Lectura estimada: 7 minutos ·
SÍNTESIS INICIAL
En 2 minutos, la firma del acuerdo Mercosur-UE este sábado en Asunción no es una victoria comercial sino la consolidación de un modelo que beneficia a las élites de ambos bloques a costa de sus poblaciones. Este texto demuestra que la urgencia europea responde a la competencia con China por minerales críticos y al proteccionismo de Trump, que el litio argentino y el niobio brasileño son el verdadero botín detrás del discurso sobre el libre comercio, y que los consumidores europeos quedan expuestos a productos con residuos de pesticidas prohibidos en su territorio mientras los agricultores europeos pierden sus medios de vida frente a una competencia estructuralmente desleal. Explica cómo las salvaguardas protegen los intereses industriales europeos mientras la industria manufacturera latinoamericana queda expuesta sin transición. Si solo puedes leer esto, quédate con esto; los gobiernos celebran, el agroindustria brinda, y los que producen la riqueza de ambos lados del Atlántico pagan la cuenta.
La Unión Europea y los cuatro países fundadores del Mercosur firman este sábado en Asunción el acuerdo comercial más extenso jamás negociado por ambos bloques. Veintiséis años de negociaciones intermitentes culminan en una ceremonia que reúne a Ursula von der Leyen con Javier Milei, Luiz Inácio Lula da Silva, Santiago Peña y Yamandú Orsi. La prensa habla de un hito histórico, de 720 millones de consumidores, de la mayor zona de libre comercio del planeta. Lo que la prensa no explica es por qué ahora, por qué tan rápido después de décadas de estancamiento, y sobre todo quién gana realmente con este acuerdo que Francia, Polonia, Austria, Irlanda y Hungría votaron en contra.
Por qué ahora, después de veintiséis años
El acuerdo estuvo muerto durante años. En 2019 se anunció un principio de entendimiento que nunca se concretó; Jair Bolsonaro incendiaba la Amazonía y la Unión Europea no podía firmar un tratado con un gobierno que exhibía su desprecio ambiental como insignia. Emmanuel Macron lideró el bloqueo, los agricultores franceses respiraron aliviados, y el expediente acumuló polvo en algún cajón de Bruselas. Nada sugería que 2026 sería diferente. Y sin embargo aquí estamos, con una firma programada para este sábado y una mayoría cualificada de 21 países europeos que decidieron ignorar las protestas de sus propios campesinos.
La respuesta no está en Sudamérica sino en Washington y Beijing. Donald Trump regresó a la Casa Blanca con su agenda proteccionista intacta, amenazando con aranceles a las exportaciones europeas y exigiendo lealtad geopolítica a cambio de acceso comercial. La Unión Europea necesita mercados alternativos, y los necesita con urgencia. Simultáneamente, China ha consolidado su presencia en América Latina mediante inversiones en infraestructura, compras masivas de commodities y acuerdos bilaterales que prescinden de las condicionalidades europeas. El European Council on Foreign Relations lo admite sin pudor; no firmar el acuerdo arriesgaba acercar las economías latinoamericanas a la órbita de Beijing. La geopolítica, no el comercio, explica la súbita flexibilidad de Bruselas.
Italia cambió su voto en enero después de bloquear el consenso en diciembre. Giorgia Meloni pasó de aliarse con Macron a descubrir los “enormes beneficios” del tratado en cuestión de semanas. Nadie explica qué cambió en treinta días, pero las presiones de la industria automotriz alemana y el sector farmacéutico ofrecen pistas suficientes. Cuando los intereses industriales europeos hablan, los gobiernos escuchan. Cuando los agricultores franceses bloquean carreteras, los gobiernos prometen salvaguardas y siguen adelante.
Litio, niobio y la transición verde ajena
El discurso oficial presenta el acuerdo como un instrumento de libre comercio, pero los documentos de la Comisión Europea revelan otra prioridad. La Ley de Materias Primas Críticas, vigente desde mayo de 2024, establece que para 2030 ningún país puede suministrar más del 65% del consumo europeo de minerales estratégicos. China controla actualmente el 100% de las tierras raras y el 97% del magnesio que Europa importa. La vulnerabilidad es estructural, y el Mercosur ofrece una salida.
DATO CLAVE.
Brasil posee el 94% de las reservas mundiales de niobio, un metal esencial para el sector aeroespacial. Argentina tiene las terceras mayores reservas de litio del planeta, insumo crítico para las baterías de vehículos eléctricos. Brasil concentra además el 20% de las reservas globales de grafito, níquel, manganeso y tierras raras, la mayoría inexploradas. La demanda europea de baterías de litio aumentará doce veces para 2030, según proyecciones del banco holandés ING.
La “transición verde” europea tiene un secreto a voces; requiere cantidades masivas de minerales que Europa no posee y no puede extraer en su territorio. Los vehículos eléctricos que circularán por las autopistas alemanas, las turbinas eólicas que alimentarán las redes escandinavas, los paneles solares que cubrirán los techos mediterráneos, todo eso necesita litio, cobre, cobalto, tierras raras. Y todo eso saldrá de minas latinoamericanas, africanas, asiáticas. El acuerdo Mercosur-UE no es un tratado comercial; es un contrato de suministro para la descarbonización del norte global.
Brasil negoció una cláusula que le permite restringir exportaciones de minerales críticos si lo considera conveniente para estimular el procesamiento local. Es la única victoria real en todo el documento, y llegó porque Lula entendió lo que Milei aparentemente ignora; exportar materia prima bruta es perpetuar la dependencia, no superarla.
Carne, soja y el modelo que envenena de un lado y arruina del otro
Los agricultores franceses que bloquean carreteras y lanzan estiércol contra edificios públicos no protestan por capricho. Protestan porque el acuerdo permite la entrada de carne, pollo, soja, maíz y azúcar producidos bajo estándares que la Unión Europea prohíbe a sus propios productores. La atrazina, el paraquat, decenas de pesticidas vetados en territorio europeo circulan libremente en los campos del Mercosur. Los antibióticos como promotores de crecimiento en ganadería, prohibidos en la UE desde hace años, siguen siendo práctica corriente en Brasil y Argentina. El resultado es un doble golpe que afecta a poblaciones distintas de maneras distintas.
“No existe una economía aislada. La prosperidad de unos no puede construirse sobre la miseria de otros, pero tampoco sobre la ficción de que las reglas son iguales para todos.”
– Gabriel Schwarb –
Los consumidores europeos quedan expuestos a un riesgo sanitario documentado. Comerán carne con residuos de sustancias que sus propios gobiernos consideran peligrosas para la salud. Las salvaguardas prometidas por Bruselas permiten intervenir si hay “desequilibrio de precios”, no si hay desequilibrio de estándares. La Comisión Europea repite que las normas de seguridad alimentaria no son negociables, pero el acuerdo no obliga al Mercosur a modificar sus prácticas; simplemente confía en controles fronterizos que históricamente han sido insuficientes.
Y los agricultores europeos enfrentan una amenaza existencial. Las explotaciones familiares francesas, polacas, irlandesas, austriacas, no pueden competir contra el agronegocio brasileño o argentino que opera con costos estructuralmente menores. Producir respetando las normas europeas cuesta más; competir contra quienes no las respetan es una ecuación imposible. Las salvaguardas prometidas por Bruselas no compensarán las quiebras, los empleos perdidos, las generaciones de trabajo agrícola liquidadas en nombre del libre comercio. El acuerdo sacrifica a los agricultores europeos mientras expone a los consumidores europeos. Los gobiernos que lo firmaron responderán ante ambos.
Quién celebra, quién paga
Las proyecciones económicas son elocuentes en su modestia. El PIB brasileño crecerá 0,5% gracias al acuerdo; el de los demás países del Mercosur, apenas 0,2%. La Unión Europea ganará un 0,06%, casi indistinguible del margen de error estadístico. Sesenta mil empresas europeas exportan al Mercosur, treinta mil son pequeñas y medianas; ellas se beneficiarán de aranceles reducidos y procesos aduaneros simplificados. Las empresas europeas ahorrarán 4.000 millones de euros anuales. El dato que falta es cuánto perderán las industrias latinoamericanas que competirán sin protección contra la maquinaria alemana, los automóviles franceses, los fármacos suizos, la química belga.
El Mercosur eliminará aranceles al 91% de sus importaciones industriales europeas. La UE eliminará aranceles al 92% de las importaciones del Mercosur, pero mantendrá cuotas estrictas para los productos sensibles; carne, azúcar, arroz, miel, etanol. La asimetría es arquitectónica. Europa protege lo que le importa; el Mercosur abre lo que no puede defender. La industria manufacturera argentina, ya golpeada por la apertura unilateral de Milei, enfrentará competencia sin transición ni subsidios compensatorios. Los defensores del acuerdo argumentan que la competencia estimula la productividad. Los críticos responden que no se puede competir contra siglos de acumulación industrial con voluntarismo y buenas intenciones.
Javier Milei firma el acuerdo que Lula negoció durante años. Es una de esas ironías que la historia latinoamericana produce con regularidad; el ultraliberal cosecha lo que sembró el progresista, y ambos celebran como si el beneficiario fuera el mismo. No lo es. Lula pensaba en cadenas de valor regionales, en industrialización con mercado ampliado, en negociación desde una posición de fuerza colectiva. Milei piensa en abrirse al mundo y dejar que el mercado decida. El mercado ya decidió; América Latina exportará litio, carne y soja, e importará automóviles, máquinas y medicamentos. Como siempre. Como hace doscientos años.
Conclusión
El acuerdo Mercosur-UE se firmará este sábado en Asunción con pompa y discursos sobre la amistad entre los pueblos. Ursula von der Leyen hablará de valores compartidos y transición verde. Los presidentes del Mercosur hablarán de inserción internacional y oportunidades históricas. Nadie mencionará el litio, el niobio, las tierras raras. Nadie mencionará los pesticidas que llegarán a las mesas europeas ni los agricultores europeos que perderán sus explotaciones. Nadie mencionará a los trabajadores industriales latinoamericanos que perderán sus empleos. El Parlamento Europeo aún debe ratificar el acuerdo, y algunos eurodiputados amenazan con recurrir al Tribunal de Justicia. Pero la dirección está trazada. América Latina seguirá siendo lo que siempre fue para Europa; una fuente de materias primas y un mercado para productos terminados. Lo nuevo es que ahora lo llaman asociación estratégica…
G.S.
Fuentes
- Consejo de la Unión Europea, decisión de autorización de firma del acuerdo Mercosur-UE, 9 de enero de 2026
- Comisión Europea, Ley de Materias Primas Críticas, mayo de 2024
- European Council on Foreign Relations, análisis de Agathe Demarais sobre implicaciones geopolíticas del acuerdo
- Instituto Brasileño de Minería, datos sobre reservas de niobio y tierras raras
- Parlamento Europeo, informe sobre dependencia de materias primas críticas
- ING Bank, proyecciones sobre demanda de baterías de litio
- EFE, cobertura de la firma del acuerdo en Asunción, enero de 2026


Responder a Gabriel Schwarb Cancelar respuesta