En 2026, Suiza es el único país del mundo donde un médico puede pedir, caso por caso, autorización para tratar a un paciente con LSD, psilocibina o MDMA, un mecanismo que en menos de una década multiplicó varias veces el número de tratamientos aprobados, hasta treinta y ocho veces más en el caso de la MDMA. En el mismo período, un laboratorio de Boston fundado por el neurocientífico que documentó cómo estas moléculas reconstruyen las dendritas del cerebro levantó setenta millones de dólares para diseñar una versión sin alucinación, patentable y vendible como cualquier otro fármaco. Mientras tanto, la empresa británica Compass Pathways defiende ante tribunales estadounidenses la propiedad de una forma cristalina de psilocibina que investigadores independientes dicen haber encontrado en muestras de los años sesenta. Ninguno de estos tres movimientos, la clínica suiza, el laboratorio que desarma la molécula y el litigio de patentes, menciona a los pueblos mazatecos, huicholes o amazónicos cuyo conocimiento ritual precedió en siglos al hallazgo del receptor TrkB.
La molécula que repara neuronas
El mecanismo detrás de este auge terapéutico se aclaró recién en 2023. Los psicodélicos clásicos no solo activan el receptor de serotonina 5-HT2A desde fuera de la neurona, como se pensó durante décadas. Atraviesan la membrana celular y actúan directamente sobre el receptor TrkB desde el interior.
TrkB es el receptor natural del factor neurotrófico derivado del cerebro, la proteína que el organismo usa para ordenar el crecimiento y la reparación de las conexiones neuronales. Al unirse a TrkB desde dentro de la célula, el LSD imita y potencia la señal que normalmente dispara esa proteína, pero con una eficiencia mayor, porque accede a un sitio del receptor que la proteína natural, al ser de mayor tamaño, no puede alcanzar con la misma facilidad. El neurocientífico David Olson, de la Universidad de California en Davis, había documentado ya en 2018, en neuronas de rata y en modelos de mosca de la fruta, que una sola dosis de LSD, DMT o psilocina aumentaba de forma medible la densidad de las dendritas y el número de espinas dendríticas, las estructuras donde se forman las sinapsis. Una neurona expuesta a la molécula desarrolla más ramificaciones y más puntos de contacto con sus vecinas, un proceso equivalente a reconstruir un tejido de comunicación empobrecido por el estrés crónico o el trauma.
Esa propiedad regenerativa, y no el efecto alucinógeno en sí, es la que Olson intenta ahora aislar y conservar en un estudio que busca disociar la activación de TrkB de la activación del receptor 5-HT2A responsable de las alucinaciones. Si la hipótesis se confirma, la plasticidad estructural quedaría separada, al menos en teoría, de la experiencia subjetiva que durante décadas definió lo que significa tomar un psicodélico.
Suiza, la excepción que se volvió norma
Suiza sostiene, desde 2014, el único mecanismo legal continuo del planeta para el uso terapéutico de psicodélicos caso por caso.
La Oficina Federal de Salud Pública autoriza a médicos individuales a tratar a un paciente con LSD, psilocibina o MDMA cuando las terapias convencionales fracasaron, bajo supervisión clínica estricta. El sistema hereda una primera ventana de excepción, abierta entre 1988 y 1993 para una docena de terapeutas, cerrada por la ola prohibicionista internacional y reabierta de forma tímida en 2007 por el psiquiatra Peter Gasser, quien relanzó la investigación clínica sobre el LSD en el país. Desde entonces, el número de autorizaciones no dejó de crecer.
Las autorizaciones excepcionales de la Oficina Federal de Salud Pública suiza para uso terapéutico pasaron de 6 a 231 en el caso de la MDMA, de 6 a 134 en el LSD y de 43 a 410 en la psilocibina entre 2016 y 2025, según cifras publicadas por el diario 20 Minutes.
La asociación suiza que reúne a los profesionales del sector, la Sociedad Suiza para la Terapia Asistida con Psicodélicos, documentó en enero de 2025, en un recuento acumulado distinto del comparativo anual citado arriba, que unos sesenta médicos habían recibido autorización desde 2014, que se emitieron 1051 autorizaciones entre 2016 y noviembre de 2023, repartidas en 351 para la MDMA, 338 para el LSD y 362 para la psilocibina, y que el número total de tratamientos realizados se estima entre 2000 y 3000. Un tratamiento típico se extiende en promedio durante tres años, con unas setenta horas de psicoterapia hablada y siete sesiones con la sustancia, un formato incompatible con la lógica de consulta breve de la medicina general. Ninguna certificación oficial de formación en este tipo de terapia existe todavía, y la propia asociación reconoce que el sistema tarifario suizo no contempla hoy esta práctica, lo que deja sin resolver quién termina pagando la factura.
Ese acceso legal tiene, en todo caso, un costo que recae en buena medida sobre el paciente, y depende de encontrar a uno de los pocos médicos dispuestos a tramitar una solicitud ante la autoridad federal. La brecha entre esta vía regulada y minoritaria y la demanda real de la población se llenó, en los últimos años, con una oferta paralela que opera fuera de cualquier control.
Un reportaje de 20 Minutes documentó en junio de 2026 la multiplicación de retiros psicodélicos clandestinos en los cantones de Vaud, Neuchâtel, Berna y Basilea, con tarifas que van de unos cientos a varios miles de francos y organizadores que las autoridades cantonales no logran ubicar con precisión. La Oficina Federal de Salud Pública advierte que estas ofertas exponen a los participantes a riesgos de abuso y complicaciones psicológicas que la vía médica está diseñada para prevenir. El mismo país que exporta esa reputación de vanguardia terapéutica es, entonces, el escenario de un mercado informal que crece a la sombra de ella.
La carrera por patentar el viaje sin el viaje
La misma ciencia que sostiene la medicina suiza mueve, del otro lado del Atlántico, una carrera empresarial por diseñar un fármaco sin experiencia psicodélica.
Delix Therapeutics, la empresa que Olson cofundó en Boston en 2019 junto con Nick Haft, desarrolla psicoplastógenos no alucinógenos que buscan replicar el efecto de reparación neuronal sin activar el receptor 5-HT2A. La compañía levantó setenta millones de dólares de financiamiento, inició un ensayo clínico de fase uno para su compuesto DLX-001 y publicó en la revista Science el mecanismo molecular que sustenta esta apuesta. El objetivo declarado es un medicamento que un médico general pueda recetar sin la supervisión psicoterapéutica intensiva que exige hoy cualquier sesión con LSD o psilocibina, y que una aseguradora pueda reembolsar como reembolsa cualquier antidepresivo.
Compass Pathways, con sede en Londres, sostiene cinco patentes estadounidenses sobre la psilocibina sintética, cuatro de ellas sobre una forma cristalina específica que la empresa llama Polymorph A. Freedom to Operate, organización estadounidense sin fines de lucro, impugnó dos de esas patentes en diciembre de 2021, con el argumento de que esa misma estructura cristalina aparecía ya en muestras de psilocibina sintetizadas en los años sesenta y en 2008, mucho antes de que Compass la reclamara como invención propia.
La disputa se resolvió en junio de 2022, cuando el Patent Trial and Appeal Board, la instancia administrativa del organismo de patentes estadounidense, confirmó los dos brevets impugnados y calificó los argumentos de Freedom to Operate de infundados y poco persuasivos. La decisión no admite apelación, y la organización había gastado cerca de un millón de dólares en peritajes científicos para sostener un caso que perdió por completo.
Ese calendario se acelera, además, por una decisión política explícita. El 24 de abril de 2026, la FDA anunció una vía de revisión acelerada para tres empresas que investigan la psilocibina contra la depresión, entre ellas Compass, y para la metilona contra el estrés postraumático, pocos días después de que el presidente Donald Trump firmara una orden ejecutiva para acelerar la aprobación de fármacos psicodélicos. El secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr. declaró entonces que la administración estaba acelerando la investigación, la aprobación y el acceso a estos tratamientos. Compass había anunciado ya en noviembre de 2025 que esperaba una decisión de la FDA hacia fines de 2026 o comienzos de 2027, entre nueve y doce meses antes de lo previsto. Si la aprobación llega, su psilocibina patentada sería el primer tratamiento de este tipo autorizado para la depresión severa en Estados Unidos, sobre una base de ensayos de fase avanzada que la propia cobertura especializada describe todavía como limitada.
El caso de Lykos Therapeutics ilustra cuánto puede tropezar esta carrera incluso cuando la ciencia parece sólida. La empresa, heredera del trabajo de más de tres décadas de la organización MAPS sobre la MDMA, presentó ante la agencia reguladora estadounidense una solicitud de aprobación para tratar el estrés postraumático.
La FDA rechazó en agosto de 2024 la solicitud de Lykos Therapeutics para aprobar la terapia asistida con MDMA contra el estrés postraumático, citando deficiencias en el diseño de los ensayos clínicos y denuncias de conducta inapropiada durante las sesiones de tratamiento.
La empresa se reestructuró después del rechazo y aseguró que continuará el proceso, mientras otras compañías del sector psicodélico ajustan sus propios ensayos clínicos para evitar el mismo desenlace. El episodio no detuvo la inversión en el sector, pero sí desplazó buena parte de su entusiasmo hacia compuestos como los de Delix y Compass, precisamente porque, a ojos de estas empresas, prometen sortear lo que consideran el terreno impredecible de una terapia que depende de la experiencia subjetiva del paciente y del criterio de quien la acompaña.
Los pueblos que descubrieron el viaje no figuran en la patente
Ninguna de las cifras suizas ni de las patentes estadounidenses menciona a quienes usaron estas moléculas mucho antes de que un laboratorio les pusiera nombre químico. La psilocibina llegó a la ciencia occidental en 1955, cuando el banquero estadounidense Robert Gordon Wasson participó, en Huautla de Jiménez, en una ceremonia ritual dirigida por la curandera mazateca María Sabina, presionada según el propio relato posterior de Wasson por las autoridades municipales para aceptar su presencia. Sabina fue rechazada por su comunidad después de que Wasson publicara el hallazgo, su casa fue incendiada y su hijo asesinado, y murió en la pobreza sin recibir jamás un reconocimiento equivalente al que la ciencia occidental construyó sobre su conocimiento. El peyote, sustancia sagrada para los pueblos huicholes y otras naciones indígenas de México y el suroeste de Estados Unidos, es la fuente vegetal de la mescalina. Una farmacopea vegetal amazónica, desarrollada durante generaciones por comunidades indígenas, sostiene a su vez el uso de la dimetiltriptamina, activa en el LSD por analogía estructural y central en el ayahuasca.
Organizaciones indígenas de América del Norte y del Sur exigen hoy, al amparo del Protocolo de Nagoya sobre acceso a recursos genéticos, algún mecanismo de reciprocidad económica frente a una industria que en 2026 mueve miles de millones de dólares en inversión y valoración bursátil sin que ese dinero regrese, en ninguna proporción reconocible, a las comunidades de origen. La discusión académica sobre el tema, todavía incipiente, coincide en un punto, ninguna de las patentes farmacéuticas en disputa reconoce una deuda con el conocimiento que hizo posible la investigación. Un artículo publicado en 2026 sobre sistemas de conocimiento indígena y ciencia psicodélica, firmado por un equipo que incluye a representantes de comunidades nativas norteamericanas, documenta esa misma exigencia de reciprocidad y advierte que la mayoría de los protocolos de investigación siguen sin incluir a las comunidades de origen, ni en el diseño de los estudios ni en el reparto de beneficios.
El receptor TrkB no distingue entre una sesión clínica en Zúrich, un ensayo de fase uno financiado por capital de riesgo en Boston y una ceremonia nocturna en la sierra mazateca, la molécula repara las mismas dendritas en cualquier caso, pero el dinero, la propiedad intelectual y el reconocimiento histórico siguen rutas completamente distintas…
G.S.
Fuentes
- Psychedelics promote plasticity by directly binding to BDNF receptor TrkB
- Psychedelic drugs promote neural plasticity in rats and flies
- Towards an understanding of psychedelic-induced neuroplasticity
- Suisse, les retraites psychédéliques illégales se multiplient
- Recommandations pour le traitement, Thérapie assistée par psychédéliques (SAEPT)
- Delix Therapeutics Study Demonstrates that the Non-Hallucinogenic Neuroplastogen Zalsupindole Promotes Neuroplasticity
- Delix Therapeutics Scores 70 Million for Non-hallucinogenic Psychedelic Analogs
- Judges Deny Challenge to Psilocybin Patent
- Compass Pathways expects earlier FDA approval decision on its psilocybin drug
- FDA Releases Complete Response Letter on Declining MDMA-Assisted Therapy for PTSD
- The Promise of Nagoya, Indigenous Reciprocity in the Psychedelic Renaissance
- María Sabina, Mushrooms, and Colonial Extractivism (Chacruna)
- RFK, Jr., puts psychedelics on fast track to FDA review and approval (Scientific American)



