AÑO II  ·  No. 583  ·  MARTES 14 DE JULIO DE 2026

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Hugo Zapata, el escultor colombiano que despertó a las piedras

Murió uno de los grandes. De esos que no hacen ruido, pero dejan grietas irreparables en la memoria sensible de un país anestesiado. El 3 de junio de 2025 falleció en Medellín, Colombia, Hugo Zapata: arquitecto, artista plástico, escultor y docente, maestro de generaciones, explorador incansable de las formas de la tierra. Tenía 80 años. Y con él, se va un lenguaje que ya nadie escucha: el de las piedras.

Colombiano de nacimiento y de espíritu, Zapata fue una de las figuras más importantes del arte latinoamericano contemporáneo. Su legado trasciende la escultura: encarna una forma radical de estar en el mundo, de pensar la materia, de habitar el territorio con dignidad.

No hacía arte. Hacía liturgia.

En un país que premia el grito y olvida la raíz, Hugo Zapata fue siempre contracorriente. Mientras el arte contemporáneo caía en la trampa del espectáculo o de la ironía sin alma, él persistía en lo esencial: en el peso, la forma, la textura, la duración. Zapata no esculpía para complacer, ni para provocar. Es su obra la que provocaba al mundo.

Para él, una piedra no era un objeto muerto. Era una compañera de viaje. Un fósil de memorias enterradas. Un secreto geológico que merecía ser despertado con cuidado, sin violencia, sin pretensión.

Sus esculturas no eran intervenciones. Eran diálogos. Pactos. Excavaciones en el tiempo.

La piedra como política

Zapata entendió lo que muchos intelectuales niegan: que el arte, cuando es verdadero, es profundamente político. No por panfleto, sino por ética. Por resistencia. Por anclaje. Mientras la academia celebraba los discursos decoloniales en conferencias sin tierra bajo las uñas, él ya llevaba décadas honrando la materia originaria de Abya Yala: la piedra madre.

Trabajar con lutita negra, mármol oxidado o pórfido andino no era una decisión estética. Era una declaración de principios. Un acto de pertenencia. Un modo de rechazar la lógica extractivista que convierte las montañas en escombros y los cuerpos en cifras. Zapata invertía el proceso: devolvía la dignidad a lo que el capital había descartado.

Un maestro sin pedestal

Zapata nunca pidió homenajes. No los necesitaba. Su taller en El Retiro, en las montañas antioqueñas, fue su templo, su trinchera, su escuela silenciosa. Pero también fue maestro institucional: fue docente y cofundador del programa de Artes Plásticas de la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. Allí no solo enseñó técnicas, sino una ética. Una forma de observar la materia con reverencia, de esculpir con escucha, de enseñar sin domesticar.

Su mayor legado no está en los museos ni en las condecoraciones. Está en los ojos de quienes aprendieron a mirar la tierra con otros ojos. En quienes entendieron que la forma no nace del capricho, sino del respeto por lo ancestral.

Contra el olvido

Colombia tiene la costumbre perversa de enterrar a sus sabios dos veces: una al morir, otra al olvidar. Con Hugo Zapata, no lo permitiremos. Porque sus obras están vivas. Vibran. Respiran. Desafían.

Sus portales en el aeropuerto internacional de Rionegro no son decoraciones: son umbrales para una conciencia distinta. Sus fuentes en Medellín no son mobiliario urbano: son ceremonias interrumpidas. Y sus estelas, repartidas por universidades, plazas y espacios públicos, son los fósiles activos de una civilización que aún resiste, aunque nadie la vea.

Lo que queda

Lo que queda no es solo su obra. Es su forma de estar en el mundo. Su humildad mineral. Su mística sin dogma. Su manera de recordarnos que, bajo el concreto y el cinismo, todavía hay tierra. Todavía hay memoria. Todavía hay origen.

Que tu martillo, Hugo, siga golpeando desde lo invisible. Que tus piedras sigan hablando por todos nosotros. Porque en un continente que a veces parece de humo, tú fuiste roca.

Y esa roca no se quiebra.
Se siembra.

G.S.

Actualizado el 26 de mayo de 2026

Gabriel Schwarb

SOBRE EL AUTOR

Gabriel Schwarb

Gabriel Schwarb nació entre fronteras, creció entre lenguas y aprendió a leer el poder antes que los libros que pretendían explicarlo. Es escritor suizo-colombiano, fundador y director editorial de AcidReport, un medio trilingual sin afiliación, sin marketing y sin patrocinadores que publica desde Suiza en español, francés e inglés. No publica para agradar. Publica para responder. En el mundo de la comunicación visual desde 1997, abandona deliberadamente el confort estético para sumergirse en el análisis, el archivo y la confrontación textual. Construye AcidReport como se construye un archivo en tiempo de ruina, con método, con urgencia y con memoria.

Escribir desde Suiza, corazón geográfico de la finanza global, sobre las periferias que esa misma finanza organiza no es una contradicción. Es el método. La distancia no produce neutralidad, produce perspectiva. Su estilo es directo, analítico, despojado, más cerca de la disección que de la metáfora. Su método combina verificación estricta de fuentes, trabajo de archivo, OSINT y revisión pública de errores. Para él, la escritura no es una aspiración literaria. Es un instrumento de análisis, un espacio de denuncia y un ejercicio de lucidez ante estructuras que prefieren no ser nombradas.

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