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SÍNTESIS INICIAL
En 2 minutos: un representante a la Cámara por las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz muere en un accidente aéreo mientras sobrevolaba el Catatumbo, la región que lo eligió y que hoy padece la peor crisis humanitaria registrada en Colombia. Este texto documenta cómo Diógenes Quintero Amaya se convierte en el cuarto congresista fallecido del cuatrienio 2022-2026, demuestra que las curules de paz nacieron como reparación simbólica a las víctimas del conflicto pero operan en territorios donde el Estado sigue ausente, y explica por qué su muerte condensa el fracaso estructural de una promesa constitucional. Si solo puedes leer esto, quédate con esto: el Catatumbo eligió a un defensor de derechos humanos para que hablara por él en el Congreso; ese defensor murió intentando llegar a su territorio mientras 100.000 personas huían de una guerra que nadie detuvo.
El 28 de enero de 2026, un avión Beechcraft 1900 de Satena desapareció de los radares doce minutos después de despegar de Cúcuta con destino a Ocaña. A bordo viajaban quince personas, entre ellas el representante Diógenes Quintero, su asistente Natalia Acosta, el candidato al Congreso Carlos Salcedo y el exconcejal Juan David Pacheco. Ninguno sobrevivió. El aparato se estrelló en una zona montañosa del municipio de La Playa de Belén, en el corazón del Catatumbo, esa región que Quintero había dedicado su vida a defender y que hoy arde en una guerra entre el ELN y las disidencias del Frente 33.
El vuelo que casi no aborda
La mañana del accidente, Diógenes Quintero participaba en una reunión política en Cúcuta que se extendió más de lo previsto. Según el secretario de Seguridad de Norte de Santander, el congresista creyó que no alcanzaría a llegar al aeropuerto Camilo Daza y estuvo a punto de perder el vuelo NSE 8849. Finalmente logró abordar. A las 11:42 la aeronave despegó; a las 11:54 reportó su última comunicación con la torre de control; a las 12:05 debía aterrizar en Ocaña. Nunca llegó. Durante horas, mientras las autoridades activaban protocolos de búsqueda en coordinación con la Fuerza Aeroespacial y la Aeronáutica Civil, el equipo de Quintero publicó en redes sociales que los mensajes de WhatsApp enviados al representante aparecían como recibidos pero sin respuesta. Hacia la tarde, campesinos de la vereda Curasica localizaron los restos del avión en una zona montañosa de difícil acceso. Las imágenes que circularon mostraban el fuselaje destruido, disperso entre la vegetación. Satena confirmó el saldo fatal en un comunicado que listaba los nombres de los quince ocupantes. Las autoridades señalaron el banco de niebla como hipótesis principal del accidente; la investigación de la Aeronáutica Civil determinará las causas definitivas.
DATO CLAVE: El Catatumbo acumula, según la Defensoría del Pueblo, 105.203 víctimas directas del conflicto armado entre enero y diciembre de 2025. La confrontación entre el ELN y el Frente 33 de las disidencias ha provocado cerca de 100.000 desplazados, 166 homicidios documentados y el uso sistemático de drones explosivos contra población civil. Es la peor crisis humanitaria registrada en Colombia desde que existen mediciones oficiales.
El hombre más sencillo del Catatumbo
Diógenes Quintero Amaya tenía 36 años. Nació en Agua Blanca, corregimiento de Hacarí, en el corazón de una región históricamente abandonada por el Estado y devastada por décadas de violencia. Su familia había llegado al Catatumbo desde Aracataca, Magdalena, huyendo de las confrontaciones entre liberales y conservadores; la violencia, en cierto modo, lo precedía. Se formó como abogado en la Universidad Libre de Cúcuta, obtuvo una especialización en Derecho Administrativo y cursaba una maestría en Gerencia para el Desarrollo en la Universidad Externado. Antes de llegar al Congreso ejerció como personero municipal de Hacarí y como defensor regional del Pueblo en Ocaña, cargos que utilizó para documentar violaciones de derechos humanos y proteger a comunidades campesinas e indígenas. Fundó y presidió la Asociación de Personeros del Catatumbo, una red que intentaba articular la defensa institucional en un territorio donde las instituciones brillan por su ausencia.
En 2022, Quintero fue elegido representante a la Cámara por la Circunscripción Transitoria Especial de Paz del Catatumbo, con 5.742 votos obtenidos a través de la Asociación de Familias Desplazadas de Hacarí. Integró la Comisión Tercera de Hacienda y Crédito Público. Su logro legislativo más significativo fue impulsar el proyecto de acto legislativo que reconoce al campesinado como sujeto de especial protección constitucional; en 2023, cuando el proyecto pasó a su séptimo debate, Quintero declaró a El Espectador que su vocación política era herencia de su padre, líder social y concejal de Hacarí. Su agenda giró siempre en torno a los derechos de las víctimas, la reforma agraria y el seguimiento a la implementación del Acuerdo de Paz. Su equipo político lo describió, horas después del accidente, como “el hombre más sencillo, el amigo más leal y el mejor político que hemos conocido”. El comunicado añadía que se fue “luchando por los campesinos, con el sueño de ver al Catatumbo en paz”.
“Desde muy joven ha estado comprometido con la defensa de los derechos humanos y el fortalecimiento del tejido social en su región. Su liderazgo territorial se consolidó como fundador y presidente de la Asociación de Personeros del Catatumbo.”
– Perfil oficial -, Cámara de Representantes de Colombia.
La promesa incumplida de las curules de paz
Las Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz nacieron del Acuerdo de La Habana como mecanismo de reparación política para las víctimas del conflicto armado. El Acto Legislativo 02 de 2021 creó 16 curules adicionales en la Cámara de Representantes, reservadas exclusivamente para candidatos que acreditaran su condición de víctimas y habitaran en los 167 municipios más golpeados por la guerra. La idea era simple en su formulación y ambiciosa en su alcance; por primera vez en la historia de Colombia, las comunidades que habían sufrido décadas de violencia tendrían voz directa en el órgano legislativo. Los partidos políticos, incluido el surgido del Acuerdo de Paz con las extintas FARC, quedaron expresamente excluidos de competir por estas curules. Solo organizaciones de víctimas y movimientos ciudadanos podían postular candidatos.
DATO CLAVE:
Las 16 Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz abarcan 167 municipios priorizados por ser los territorios con mayores índices de pobreza, presencia de economías ilícitas y debilidad institucional. Operan durante dos periodos legislativos (2022-2026 y 2026-2030) y representan la primera experiencia mundial de representación política directa de víctimas del conflicto en un parlamento nacional.
El diseño normativo era impecable. La realidad resultó bastante menos elegante. Los representantes de las curules de paz llegaron al Congreso a defender territorios donde el Estado sigue sin garantizar condiciones mínimas de seguridad, donde los grupos armados controlan la vida cotidiana y donde la infraestructura básica es un lujo. Quintero viajaba constantemente entre Bogotá y el Catatumbo porque entendía que su legitimidad dependía de mantener el vínculo territorial; esos viajes, en una región sin carreteras dignas y con aeropuertos precarios, implicaban riesgos que ningún funcionario de la capital asume jamás. Su curul quedará vacante hasta que la organización que lo postuló designe un reemplazo conforme a la Ley Quinta; el segundo candidato de su lista, según el mecanismo electoral de las CTEP, deberá acreditar nuevamente su condición de víctima para asumir el cargo.
Un cuatrienio de muertes en el Congreso
Diógenes Quintero es el cuarto congresista que fallece durante el periodo legislativo 2022-2026, una cifra que convierte a este cuatrienio en uno de los más luctuosos de la historia reciente del Capitolio. La senadora Piedad Córdoba murió el 20 de enero de 2024 por un infarto; el representante José Alberto Tejada falleció por causas naturales; el senador Miguel Uribe Turbay, precandidato presidencial del Centro Democrático, fue asesinado el 7 de junio de 2025 durante un acto de campaña en Bogotá y murió 65 días después. La diferencia de tratamiento mediático entre Uribe Turbay y Quintero resulta ilustrativa: el primero generó duelo nacional, velatorio en el Congreso y decreto oficial; el segundo ocupa titulares durante un día y luego se diluye en el flujo informativo. Uno era hijo de Diana Turbay y senador más votado del Centro Democrático; el otro nació en un corregimiento del Catatumbo y llegó al Congreso por una curul diseñada para que personas como él pudieran acceder. La muerte iguala; la memoria institucional, no.
El territorio que arde mientras Bogotá mira hacia otro lado
El Catatumbo lleva un año en guerra abierta. El 16 de enero de 2025, el Frente de Guerra Nororiental del ELN lanzó una ofensiva militar contra las disidencias del Frente 33 de las extintas FARC, adscritas a la facción de “Calarcá”. La confrontación rompió un pacto informal de no agresión que había permitido durante años una coexistencia armada basada en el reparto de rentas del narcotráfico. Desde entonces, según la Fundación Ideas para la Paz, los enfrentamientos no han dado tregua. El Consejo Noruego para Refugiados estima que más de 100.000 personas han sido desplazadas; la Defensoría del Pueblo documenta 166 homicidios, 634 casos de violencia basada en género, uso de drones explosivos contra población civil, reclutamiento forzado de menores y ataques sistemáticos contra comunidades indígenas Motilón Barí. La Defensoría calificó esta crisis como la más grave en la historia del conflicto armado colombiano; la Corte Constitucional emitió en noviembre de 2025 el Auto 1666 exigiendo al Estado coordinar una respuesta efectiva que, a la fecha, sigue sin materializarse.
Diógenes Quintero murió sobrevolando ese territorio. Iba camino a Ocaña, probablemente a continuar las actividades de campaña para su reelección con el aval del Partido de la U. Junto a él viajaban Carlos Salcedo, candidato a otra curul de paz y líder de la Corporación América Barí de Tibú, y miembros de equipos políticos que trabajaban por la representación del Catatumbo en el Congreso. El avión se estrelló en una zona montañosa donde la presencia estatal es nula, donde los grupos armados imponen normas de conducta y regulan la movilidad, donde la población civil vive bajo amenaza permanente.
Conclusión
La muerte de Diógenes Quintero no admite lecturas reconfortantes. No fue un mártir asesinado por defender sus ideas; fue un representante que murió intentando llegar a su territorio porque las condiciones de transporte en el Catatumbo son las de un país que nunca terminó de construirse. Las curules de paz prometían reparación simbólica para las víctimas del conflicto; en la práctica, enviaron a personas como Quintero a defender territorios donde el Estado sigue sin ofrecer garantías mínimas. El Catatumbo eligió a un defensor de derechos humanos para que hablara por él en el Congreso; ese defensor murió a los 36 años, en un avión de una aerolínea estatal, sobre una región que acumula 100.000 desplazados en un año de guerra. La paz, en Colombia, sigue siendo una palabra que se estrella contra las montañas…
G.S.
Fuentes
- Satena, comunicado oficial sobre accidente vuelo NSE 8849, 28 de enero de 2026
- Defensoría del Pueblo, informe “El Catatumbo después de la crisis: desafíos en Derechos Humanos y DIH”, mayo de 2025
- Defensoría del Pueblo, informe anual sobre crisis humanitaria en el Catatumbo, enero de 2026
- Fundación Ideas para la Paz, “Los 12 meses de guerra en el Catatumbo”, 16 de enero de 2026
- Consejo Noruego para Refugiados, comunicado “100.000 desplazados tras un año de conflicto brutal”, 15 de enero de 2026
- Congreso Visible, Universidad de los Andes, perfil de Diógenes Quintero Amaya
- El Espectador, entrevista a Diógenes Quintero sobre proyecto campesinado, 2023
- Acto Legislativo 02 de 2021, creación de Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz
- Corte Constitucional, Auto 1666 de 2025 sobre crisis humanitaria en el Catatumbo
- Noticias ONU, “Un año de drama en el Catatumbo”, enero de 2026


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