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SÍNTESIS INICIAL
En 2 minutos: el 14 de enero de 2026, Estados Unidos anunció el inicio de la “fase dos” de su plan de paz para Gaza, que instala una administración palestina tutelada bajo supervisión internacional mientras Israel mantiene el control militar de más de la mitad del territorio. Este texto demuestra que el alto el fuego de octubre nunca detuvo las muertes (440 palestinos asesinados en tres meses, 40% de ellos niños), que la “Línea Amarilla” funciona como frontera de facto donde aproximarse equivale a una sentencia de muerte, y que la arquitectura institucional desplegada (Board of Peace, comité tecnocrático, fuerza de estabilización) reproduce los mecanismos clásicos de la ocupación colonial bajo vocabulario humanitario. Si solo puedes leer esto, quédate con esto: Gaza no está en reconstrucción sino en transición hacia una tutela permanente.
El miércoles 14 de enero, el enviado especial de Donald Trump, Steve Witkoff, pronunció desde Washington las palabras que el mundo esperaba escuchar. La fase dos del plan de paz había comenzado. Gaza pasaba oficialmente del alto el fuego a la “desmilitarización, gobernanza tecnocrática y reconstrucción”. La fórmula sonaba a victoria diplomática, a página que se pasa, a conflicto que encuentra su resolución institucional. En el terreno, sin embargo, las cosas conservaban una textura diferente. Ese mismo día, los hospitales de Khan Yunis recibían los cuerpos de palestinos alcanzados por drones israelíes mientras intentaban acercarse a lo que quedaba de sus casas.
La arquitectura de la tutela
La estructura que Washington ha desplegado para administrar Gaza posee la elegancia burocrática de los proyectos coloniales que han aprendido a no llamarse por su nombre. En la cúspide se encuentra el Board of Peace, un consejo internacional presidido por Trump que incluirá representantes del Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Arabia Saudita, Qatar, Egipto y Turquía. Por debajo opera el Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), un cuerpo de doce tecnócratas palestinos encargados de los servicios públicos bajo supervisión del alto representante Nickolay Mladenov. El diplomático búlgaro, que sirvió como enviado de la ONU para Oriente Medio entre 2015 y 2020, recibió en 2021 la Gran Estrella de la Orden de Jerusalén de manos del presidente palestino, un detalle que ilustra su capacidad para mantener relaciones cordiales con todas las partes mientras ninguna obtiene lo que realmente necesita.
DATO CLAVE:
La Resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada el 17 de noviembre de 2025, otorga al Board of Peace “personalidad jurídica internacional” y lo define como “administración transitoria”. El mandato prevé dos años de supervisión. El costo estimado de la reconstrucción asciende a 70.000 millones de dólares según el Banco Mundial, la ONU y la Unión Europea. Hasta la fecha, ningún país ha comprometido fondos significativos.
Ali Shaath, el ingeniero gazatí designado para presidir el comité tecnocrático, representa el perfil exacto que Washington buscaba. Exviceministro de planificación de la Autoridad Palestina, experto en desarrollo económico, actualmente radicado en Cisjordania. Su biografía no incluye ninguna afiliación con Hamas ni con la resistencia armada. Los demás miembros del comité gestionarán carteras como economía, agua, municipios, justicia, seguridad, salud y agricultura. Ayad Abu Ramadan, presidente de la Cámara de Comercio de Gaza, aceptó públicamente su nombramiento como comisionado de Economía, Comercio e Industria, declarándose “ansioso por comenzar a trabajar para aliviar el sufrimiento de la gente en Gaza”. La frase contenía la dosis justa de humanitarismo despolitizado que la nueva arquitectura requiere.
La Línea Amarilla como frontera de la muerte
Lo que los documentos oficiales denominan “línea de demarcación del alto el fuego” y los palestinos experimentan como una sentencia de muerte móvil atraviesa Gaza de norte a sur, dejando a Israel el control físico de entre el 50 y el 58 por ciento del territorio. La línea no está marcada en el terreno. Sus coordenadas cambian según decisiones militares que no se comunican a la población civil. Un funcionario de seguridad israelí declaró al periódico Israel Hayom que la Línea Amarilla debe considerarse “la nueva frontera” y que las fuerzas israelíes se preparan para permanecer allí “por un período indefinido”.
“El derecho internacional es muy claro en que no debe llamarse frontera ni nada similar. Se trata de un territorio que debe ser respetado en su integridad.”
– Volker Türk,- Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, diciembre de 2025
Desde que el alto el fuego entró en vigor el 10 de octubre de 2025, la Oficina de Medios del Gobierno de Gaza ha documentado 1.193 violaciones israelíes. El desglose resulta instructivo. Israel disparó contra civiles 384 veces, realizó incursiones en áreas residenciales más allá de la línea en 66 ocasiones, bombardeó y artilló el territorio 551 veces, y demolió propiedades en 192 oportunidades. Las Fuerzas de Defensa de Israel han demolido más de 2.500 edificios desde el inicio del alto el fuego, según una investigación del New York Times. La mayoría de las demoliciones ocurren del lado israelí de la línea, pero decenas de estructuras han sido destruidas hasta 900 metros dentro del territorio supuestamente controlado por Hamas.
El patrón de muertes cerca de la línea sigue una lógica que Mahmoud Bassal, portavoz de Defensa Civil de Gaza, ha descrito con precisión amarga. Las víctimas no caen en enfrentamientos armados sino mientras intentan regresar a sus hogares o cultivar sus tierras. El 8 de enero, Hamsa Houso, una niña de doce años que soñaba con ser médica, fue alcanzada por un disparo en la cabeza en Jabalia, a un kilómetro de la Línea Amarilla. Su tío Mohammad la encontró después de que proyectiles de artillería y ráfagas de vehículos blindados despertaran al vecindario. La tecnología militar israelí, como él mismo señaló, no produce accidentes.
El alto el fuego que nunca fue
Las cifras del Ministerio de Salud de Gaza componen el retrato de una tregua que existe únicamente en los comunicados diplomáticos. Desde el 10 de octubre de 2025 hasta el 14 de enero de 2026, al menos 440 palestinos han sido asesinados por fuerzas israelíes. De ellos, aproximadamente el 40 por ciento eran niños. Un análisis de Al Jazeera determinó que Israel atacó Gaza en 82 de los 97 días transcurridos desde el alto el fuego, lo que significa que solo hubo 15 jornadas sin violencia letal. El total de palestinos muertos desde octubre de 2023 supera los 71.400, con más de 171.000 heridos. Las cifras no distinguen entre civiles y combatientes porque en Gaza esa distinción perdió sentido hace mucho tiempo.
DATO CLAVE:
Según OCHA, 35 establecimientos de salud se encuentran más allá de la Línea Amarilla, incluyendo 8 hospitales y 26 centros de atención primaria que permanecen inoperativos. El Hospital Kamal Adwan, que Israel atacó repetidamente durante la guerra, se encuentra inmediatamente adyacente a la línea. Cuatro de los seis hospitales que alguna vez funcionaron en el norte de Gaza son actualmente inaccesibles.
La respuesta humanitaria opera bajo restricciones que garantizan su fracaso. El acuerdo de alto el fuego estipulaba la entrada de 600 camiones de ayuda diarios. En la práctica, solo entre 100 y 300 logran ingresar, y la mayoría transporta bienes comerciales inaccesibles para la población que depende de la asistencia. El Programa Mundial de Alimentos informó en diciembre que debió reducir las raciones familiares del 75 al 50 por ciento de las necesidades calóricas mínimas para maximizar la cobertura. Israel continúa bloqueando alimentos nutritivos esenciales (carne, lácteos, vegetales) mientras permite el ingreso de snacks, chocolates, papas fritas y bebidas gaseosas. La lógica de esta selección permanece sin explicación oficial, aunque sus efectos sobre la desnutrición infantil resultan medibles.
La reconstrucción imposible
El llamamiento humanitario de emergencia para 2026 solicita 4.060 millones de dólares para asistir a 2,97 millones de personas en Gaza y Cisjordania. Hasta diciembre de 2025, los Estados miembros habían desembolsado aproximadamente 1.600 millones, el 40 por ciento de lo requerido. La cifra corresponde únicamente a la respuesta humanitaria de emergencia. La reconstrucción física del territorio constituye un cálculo aparte. La estimación inicial del Banco Mundial, la ONU y la Unión Europea en febrero de 2025 era de 50.000 millones de dólares. Para octubre, la cifra había sido revisada a 70.000 millones. La Oficina de Medios de Gaza sitúa las pérdidas iniciales en más de 70.000 millones solo en sectores vitales.
“Los desafíos para reconstruir Gaza serán enormes y requerirán que Israel se comprometa a permitir la reparación rápida de la infraestructura y las carreteras, así como la entrada de equipos y materiales de construcción.”
– Ahmed Bayram –, Consejo Noruego para los Refugiados
El sector más devastado es el de vivienda, con daños estimados en 15.800 millones de dólares, el 53 por ciento del total. UNRWA informó en mayo de 2025 que Israel había destruido el 92 por ciento de las viviendas palestinas en el enclave. La reconstrucción del sector salud costará más de 7.000 millones según la OMS. El 97 por ciento de las escuelas sufrió algún nivel de daño, con 518 de 564 requiriendo reconstrucción total o rehabilitación mayor. La pregunta que nadie formula públicamente es quién financiará esta reconstrucción en un territorio donde Israel mantiene control militar sobre más de la mitad de la superficie y donde la “desmilitarización” exigida a Hamas como condición para avanzar parece diseñada para no cumplirse jamás.
Conclusión
La fase dos del plan de paz de Trump para Gaza representa menos un avance hacia la resolución del conflicto que la formalización de un nuevo régimen de control. La arquitectura institucional desplegada (un consejo internacional de potencias, una administración local de tecnócratas sin base política, una fuerza de estabilización bajo mando estadounidense, un alto representante con experiencia en no resolver nada) reproduce con precisión los mecanismos del colonialismo humanitario que el siglo XX perfeccionó y el XXI heredó sin modificaciones sustanciales. El alto el fuego cumplió su verdadera función, que nunca fue detener las muertes sino desplazar Gaza del centro de la atención mediática global. Mientras el mundo celebra el inicio de la reconstrucción, Israel expande silenciosamente su control territorial, dispara diariamente contra civiles que intentan volver a sus hogares, y prepara las condiciones para una ocupación que ya no necesita llamarse por su nombre. La paz, en Gaza, se ha convertido en el vocabulario con el que se administra la continuidad de la guerra…
G.S.
Fuentes
- Declaración de Steve Witkoff, enviado especial de EE.UU., 14 de enero de 2026
- Times of Israel, “Palestinian technocrats invited to join transitional Gaza governing committee”, 14 de enero de 2026
- Al Jazeera, “How many times has Israel violated the Gaza ceasefire?”, actualizado 14 de enero de 2026
- Washington Post, “Gaza war rages along Israel’s Yellow Line, despite ceasefire”, 8 de enero de 2026
- The National, “Children make up 40% of dead in Israeli violations of Gaza ceasefire”, 12 de enero de 2026
- OCHA, Humanitarian Situation Update #349, Gaza Strip, diciembre de 2025
- Security Council Report, “The Middle East, including the Palestinian Question”, enero de 2026
- Wikipedia, “Board of Peace” y “National Committee for the Administration of Gaza”, consultados 15 de enero de 2026
- UN News, “Peace proves relative in Gaza with no let-up in deadly airstrikes”, diciembre de 2025
- Anadolu Agency, “What Gaza needs: Billions required for recovery from Israel’s devastation”, enero de 2026


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