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AcidReport

Groenlandia, o la amnesia colonial de Europa

AcidReport – EUROPA – Groenlandia, o la amnesia colonial de Europa

POR

Gabriel Schwarb

21 enero 2026
Groenlandia, o la amnesia colonial de Europa

Ilustración: ©2025 Gabriel Schwarb

Lectura estimada: 8 minutos ·

SÍNTESIS INICIAL

En 2 minutos; Dinamarca se indigna porque Donald Trump amenaza con anexar Groenlandia, pero el escándalo oculta una historia que Copenhague prefiere olvidar. Este texto documenta lo que la prensa convencional no menciona; entre 1966 y 1975, médicos daneses insertaron dispositivos intrauterinos en 4500 mujeres y niñas inuit sin su consentimiento, algunas de apenas 12 años. En 1951, el gobierno danés secuestró a 22 niños groenlandeses para “danizarlos”, la mitad murió joven y la otra mitad sufrió trastornos mentales graves. En 1953, 130 habitantes fueron expulsados de sus tierras ancestrales en cuatro días para construir una base aérea estadounidense. Copenhague emitió disculpas oficiales recién en 2020 y 2025. Explica cómo la indignación europea ante Trump funciona como mecanismo de amnesia colonial. Si solo puedes leer esto, quédate con esto; cuando Washington trata a Copenhague como Copenhague trató a Nuuk, el escándalo revela menos sobre la brutalidad estadounidense que sobre la hipocresía europea.

Dinamarca defiende la “integridad territorial” de un pueblo al que esterilizó, secuestró y desplazó durante décadas. Trump no viola el orden internacional; lo desnuda.

Tabla de Contenido

Toggle
  • El silencio de los corderos nórdicos
  • Los pequeños daneses
  • Cuatro días para desaparecer
  • El espejo que nadie quiere mirar
  • Conclusión
  • Fuentes

El silencio de los corderos nórdicos

La primera ministra danesa Mette Frederiksen declaró que una invasión estadounidense de Groenlandia significaría “el fin de todo”, incluida la OTAN. Ocho países europeos emitieron declaraciones de solidaridad con Copenhague. Ursula von der Leyen calificó los aranceles de Trump como “un error entre aliados de larga data”. Emmanuel Macron amenazó con desplegar el “bazuca comercial” europeo. El primer ministro canadiense Mark Carney declaró que el orden internacional basado en reglas está “efectivamente muerto”. Miles de manifestantes en Copenhague y Nuuk portaron gorras rojas con la leyenda “Make America Go Away”. La indignación fue unánime, estridente, fotogénica.

Nadie mencionó a Naja Lyberth. Tenía 13 o 14 años cuando un médico danés le insertó un dispositivo intrauterino sin su consentimiento, sin anestesia, sin explicación. Todas las niñas de su clase fueron llevadas al hospital ese día. El procedimiento, según su testimonio ante investigadores, “le robó la virginidad” y le causó dolor crónico durante décadas. Lyberth no es una excepción. Entre 1966 y 1975, aproximadamente 4500 mujeres y niñas groenlandesas, la mitad de la población femenina en edad fértil, recibieron DIU bajo la dirección del gobierno danés. El objetivo declarado era “controlar la tasa de natalidad” y “reducir costos de bienestar infantil”. El objetivo real era más simple; había demasiados inuit y mantenerlos resultaba caro.

“Nuestro útero, que es nuestro órgano interno más sagrado, debería ser intocable. Ningún gobierno debería decidir sobre nuestro útero.”
– Naja Lyberth –, psicóloga y activista groenlandesa, testimonio ante investigadores, 2023

El informe final de la investigación se publicó en septiembre de 2025. Documentó 488 casos de contracepción forzada entre 1960 y 1991, incluyendo niñas de 12 años o menos. Frederiksen emitió una disculpa oficial, describiendo la campaña como “discriminación sistemática”. La misma Frederiksen que ahora invoca el derecho internacional contra Trump. La misma que envía tropas danesas a Groenlandia para “proteger” a una población que su gobierno esterilizó durante una década.

Los pequeños daneses

Helene Thiesen tenía siete años cuando abordó el MS Disko en mayo de 1951. No entendía por qué su madre la dejaba ir. No sabía que jamás volvería a vivir con su familia. Thiesen fue una de 22 niños inuit seleccionados para un “experimento social” diseñado por el gobierno danés y facilitado por Save the Children Denmark. El objetivo era crear “pequeños daneses” que sirvieran como élite bilingüe para modernizar Groenlandia. Los niños, de entre 5 y 9 años, fueron enviados a familias de acogida danesas donde se les prohibió hablar groenlandés. Olvidaron su lengua materna. Cuando 16 de ellos regresaron a Groenlandia un año después, fueron enviados a un orfanato, no a sus familias. Ya no podían comunicarse con sus madres.

DATO CLAVE:
De los 22 niños del experimento de 1951, la mitad sufrió trastornos mentales, abuso de sustancias e intentos de suicidio. La mitad murió en la adultez temprana. Thiesen descubrió en 1996, a los 52 años, que había sido parte de un experimento gubernamental. El gobierno danés se negó a disculparse durante décadas; Lars Løkke Rasmussen, entonces primer ministro, declaró en 2009 que “la historia no puede cambiarse” y que el período colonial era “una parte cerrada de nuestra historia compartida”. Las disculpas oficiales llegaron recién en diciembre de 2020, 69 años después del experimento.

El patrón es consistente. Dinamarca implementa políticas de asimilación forzada, destruye familias y comunidades, niega responsabilidad durante décadas, emite disculpas tardías cuando la presión internacional se vuelve insostenible, y luego se presenta ante el mundo como defensora de los derechos humanos y el orden basado en reglas. La ironía no es accidental; es estructural.

Cuatro días para desaparecer

El 25 de mayo de 1953, funcionarios daneses llegaron a Uummannaq, un asentamiento inuit en el noroeste de Groenlandia, y comunicaron a sus habitantes que tenían cuatro días para cargar todas sus pertenencias en trineos y dirigirse al norte. El 31 de mayo, Uummannaq estaba vacío. Las 26 familias, 130 personas en total, fueron reubicadas en Qaanaaq, 130 kilómetros más al norte, donde vivieron en carpas hasta noviembre porque las casas de reemplazo aún no estaban construidas. Dejaron atrás sus hogares, un hospital, una escuela, una estación de radio, una iglesia y un cementerio. Las casas familiares fueron posteriormente incendiadas.

La razón del desplazamiento era simple; Estados Unidos quería expandir la base aérea de Thule, construida en 1951 bajo un acuerdo de defensa con Dinamarca. La base era estratégica para la Guerra Fría, ubicada en la ruta aérea más corta entre Washington y Moscú. Los inuit estorbaban. El momento del desplazamiento no fue casual. El 5 de junio de 1953, una nueva Constitución danesa entró en vigor, extendiendo las normas de expropiación (incluidas las reparaciones obligatorias) a Groenlandia. El gobierno danés movió a la población diez días antes para evitar aplicar su propia ley. Nunca se ha probado que esto fuera intencional, pero en círculos groenlandeses la coincidencia resulta demasiado obvia.

DATO CLAVE:
En 2003, la Corte Suprema danesa confirmó que los inuit de Thule fueron desplazados forzosamente, pero les negó el derecho a regresar a sus tierras. La compensación otorgada fue de 15.000 coronas danesas por persona, equivalentes a 2000 euros. Los territorios de caza ancestrales, que sustentaban a la comunidad desde hacía milenios, quedaron permanentemente bajo jurisdicción militar estadounidense.

Regina Kristiansen tenía 15 años cuando fue expulsada de Uummannaq. Hoy tiene 85 y vive en Qaanaaq, desde donde puede ver la isla donde su familia aterrizó en 1953. La base aérea de Thule, rebautizada Pituffik Space Base en 2023 en un gesto simbólico hacia la toponimia inuit, sigue operativa. Estados Unidos mantiene aproximadamente 150 militares allí. Dinamarca nunca consultó a los groenlandeses sobre el acuerdo de defensa de 1951 que permitió la construcción de la base. Tampoco los consultó sobre el desplazamiento de 1953. Ahora Copenhague envía tropas adicionales a Groenlandia para “defenderla” de Trump, sin consultar a los groenlandeses sobre si desean esa defensa.

El espejo que nadie quiere mirar

Trump declaró que tomará Groenlandia “de una manera u otra”. Amenazó con aranceles del 10% a ocho países europeos a partir de febrero, aumentando al 25% en junio. La retórica es grotesca, transparente en su codicia por los recursos minerales del Ártico, y representa una regresión a la diplomacia del siglo XIX. Pero la indignación europea funciona como mecanismo de amnesia selectiva. Copenhague defiende la “integridad territorial” de un territorio que colonizó durante tres siglos. Bruselas invoca el “respeto al derecho internacional” mientras los inuit de Thule fueron rechazados por la Corte Europea de Derechos Humanos por cuestiones procedimentales. Macron denuncia las “ambiciones imperiales” estadounidenses mientras Francia mantiene territorios de ultramar en tres océanos.

La diferencia entre el colonialismo europeo y el expansionismo trumpiano no es de naturaleza sino de método. Europa prefiere el control suave; estatus “autónomo” sin soberanía real, acuerdos de defensa no consultados, políticas de asimilación disfrazadas de modernización. Trump opta por la crudeza transaccional. Cuando Washington trata a Copenhague como Copenhague trató a los inuit durante décadas (con desprecio, sin consulta, invocando necesidades estratégicas superiores) el escándalo revela menos sobre la brutalidad estadounidense que sobre lo que Europa prefiere no recordar de sí misma. Los manifestantes daneses portan pancartas que dicen “Greenland is not for sale”. Pero Groenlandia tampoco pertenece a los groenlandeses bajo el régimen actual.

Conclusión

Jean Malaurie, el antropólogo francés que documentó la vida de los inuit de Thule antes de su desplazamiento, escribió que los pueblos indígenas nunca han tenido un lugar en el centro del pensamiento estratégico occidental. En medio de las grandes maniobras del mundo, la existencia inuit se vuelve tan periférica como la de las focas o las mariposas. Las declaraciones de Trump no anuncian un mundo nuevo; buscan generalizar un sistema que lleva 75 años operando en Groenlandia.

La pregunta que nadie formula es qué quieren los propios groenlandeses. El gobierno de Jens-Frederik Nielsen (Demokraatit) mantiene una posición ambigua; habla de “soberanía” pero su partido históricamente favorece los lazos con Copenhague. El Inuit Ataqatigiit, cuya ministra de Salud Mimi Karlsen impulsó la investigación sobre las esterilizaciones forzadas, defiende la independencia total. Groenlandia celebrará elecciones en abril de 2026. Ni Dinamarca ni Estados Unidos parecen particularmente interesados en esperar el resultado. Para ambas potencias, los groenlandeses siguen siendo lo que siempre fueron; figurantes en un conflicto entre imperios, ayer como hoy…

G.S.

Fuentes

  • Informe oficial sobre la campaña de contracepción forzada en Groenlandia, Gobiernos de Dinamarca y Groenlandia, septiembre 2025
  • “Spiralkampagnen”, podcast investigativo, DR (Danmarks Radio), 2022
  • Informe sobre el experimento “Pequeños Daneses”, Comisión de Investigación Histórica, Dinamarca, diciembre 2020
  • Hingitaq 53 vs. Denmark, Application No. 18584/04, Corte Europea de Derechos Humanos, decisión de admisibilidad
  • “The Last Kings of Thule”, Jean Malaurie, 1955 (edición revisada 2023)
  • Testimonios de Naja Lyberth ante investigadores, 2022-2023, citados por BBC, UNRIC y The Dial
  • Testimonio de Helene Thiesen, CBC Radio, febrero 2022
  • Declaraciones de Mette Frederiksen, Lars Løkke Rasmussen y Ursula von der Leyen, enero 2026, citadas por NPR, Al Jazeera, PBS y CNBC
  • Wikipedia (artículos verificados); Spiral case, Little Danes experiment, Pituffik Space Base, Qaanaaq
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Escritor suizo-colombiano, estratega en comunicación y narrativa, y Fundador y Editor en Jefe del medio independiente AcidReport. Escribe desde la frontera entre la memoria y el cansancio, sin pertenecer a ningún aparato, sin pedir permiso. No busca fama ni redención: busca precisión, contexto, verdad.

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Con una trayectoria de más de dos décadas en el campo visual y narrativo, su trabajo se sitúa en un territorio incómodo para el poder y ajeno al consenso. Publica para no olvidar, para no volverse indiferente, para dejar constancia. Rechaza el optimismo institucional y la neutralidad aparente del periodismo decorativo.

Desde Suiza, pero no desde el silencio, articula una escritura radicalmente independiente, anclada en la experiencia, el rigor y la sospecha permanente hacia todo discurso dominante.

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