Las mujeres estuvieron en la prehistoria y en sus tumbas, y desaparecieron del relato por obra de quienes excavaron esas tumbas y las leyeron con los prejuicios de su época. Pascal Picq, paleoantropólogo francés y antiguo colaborador de Yves Coppens en el Collège de France, lo resume en una entrevista difundida por el canal Les Découvreurs con la imagen de una capa masculinista que habría pesado sobre la disciplina hasta hoy. Los casos documentados le dan la razón en lo esencial, de Paviland a Menton, de un simposio celebrado en Chicago en 1966 a un Código Civil francés que hizo de la obediencia de la esposa una obligación legal. La corrección en curso exige, sin embargo, una reserva de rigor, porque parte del entusiasmo actual afirma más de lo que los datos autorizan.
Una dama romana que era un hombre y un jefe de clan que era una mujer
En 1823, el geólogo William Buckland excavó la cueva de Paviland, en la costa de Gower, al sur de Gales, y encontró un esqueleto teñido de ocre rojo (un pigmento a base de óxido de hierro) rodeado de conchas perforadas y anillos de marfil. Buckland, cuya cronología no dejaba lugar, según recuerdan los historiadores, a restos humanos anteriores al diluvio bíblico, dató la tumba en época romana y, a la vista de las joyas, concluyó que era una mujer, hipótesis que ensayó junto a las de una bruja y una prostituta pintada, que fue la que retuvo. La bautizó Dama Roja de Paviland. El esqueleto era el de un varón de 25 a 30 años, enterrado hace entre 33.000 y 34.000 años según el radiocarbono de 2008.
Picq atribuye la rectificación del sexo a un análisis de ADN reciente. Las fuentes consultadas la atribuyen al examen del esqueleto por William Sollas a comienzos del siglo XX, y ninguna menciona un análisis genético.
El caso de Menton es el reverso. Émile Rivière, médico, descubrió el 26 de marzo de 1872 en la cueva del Cavillon, en la frontera entre Francia e Italia, una sepultura de hace unos 24.000 años, del periodo gravetiense (una fase del Paleolítico superior). El cuerpo estaba cubierto de hematita y ocre rojo, con más de doscientas conchas perforadas y veintidós caninos de ciervo alrededor del cráneo. La misma parafernalia que en Gales había servido para declarar mujer a un hombre no impidió declarar hombre a una mujer, porque los huesos eran macizos y Rivière vio en ellos a un jefe de clan. El hallazgo se llamó el Hombre de Menton durante más de un siglo.
En 1988, la antropóloga Marie-Antoinette de Lumley advirtió, ante el esqueleto reconstruido en el Musée de l’Homme, que la pelvis era ancha y de escotadura ciática muy abierta, es decir, femenina. Según el portal especializado Hominides, el estudio posterior lo confirmó. Hoy se llama Dama del Cavillon. Picq cuenta también este caso como resultado del ADN, y también aquí la documentación disponible habla solo de morfología.
Ambos errores comparten una lógica. En Paviland, los adornos bastaban para feminizar unos huesos. En Menton, los huesos bastaban para masculinizar unos adornos. El criterio se desplazaba hacia la conclusión esperada, y esa movilidad es lo que, en mi lectura, delata la operación.
La corrección contemporánea corre el riesgo de repetir el mecanismo con el signo cambiado. En Wilamaya Patjxa, a 3.925 metros de altitud en los Andes peruanos, un equipo encabezado por Randy Haas describió en 2020, en Science Advances, la tumba de una joven de 17 a 19 años, de hace unos 9.000 años, enterrada con cinco puntas de proyectil completas y herramientas para trabajar pieles. El sexo se estableció por análisis de proteínas dentales y estudio osteológico, y los autores hablan de una cazadora de caza mayor. Un objeto funcional junto a un cuerpo demuestra que el objeto existía, y a mi juicio no establece por sí solo quién lo usaba en vida.
Birka, en Suecia, muestra el límite del método más moderno. La tumba Bj 581, de época vikinga, contenía armas y objetos de élite y se atribuyó durante unos 140 años a un guerrero. En 2017, un análisis genómico dirigido por Charlotte Hedenstierna-Jonson halló dos cromosomas X y ningún Y. La identificación como mujer quedó establecida, la de guerrera fue discutida, porque las armas podían pertenecer a otras personas. El ADN resuelve el sexo y deja intacto el problema del sentido.
Chicago, abril de 1966, la fabricación del cazador
Del 6 al 9 de abril de 1966, en la Universidad de Chicago, los antropólogos Richard Lee e Irven DeVore reunieron a especialistas en cazadores-recolectores, es decir, grupos humanos que obtienen su alimento de la caza, la pesca y la recolección sin agricultura ni ganadería, y que la literatura anglosajona llama forrajeros. El volumen resultante, «Man the Hunter» (1968), planteaba que la caza había sido el primer modo de vida de la humanidad y que comprender a los cazadores equivalía a comprender la naturaleza humana. La recolección, tarea femenina en el modelo, quedaba como un complemento sin peso evolutivo. La réplica llegó en 1981, cuando Jane Collier y Michelle Rosaldo cuestionaron el sesgo masculino de esos supuestos y Frances Dahlberg reunió en «Woman the Gatherer» los trabajos sobre las recolectoras.
Picq remonta el problema un siglo atrás. Sostiene que la prehistoria nació en la Europa de finales del siglo XIX, racista y patriarcal a la vez, y que sus fundadores transpusieron a las cavernas el orden doméstico que conocían. A ello se habría sumado la proyección de la familia de los Treinta Gloriosos, el periodo de crecimiento económico francés entre 1945 y 1975, con el varón que caza y la mujer que aguarda en la cueva. Son tesis de una entrevista oral, y ninguna de las fuentes consultadas las documenta.
Lo que la rehabilitación permite afirmar y lo que no
Si el relato borró a las mujeres de la prehistoria, falta saber cuánto de lo que hoy se les devuelve resiste el examen. La cifra más citada procede del metaanálisis del propio equipo de Haas, que revisó individuos enterrados en yacimientos del Pleistoceno tardío y el Holoceno temprano en las dos Américas.
Entre el 30 y el 50 por ciento de los cazadores de mayor presa de las Américas tempranas habrían sido mujeres, según la estimación de Haas y colegas a partir de 429 individuos de 107 yacimientos. (Science Advances, 2020)
Los propios autores reconocen que ese nivel contrasta con los cazadores-recolectores recientes, donde la participación femenina en la caza queda, según Haas, por debajo del 30 por ciento. Concluyen que la división sexual del trabajo fue muy distinta en aquel pasado, probablemente más equitativa.
En 2023, Anderson y colaboradores publicaron en PLOS ONE un estudio titulado «The Myth of Man the Hunter», que revisó las etnografías de sociedades de forrajeros. Solo una fracción ofrecía información explícita sobre la caza.
Sobre 391 sociedades de forrajeros examinadas, 63 ofrecían datos explícitos sobre la caza, y en 50 de ellas (79 por ciento) se documentaba caza practicada por mujeres. (Anderson y colaboradores, PLOS ONE, 2023)
En 36 de los 41 casos en que se precisaba la intención, la caza femenina se describía como deliberada y no oportunista. Una réplica de 2024 en Evolution and Human Behavior, firmada por Venkataraman y catorce coautores, resume la disputa en su título, «Female foragers sometimes hunt, yet gendered divisions of labor are real» (las forrajeras a veces cazan y, sin embargo, las divisiones de género del trabajo son reales). Sostiene que centrarse solo en la caza es miope, porque minimiza otras contribuciones y los costos que ambos sexos afrontan.
Los arqueólogos Steven Kuhn y Mary Stiner, de la Universidad de Arizona, propusieron en 2006 en Current Anthropology que una división del trabajo por sexo y edad, con mujeres y niños dedicados a procesar vegetales y a fabricar objetos, y hombres a la caza mayor, apareció con relativa tardanza, al comienzo del Paleolítico superior, y dio a los humanos modernos una ventaja demográfica sobre otros homininos. Es una hipótesis y no un hecho. Presenta la división sexual del trabajo, hoy denostada como fósil ideológico, como una posible innovación y no como un dato de origen.
Picq repite además que la marcha bípeda estrechó la pelvis y dejó a las mujeres un lastre evolutivo, el llamado dilema obstétrico del parto difícil. En 2012, Holly Dunsworth y colegas propusieron en PNAS la hipótesis EGG (energética, gestación y crecimiento), para la cual el bebé nace cuando la madre alcanza su techo metabólico y no cuando el canal del parto se lo impone. La objeción existe y la entrevista no la menciona.
Lo que queda en pie es poco y sólido. Hubo mujeres que cazaron, en algunas sociedades y en algunos momentos, y un yacimiento andino sugiere caza mayor. La división del trabajo por sexo aparece en las sociedades conocidas, con formas variables. El dilema obstétrico es una hipótesis con objeciones y no un dato cerrado. Una prehistoria igualitaria no está establecida, por más que el entusiasmo actual la dé por supuesta.
El matriarcado que se inventó y el patriarcado que se convirtió en código
El borrado de las mujeres tiene una versión más antigua y de mayor prestigio político, la que las convirtió en soberanas de un pasado remoto. En 1861, el jurista suizo Johann Jakob Bachofen publicó «Das Mutterrecht» (El derecho materno), donde sostenía que las sociedades arcaicas habían sido matriarcales. En 1884, Friedrich Engels retomó la idea en «El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado» y la vinculó a la propiedad, con la célebre «derrota histórica del sexo femenino». La antropología posterior desechó el matriarcado primitivo. Cynthia Eller escribió en 2000 que pocos especialistas lo encontraban persuasivo, y Joan Bamberger sostuvo en 1974 que los mitos de mujeres destronadas servían para justificar la sumisión del presente. Picq lo resume con una frase que suscribo, el matriarcado ancestral es el simétrico invertido del patriarcado.
Para un lector latinoamericano, el trabajo más útil viene de la antropóloga Rita Segato, argentina y profesora en Brasilia. En un ensayo publicado en Hypatia en 2021 sostiene que las sociedades comunitarias precoloniales tenían estructuras patriarcales, pero con una organización dual del género, plural en esencia, muy distinta de la estructura binaria colonial-moderna, que opera en términos de un Uno y sus otros marginados. Esa transformación habría intensificado la desigualdad y la violencia contra las mujeres, de ahí su distinción entre un patriarcado de baja y otro de alta intensidad. La tesis no absuelve al mundo anterior a la conquista ni lo convierte en un edén, y me parece la que mejor resiste el doble filtro, porque no necesita ni un matriarcado perdido ni una igualdad prehistórica.
En Francia, la historia jurídica no deja lugar a la hipótesis. El artículo 213 del Código Civil de 1804 establecía que el marido debe protección a su mujer y la mujer obediencia a su marido. La ley del 18 de febrero de 1938 suprimió ese deber y la incapacidad civil de la esposa, pero el marido conservó la dirección de la familia y la facultad de oponerse a que ella trabajara. Hubo que esperar a la ley del 13 de julio de 1965 para que pudiera abrir una cuenta bancaria y ejercer una profesión sin permiso del cónyuge, y a la del 4 de junio de 1970 para que la jefatura del marido cediera su lugar a la autoridad parental conjunta.
Ese régimen fue escrito, aplicado y reformado por etapas en tiempos históricos, con firmas, fechas y beneficiarios, y ese registro documentado pesa más que cualquier esqueleto. En mi lectura, la desaparición de las mujeres del relato prehistórico no parece un simple accidente de método. Se las convirtió en jefes, en adorno o en silencio en relatos que servían, en buena medida, a un orden doméstico presente, y quien hoy las rehabilita a golpe de hipótesis corre el riesgo del error simétrico de exigir que el pasado le dé la razón. La prehistoria seguirá siendo un espejo, y quien la consulte para saber lo que las mujeres eran, o debieron ser, encontrará casi siempre lo que ya traía consigo…
G.S.
Fuentes
- Entrevista a Pascal Picq, canal Les Découvreurs, YouTube (enlace y fecha pendientes de confirmar)
- De l’homme de Menton à la Dame du Cavillon, Hominides
- Dame du Cavillon, Wikipédia
- Red Lady of Paviland the story of a 33,000 year-old skeleton, The Conversation
- Red Lady of Paviland, Wikipedia
- Female hunters of the early Americas, Science Advances (2020)
- Early Big-Game Hunters of the Americas Were Female, Researchers Suggest, UC Davis
- Wilamaya Patjxa, Wikipedia
- Birka grave Bj 581, Wikipedia
- A female Viking warrior confirmed by genomics, PMC
- Man the Hunter, Wikipedia
- The Myth of Man the Hunter, PLOS ONE (2023)
- Female foragers sometimes hunt, yet gendered divisions of labor are real, Evolution and Human Behavior (2024)
- What’s a mother to do, Current Anthropology (2006)
- Gendered division of labor gave modern humans advantage over Neanderthals, ScienceDaily
- Metabolic hypothesis for human altriciality, PNAS (2012)
- Long-held theory on human gestation refuted, ScienceDaily
- Matriarchy, Wikipedia
- Gender and Coloniality, Hypatia (2021)
- Code civil, art. 213, version de 1901, Criminocorpus
- Fin de l’incapacité civile des femmes, 1938, 8mars.info
- Chef de famille en France, Wikipédia
- Loi du 13 juillet 1965 portant réforme des régimes matrimoniaux, Wikipédia
- Johann Jakob Bachofen, Das Mutterrecht (1861)
- Friedrich Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884)
- William Sollas, Paviland Cave, an Aurignacian station in Wales (1913)



