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SÍNTESIS INICIAL
En 2 minutos, la reunión entre Petro y Trump en la Casa Blanca no representa una reconciliación entre dos presidentes ideológicamente opuestos, sino el fracaso público de una estrategia diseñada por sectores de la oposición colombiana para provocar una intervención estadounidense contra su propio gobierno. Este texto demuestra cómo el senador Bernie Moreno, nacido en Colombia, operó como arquitecto de las sanciones OFAC contra Petro, cómo el uribismo apostó a la escalada militar tras la captura de Maduro, y cómo Trump decidió cambiar de estrategia cuando comprendió que Colombia era más útil como socio que como objetivo. Explica el mecanismo de presión fallido y qué implica para la derecha colombiana en año electoral. Si solo puedes leer esto, quédate con esto; hubo colombianos que pidieron a una potencia extranjera que tratara a su presidente como a Maduro, y esa apuesta acaba de derrumbarse en el Despacho Oval.
El 3 de febrero de 2026, mientras Gustavo Petro recibía una gorra MAGA firmada por Donald Trump en Washington, el senador republicano Bernie Moreno observaba la escena desde el mismo salón. Tres meses antes, Moreno había anunciado en Fox News que Petro y su familia serían incluidos en la Lista Clinton. Ahora presenciaba cómo el presidente al que había intentado destruir políticamente recibía un libro dedicado con las palabras “You are great”.
El arquitecto de Ohio
Bernie Moreno nació en Bogotá en 1967 y emigró a Estados Unidos siendo adolescente. Hizo fortuna como concesionario de automóviles de lujo en Cleveland y saltó a la política en 2022, cuando intentó sin éxito obtener la nominación republicana al Senado por Ohio. En 2024 lo logró, con el respaldo explícito de Donald Trump. Su plataforma combinaba los temas habituales de la derecha trumpista, inmigración y comercio, con una obsesión particular por Colombia. Moreno se presenta como un hijo del país que comprende sus complejidades, pero su comprensión tiene una orientación específica; desde su llegada al Senado ha funcionado como el principal operador de la línea dura contra el gobierno de Petro dentro del aparato legislativo estadounidense.
En octubre de 2025, Moreno concedió una entrevista a Fox News que funcionó como un anuncio anticipado de política exterior. Declaró que Petro había sido “elegido gracias a la ayuda de los cárteles de la droga” y prometió que la administración Trump iba a “turbocharge” la investigación contra él. Tres días después, el Departamento del Tesoro incluyó a Petro, su esposa Verónica Alcocer, su hijo Nicolás y el ministro del Interior Armando Benedetti en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros. Fue la primera vez en la historia que un presidente colombiano en ejercicio recibía sanciones personales de Estados Unidos. Petro reaccionó en redes sociales con una frase que resumía la situación; “Efectivamente, la amenaza de Bernie Moreno se cumplió”.
La inclusión en la Lista Clinton no fue un acto burocrático sino una operación política coordinada. El comunicado del Tesoro describía a Petro como un “ex guerrillero” que había otorgado “beneficios a organizaciones narcoterroristas” bajo su política de Paz Total. No presentaba pruebas judiciales, solo caracterizaciones. El lenguaje era idéntico al que Moreno había utilizado semanas antes en televisión. La sincronización sugería que el senador de Ohio no estaba comentando la política de la administración, sino participando en su diseño.
DATO CLAVE
El 24 de octubre de 2025, Estados Unidos sancionó por primera vez a un presidente colombiano en ejercicio. Petro, su esposa, su hijo y su ministro del Interior fueron incluidos en la Lista Clinton. Moreno había anunciado las sanciones tres días antes en Fox News.
La apuesta a Caracas
El contexto de las sanciones era inseparable de la escalada militar estadounidense en el Caribe. Desde septiembre de 2025, la Marina de Estados Unidos había comenzado a atacar embarcaciones sospechosas de transportar cocaína en aguas internacionales. Petro calificó los ataques como “ejecuciones extrajudiciales” y pidió en la Asamblea General de la ONU que se abrieran procesos penales contra Trump. Washington respondió revocándole la visa. Cuando el 3 de enero de 2026 las fuerzas especiales estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro en Caracas, matando a más de cien personas en el proceso, Trump sugirió públicamente que Petro “sería el siguiente”.
La captura de Maduro representaba, para ciertos sectores de la oposición colombiana, una oportunidad histórica. Si Estados Unidos estaba dispuesto a enviar comandos Delta a la capital de un país vecino para extraer a un presidente acusado de narcotráfico, ¿por qué no podría hacer lo mismo en Bogotá? La narrativa estaba lista; Petro era un ex guerrillero, estaba en la Lista Clinton, su gobierno había “permitido que florecieran los cárteles”. El precedente venezolano convertía la intervención en algo imaginable. Algunas voces de la derecha colombiana, según analistas citados en medios locales, habrían alentado activamente esta posibilidad en sus contactos con Washington.
“En México y Brasil, todos, desde el más rico hasta el más pobre, defienden a sus presidentes. Aquí fue lo contrario. Aquí, falsos empresarios y falsos políticos alentaron a la extrema derecha estadounidense a tomar sanciones contra Colombia y su presidente.”
– Gustavo Petro –, Plaza de Bolívar, 24 de octubre de 2025
La acusación de Petro era grave pero no infundada. El documento con la imagen generada por inteligencia artificial que mostraba a Petro junto a Maduro, exhibido en un almuerzo de senadores republicanos en la Casa Blanca, había sido llevado por el propio Moreno. La foto de un asesor de Trump sosteniendo ese documento fue publicada en el sitio oficial de la Casa Blanca. Petro respondió llamando a consultas al embajador colombiano en Washington. El mensaje era claro; había colombianos trabajando activamente para que su propio país recibiera el tratamiento venezolano.
El cálculo que cambió
Pero Trump no opera según principios ideológicos sino según cálculos transaccionales. Venezuela tenía petróleo que Estados Unidos quería controlar directamente. Colombia tiene algo distinto; una posición geográfica estratégica, una infraestructura que conecta con el mercado venezolano ahora “liberado”, y un historial de cooperación militar que Washington prefiere mantener. Invadir Colombia habría significado destruir al aliado más estable de Estados Unidos en América del Sur durante las últimas tres décadas. La relación bilateral trasciende gobiernos; involucra a las fuerzas armadas, a las agencias de inteligencia, a sectores empresariales con décadas de vínculos.
El cambio de estrategia se hizo visible el 7 de enero de 2026, cuando Trump y Petro mantuvieron una llamada telefónica de casi una hora. Según Trump, Petro “explicó la situación de las drogas y otros desacuerdos”. Lo que no dijo es que la conversación fue facilitada por el senador Rand Paul, no por Moreno. El arquitecto de las sanciones había sido marginado del proceso de distensión. Trump invitó a Petro a la Casa Blanca. Le otorgaron una visa especial de días, dado que la anterior había sido revocada. El presidente sancionado, el “narcotraficante” según el Tesoro, volaba a Washington como jefe de Estado.
La reunión del 3 de febrero duró casi dos horas. Participaron el vicepresidente Vance, el secretario de Estado Rubio y, significativamente, Bernie Moreno. Su presencia no era un honor sino una humillación calculada. Trump le estaba mostrando que su estrategia de máxima presión había sido descartada. Las fotos oficiales muestran a Petro y Trump sonriendo, estrechando manos, intercambiando regalos. Trump escribió de puño y letra “Gustavo, un gran honor, amo a Colombia”. Moreno tuiteó después que esperaba “seguir trabajando con la administración Petro en sus últimos meses de gobierno”. Era el lenguaje de alguien que intenta salvar la cara después de una derrota.
DATO CLAVE
Bernie Moreno estuvo presente en la reunión del 3 de febrero entre Trump y Petro. Tres meses antes había anunciado las sanciones contra el presidente colombiano. Trump describió el encuentro como “muy bueno” y calificó a Petro de “fantástico”.
El vacío de la oposición
Para el uribismo colombiano, la distensión Trump-Petro representa un problema estratégico severo. Durante más de un año, la narrativa de la derecha se había construido sobre la premisa de que Petro estaba aislando a Colombia de su aliado natural, Estados Unidos. María Fernanda Cabal, senadora del Centro Democrático, había celebrado las sanciones como una confirmación de que el mundo civilizado rechazaba al gobierno. Ahora Trump firmaba libros para Petro mientras Moreno observaba en silencio.
La contradicción es estructural. El uribismo se presenta como el sector político colombiano más alineado con Washington, heredero de la cooperación antinarcóticos del Plan Colombia, defensor de la relación especial entre las dos naciones. Pero cuando un presidente republicano decide que esa relación especial debe mantenerse incluso con un gobierno de izquierda, la narrativa se derrumba. ¿Cómo atacar a Petro por antiestadounidense cuando Trump lo llama “genial”? ¿Cómo denunciar su supuesta complicidad con el narcotráfico cuando el mismo Trump que ordenó las sanciones ahora las califica de “tontas”?
Cabal reaccionó a la reunión acusando a Petro de “presentarse sumiso” ante Trump. Pero la foto no muestra sumisión; muestra a dos presidentes en posición de igualdad, exactamente lo que Petro declaró en su conferencia de prensa posterior. La representante Lina María Garrido intentó otro ángulo, burlándose de los seguidores de Petro por celebrar que “el presidente capitalista que los quiere acabar” los hubiera recibido. El argumento revelaba la desesperación; si reunirse con Trump era malo, ¿por qué la oposición había pasado años exigiendo exactamente eso?
Conclusión
La historia de Bernie Moreno y las sanciones OFAC contra Petro no es una anécdota diplomática sino un caso de estudio sobre las relaciones de vasallaje que ciertos sectores latinoamericanos están dispuestos a cultivar con Washington. Un senador nacido en Bogotá utilizó su posición en el Congreso estadounidense para impulsar sanciones sin precedentes contra el presidente de su país de origen. Sectores de la oposición colombiana celebraron esas sanciones y, según múltiples indicios, las alentaron activamente. Cuando Trump capturó a Maduro, algunos imaginaron que Petro sería el siguiente. Apostaron a la intervención extranjera como mecanismo de alternancia política.
Esa apuesta fracasó el 3 de febrero de 2026, no porque Trump haya desarrollado simpatía por la izquierda latinoamericana, sino porque sus cálculos cambiaron. Colombia es más valiosa como socio que como escombro. Pero el fracaso no borra lo que se intentó. Hubo colombianos que pidieron a una potencia extranjera que invadiera su país, que sancionara a su presidente, que lo tratara como a un criminal. Moreno estuvo en la sala cuando su estrategia fue descartada. El uribismo ahora debe explicar cómo atacar a un presidente que acaba de ser abrazado por el líder que ellos veneran. No tienen respuesta porque la contradicción es irresoluble. Pidieron la invasión y obtuvieron una foto de sonrisas…
G.S.
Fuentes
- Treasury Sanctions Colombian President Gustavo Petro and His Support Network, U.S. Department of the Treasury, 24 de octubre de 2025
- US to Add Colombia’s Petro to the Clinton List, Says Senator Bernie Moreno, ColombiaOne, 22 de octubre de 2025
- Moreno clashes with Colombian president following sanctions, Lima Ohio, 26 de octubre de 2025
- Colombia’s Petro Responds to US Clinton List Inclusion in Fiery Speech, ColombiaOne, 25 de octubre de 2025
- Trump and Colombia’s Gustavo Petro strike positive tone after a year of sniping, NBC News, 3 de febrero de 2026
- Primer cara a cara entre Gustavo Petro y Donald Trump generó una oleada de reacciones políticas, Infobae Colombia, 3 de febrero de 2026
- Petro logra una victoria geopolítica tras mantener una reunión positiva con Trump, CNN en Español, 3 de febrero de 2026
- 2026 United States intervention in Venezuela, Wikipedia, consultado el 4 de febrero de 2026



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