En febrero de 2026, el Parquet financiero de París abrió una investigación sobre una sociedad registrada en las Islas Vírgenes Británicas que Jeffrey Epstein compartía con la hija de un exministro francés de Cultura. Casi nadie recordó, en medio del escándalo, que el financista muerto en una celda de Manhattan en 2019 no salió de la nada. Antes de administrar el dinero de científicos y de expresidentes, Epstein aprendió su oficio en los márgenes de un dispositivo mucho más antiguo, montado en 1976 cuando el Congreso de Estados Unidos le cortó las manos a su propia agencia de inteligencia. Ese dispositivo tuvo un nombre discreto, Safari Club, y un centro de gravedad que la prensa francesa casi nunca menciona, el traficante de armas saudita Adnan Khashoggi. Esta investigación reconstruye esa genealogía con el informe oficial de la comisión Church, biografías verificadas de Khashoggi y de Epstein, y los expedientes que en 2026 siguen abriéndose en París y en Washington.
La comisión Church y la tutela legal de la CIA
En 1975, el senador Frank Church presidió una comisión que hizo lo que ningún organismo estadounidense había hecho antes, mirar de frente lo que la CIA llevaba dos décadas haciendo puertas adentro.
El informe final, publicado en abril de 1976 en seis volúmenes, documentó el programa MKUltra, experimentos de control mental ejecutados sobre ciudadanos sin su consentimiento, y expuso la llamada Operation Mockingbird, la infiltración sistemática de la prensa estadounidense por agentes encubiertos que redactaban o inspiraban artículos favorables a la agencia. También destapó el programa COINTELPRO contra movimientos políticos internos y el proyecto Family Jewels, el inventario secreto que la propia CIA hizo de sus abusos antes de que el Congreso se lo exigiera. El efecto inmediato fue una vigilancia legislativa que Estados Unidos no conocía hasta entonces, comités permanentes de supervisión en el Senado y en la Cámara, y una enmienda, la enmienda Clark, que en 1976 prohibió expresamente financiar con fondos encubiertos a cualquier facción armada en la guerra civil de Angola. Para una agencia acostumbrada a operar sin rendir cuentas a nadie, esa correa corta significó algo muy concreto, ya no podía seguir pagando guerras ajenas con el mismo margen de maniobra de antes.
El propio Church lo advirtió ese mismo año, en una entrevista televisiva, la capacidad de vigilancia que esas agencias habían desarrollado podía convertirse, si algún día se usaba sin límites, en el instrumento de una tiranía total de la que no habría manera de defenderse.
El informe final de la comisión Church, publicado en abril de 1976, documentó formalmente la existencia del programa MKUltra y de la infiltración de medios estadounidenses conocida como Operation Mockingbird.
El Safari Club, la alianza que Washington no pudo firmar
Lo que la CIA ya no podía hacer directamente, otros lo hicieron por ella. En 1976, el jefe del servicio de inteligencia exterior francés, Alexandre de Marenches, reunió a los directores de espionaje de Arabia Saudita, Egipto, Marruecos e Irán en una alianza informal bautizada Safari Club.
La reunión fundacional ocurrió, con una ironía que la historia reserva a pocos episodios, en el Mount Kenya Safari Club, un hotel de lujo propiedad de Adnan Khashoggi. El saudita no era un invitado decorativo. Su primo Kamal Adham dirigía entonces los servicios secretos de Riad y fue uno de los arquitectos directos del dispositivo, mientras Khashoggi ponía el dinero, los contactos y, en los términos de la época, el terreno neutral donde las agencias castigadas por sus propios parlamentos podían seguir operando sin dar explicaciones a nadie. El Safari Club financió intervenciones anticomunistas en África, entre ellas el envío de tropas al Zaire en 1977, y sostuvo redes de armamento en Oriente Medio durante la década posterior al embargo petrolero de 1973, cuando los precios del crudo habían llenado de liquidez las arcas saudíes. Francia aportaba la cobertura diplomática y buena parte del entramado bancario, Arabia Saudita ponía el capital, y el conjunto operaba precisamente en la zona de sombra que el Congreso estadounidense acababa de negarle a su propia CIA.
Esa fortuna no fue eterna. Del pico de unos 4.000 millones de dólares a comienzos de los años ochenta, la riqueza de Khashoggi se derrumbó hasta apenas ocho millones hacia 1990, arrastrada por deudas, litigios y el fin de la guerra fría que había sostenido su modelo de negocio. Pero para entonces ya había cumplido su función histórica, la de financiar, sin que ningún parlamento occidental lo supervisara, tres lustros de operaciones encubiertas en dos continentes. El propio Safari Club no se disolvió con los años ochenta, se transformó. Parte del mismo circuito de financiamiento paralelo reapareció en el escándalo Irán-Contra, cuando Washington vendió armas a Teherán para financiar a la Contra nicaragüense sin autorización del Congreso, y Khashoggi, otra vez, prestó su nombre y sus cuentas para canalizar fondos a través del Bank of Credit and Commerce International, el banco que terminaría colapsando en 1991 entre acusaciones de blanqueo a escala planetaria.
Epstein, contable de un sistema que no inventó
Jeffrey Epstein no fundó nada de esto. Llegó después, y aprendió rápido.
En 1974 enseñaba matemáticas en la Dalton School de Nueva York, un colegio para hijos de la élite neoyorquina, hasta que fue despedido en 1976 por bajo rendimiento. Ese mismo año entró en Bear Stearns por recomendación de Alan Greenberg, uno de los banqueros más poderosos de Wall Street, y ascendió con una velocidad inusual hasta convertirse en socio limitado en 1980. Renunció al año siguiente, tras una suspensión relacionada con un préstamo personal de quince mil dólares que la firma consideró irregular. En agosto de 1981 fundó su propia sociedad de asesoría financiera, Intercontinental Assets Group, y entre sus primeros clientes figuraba, según la investigación fundacional de la periodista Vicky Ward publicada en Vanity Fair en 2003, el propio Adnan Khashoggi, presentado a Epstein por el traficante de armas británico Douglas Leese. No existe ningún documento que pruebe que Epstein participó directamente en las operaciones del Safari Club. Lo que sí está establecido es que su primer gran cliente fue precisamente el hombre que había puesto el hotel, el dinero y buena parte de los contactos que hicieron posible esa alianza.
Ese primer contrato le abrió una puerta que no volvió a cerrarse. Hacia el final de la década ya se presentaba como asesor exclusivo de grandes fortunas, y encontró en el empresario textil Leslie Wexner, dueño de Victoria’s Secret, al cliente que le daría poder notarial sobre buena parte de su patrimonio, el salto que le permitió comprar, entre otras propiedades, la isla de Little Saint James.
Según Vanity Fair (2003) y biografías posteriores, Adnan Khashoggi cobró hasta 106 millones de dólares en comisiones sobre ventas de armamento Lockheed entre 1970 y 1975, en el pico de una fortuna personal estimada en unos 4.000 millones de dólares.
Lo que todavía se mueve en 2026
Ese entramado no se cerró con la muerte de Epstein en agosto de 2019. El 30 de enero de 2026, el Departamento de Justicia estadounidense publicó decenas de miles de páginas del expediente judicial, y en Francia el efecto fue inmediato.
Los documentos revelaron que Jack Lang, ministro de Cultura entre 1992 y 1993, había conocido a Epstein unos quince años atrás por intermedio de Woody Allen. Su hija Caroline, productora de cine, fundó junto con Epstein en 2016 Prytanee LLC, una sociedad de las Islas Vírgenes Británicas presentada como un fondo de apoyo a artistas mediante compra y reventa de obras de arte, con apenas 1,4 millones de dólares en cuentas pese a una promesa de inversión de Epstein por 20 millones. En el testamento que Epstein firmó dos días antes de morir, en agosto de 2019, dejó a Caroline Lang un legado de cinco millones de dólares. El 6 de febrero de 2026, el Parquet nacional financiero abrió una investigación preliminar contra padre e hija por blanqueo de fraude fiscal agravado, y diez días más tarde ordenó un registro en el Institut du Monde Arabe, la institución que Jack Lang presidía. Ambos dimitieron el mismo día en que se conoció la investigación, él de la presidencia del instituto, ella de la dirección del Syndicat de la production indépendante. Su abogado, Laurent Merlet, sostiene que Lang se limitó a dar su opinión sobre obras de arte y que nunca estuvo involucrado en la sociedad. El propio Lang lo resumió con una fórmula casi teatral, no soy culpable de nada, soy blanco como la nieve.
Cuatro meses después, el 10 de junio de 2026, Bill Gates compareció ante el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes y reconoció que dos correos que Epstein se había enviado a sí mismo en 2013, mencionando affaires extramatrimoniales suyos y una petición sobre antibióticos para administrar sin consentimiento a quien entonces era su esposa, planteaban lo que llamó una seria probabilidad de que Epstein hubiera contemplado chantajearlo. Gates dijo no haber recibido nunca esos correos directamente, ni de Epstein ni de su entonces asesor científico, Boris Nikolic, el hombre que años antes los había presentado y a quien Epstein nombró ejecutor alterno de su propio testamento. El chantaje, en suma, fue contemplado, documentado por el propio Gates ante el Congreso, y nunca ejecutado.
Francia no es un decorado nuevo en esta historia. Jean-Luc Brunel, el cazador de modelos que Ghislaine Maxwell presentó a Epstein a mediados de los años ochenta, aparece veinticinco veces en los registros de vuelo del financista entre 1998 y 2005, año en que Epstein le giró hasta un millón de dólares para montar la agencia MC2 Model Management en Nueva York. Brunel visitó a Epstein en prisión al menos setenta veces durante su condena de 2008, y pasó los años siguientes a la muerte de su protector evadiendo una orden de arresto internacional, hasta que la policía francesa lo detuvo en el aeropuerto de Roissy en diciembre de 2020. Murió ahorcado en su celda de la prisión de la Santé, en París, en febrero de 2022, oficialmente por suicidio. El libro de investigación de Anthony Mansuy y Emmanuelle Andreani, publicado en junio de 2026, documenta además el apartamento de ochocientos ochenta metros cuadrados que Epstein mantuvo en la avenida Foch parisina.
En Francia, el único comentarista mediático que llegó a nombrar en público este mecanismo fue Fabrice Epelboin, en una tribuna publicada en Atlantico y, al día siguiente, en un plató de BFM TV, en febrero de 2026. Epelboin habló del Safari Club, de la CIA debilitada por el Congreso y de los servicios franceses, sin pronunciar en esas intervenciones el nombre de Khashoggi. La genealogía que reconstruye este texto, apoyada en fuentes distintas de las suyas, confirma que el saudita era precisamente la pieza que faltaba nombrar.
Ninguno de estos episodios, tomado por separado, prueba una continuidad organizativa entre el Safari Club de 1976 y los expedientes que en 2026 involucran a un exministro francés y al fundador de Microsoft. Prueban algo más simple, y quizás más incómodo, que la arquitectura financiera y política que hizo posible a Epstein en sus inicios nunca fue desmantelada, solo cambia de nombre y de intermediarios cada vez que uno de sus eslabones se rompe, y que Occidente sigue prefiriendo llamarla escándalo aislado antes que reconocer que…
G.S.
Fuentes
- Informe final de la Church Committee (United States Senate Select Committee to Study Governmental Operations with Respect to Intelligence Activities), abril de 1976 (documento oficial de archivo)
- Frank Church, entrevista en Meet the Press, NBC, 1975
- Clark Amendment
- Vicky Ward, “The Talented Mr. Epstein”, Vanity Fair, marzo de 2003
- Ronald Kessler, “The Richest Man in the World, The Story of Adnan Khashoggi”, Warner Books, 1986 (libro físico)
- Entre influence et espionnage, le Safari Club, ce réseau sans lequel Jeffrey ne serait jamais devenu Epstein, Fabrice Epelboin, Atlantico, 12 de febrero de 2026
- Vous avez zappé des cours d’histoire ? Fabrice Epelboin rappelle à BFM que l’affaire Epstein n’est pas un fait divers, lemediaen442.fr, 14 de febrero de 2026
- France to investigate former culture minister Lang over Epstein links, Al Jazeera, 7 de febrero de 2026
- Affaire Epstein : pourquoi le Parquet national financier a-t-il ouvert une enquête visant Jack Lang et sa fille Caroline ?, Public Sénat, 9 de febrero de 2026
- French prosecutors widen Epstein probe with raid on Jack Lang’s former institute, Euronews, 16 de febrero de 2026
- Former French Culture Minister Jack Lang and His Daughter Caroline Lang Appear in the Epstein Files, ARTnews, 3 de febrero de 2026
- Key takeaways from Bill Gates’ interview with House committee about his relationship with Jeffrey Epstein, PBS News, 10 de junio de 2026
- Anthony Mansuy y Emmanuelle Andreani, “Epstein, ce que vous n’avez jamais lu”, 2026 (libro)



