mientras el niño crece.
La evidencia vincula la exposición infantil a PFAS con alteraciones en la función tiroidea que afectan el desarrollo cognitivo, con reducción documentada de la respuesta a vacunas, con perturbaciones en la pubertad, con bajo peso al nacer en hijos de madres expuestas y con trastornos metabólicos que se manifiestan décadas después. El niño que come cada día en una sartén rayada no experimenta ningún síntoma visible atribuible a esa causa. La acumulación es silenciosa. La patología, diferida. El diagnóstico, si llega, llega sin contexto causal, porque ningún médico en Colombia está en condiciones de conectar un perfil hormonal alterado con el utensilio de cocina de su hogar.
Esta invisibilidad no es neutral. La industria que durante décadas suprimió la evidencia sabía que el daño diferido y difuso es el más difícil de litigar. No hay momento preciso de exposición. No hay síntoma inmediato. No hay cadena causal legible para el sistema sanitario de un país sin capacidad de biomonitoreo. Lo que queda es la acumulación química en el organismo de un niño cuya comida se cocina cada día en una sartén que debió descartarse hace tres años, en una cocina donde nadie le ha dicho a su madre que eso es un riesgo, porque ninguna institución lo ha dicho todavía.
Conclusión
Lo que describe este texto no es un riesgo hipotético. Es un daño en curso, sostenido por décadas de fraude corporativo documentado, por una asimetría regulatoria que redistribuye ese daño hacia los hogares menos protegidos y por un silencio institucional en Colombia que no es pasivo sino funcional. La industria química supo desde 1961 lo que sus productos hacían. Los reguladores del Norte tardaron cuarenta años en actuar. Las autoridades colombianas no han actuado todavía.
La sartén rayada no espera. Está sobre el fogón ahora mismo, en decenas de miles de cocinas populares de Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, en los municipios del Pacífico y del Caribe, en las cocinas rurales donde el mercado informal es la única oferta y ninguna institucionalidad llega con advertencias, calentando aceite a temperaturas que degradan el recubrimiento y liberan compuestos que se depositan en el hígado, en la tiroides y en el sistema reproductivo de los niños que comen en esa mesa. No existe ninguna autoridad colombiana que le diga a esas familias que deben desecharla. No existe ningún programa de sustitución. No existe ningún sistema de monitoreo. Existe el mercado, que sigue vendiendo sartenes de teflón barato porque nadie lo impide, y existe la ciencia, que desde hace décadas sabe lo que eso significa y que, en Colombia, nadie en el poder ha decidido todavía escuchar…
G.S.
Fuentes
- “The Devil They Knew: Chemical Documents Analysis of Industry Influence on PFAS Science”, Annals of Global Health / PMC, mayo 2023
- “DuPont, 3M Concealed Evidence of PFAS Risks”, Union of Concerned Scientists, 2019
- “Undisclosed PFAS Coatings Common on Cookware”, Ecology Center, 2023
- “PFAS: A Global Perspective — Latin America”, Norton Rose Fulbright, 2022
- “For Decades, Polluters Knew PFAS Chemicals Were Dangerous but Hid Risks from Public”, Environmental Working Group, 2019
- “Non Stick Cookware and Cancer: Risks and Safer Alternatives”, Everhope.care, 2025
- “UNC Study Finds Cookware, Food Processing Contributes to PFAS Exposure”, NC Health News, octubre 2025
- “Legacy and Emerging Pollutants in Latin America”, ScienceDirect, agosto 2022
- “PTFE-Coated Non-Stick Cookware and Toxicity Concerns: A Perspective”, PubMed, 2017
- “A Legal History of PFAS”, Water Finance & Management, 2023
- “Makers of PFAS ‘Forever Chemicals’ Covered up the Dangers”, UC San Francisco, mayo 2023
- “PFAS Regulation Around the World”, Antea Group, 2023


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