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SÍNTESIS INICIAL
Hay una pregunta que la política colombiana de los últimos quince días ha evitado formular con precisión. ¿Qué se vota el 31 de mayo? No se vota un carácter ni un estilo de liderazgo. Se vota si las reformas agraria, pensional y laboral del gobierno Petro se consolidan o se desmantelan. Se vota si el proceso de paz sobrevive a una coalición cuya plataforma programática real es la restauración del modelo anterior. Y se vota, en términos concretos, si Iván Cepeda accede al ejecutivo con la bancada legislativa más numerosa del país para gobernar, o si la dispersión del voto entrega la presidencia a Paloma Valencia por aritmética electoral. Este artículo no presenta a Cepeda. El público colombiano lo conoce desde 2010. Este artículo argumenta por qué su candidatura es la única que puede sostener lo que ya fue construido, y qué ocurre exactamente si no lo sostiene.
Las campañas electorales colombianas tienen un talento específico para desplazar la discusión hacia los temperamentos y alejarla de los mecanismos. Este texto trabaja en sentido contrario.
Lo que el gobierno Petro construyó y lo que puede perderse
En cuatro años, el gobierno del Pacto Histórico logró aprobar tres reformas estructurales en un Congreso que le fue progresivamente hostil. La reforma pensional, Ley 2381 de 2024, crea un pilar solidario que garantiza ingresos en la vejez a adultos mayores sin cobertura y un pilar semicontributivo para trabajadores informales. En 2022, solo uno de cada cuatro colombianos mayores de edad recibía una pensión, según datos de la Pontificia Universidad Javeriana; la reforma cambia esa arquitectura de exclusión de forma estructural, no marginal. La reforma laboral fue aprobada por el Senado el 17 de junio de 2025 con 57 votos a favor y 31 en contra, tras meses de bloqueo sistemático de la oposición. La reforma agraria canalizó 852.000 hectáreas entre tierras compradas, recuperadas y formalizadas, con el Banco Agrario desembolsando 33 billones de pesos, un 68% más que el gobierno anterior, y el crédito popular creciendo un 263% para pequeños productores rurales.
Ninguna de estas cifras es definitiva ni suficiente. El gobierno de Petro ha sido errático en su comunicación, ha enfrentado bloqueos judiciales deliberados y ha cometido errores de gestión que sus críticos dentro de la izquierda han señalado con razón. El debate sobre el ritmo y los límites de esas reformas es legítimo. Lo que no es legítimo es presentar ese debate como simétrico al que propone la coalición Valencia, cuya plataforma real no es la corrección de esas reformas sino su reversión. Cuando Valencia habla de reducir el tamaño del Estado, habla de desfinanciar el pilar solidario. Cuando habla de seguridad como condición previa de todo lo demás, habla de restituir la lógica de la política de Defensa de los gobiernos Uribe y Duque, que produjo los falsos positivos, el paramilitarismo institucional y treinta años de conflicto sin solución. Nadie en su campaña lo formula con esas palabras. Nadie necesita hacerlo.
DATO CLAVE
En 2022, solo uno de cada cuatro colombianos mayores recibía una pensión (Pontificia Universidad Javeriana, 2022). La reforma pensional aprobada en 2024 amplía la cobertura mediante un pilar solidario para adultos mayores sin historial de cotización y un mecanismo semicontributivo para trabajadores informales. El agro colombiano creció un 7,1% en el primer trimestre de 2025, el mayor registro desde 2005, con exportaciones agropecuarias de US$ 5.079 millones en los primeros cuatro meses del año, un 40% más que en 2022 (Radio Nacional de Colombia, agosto 2025).
Por qué Cepeda y no cualquier candidato de izquierda
La pregunta que los indecisos formulan con más frecuencia no es si las reformas de Petro merecen continuidad. Es si Cepeda es el candidato adecuado para garantizarla. Es una pregunta legítima que merece una respuesta que no sea hagiográfica.
La primera razón es aritmética. El 8 de marzo, el Pacto Histórico obtuvo 25 bancas en el Senado y se consolidó como la primera fuerza legislativa del país. Ningún otro candidato progresista llega al ejecutivo con esa arquitectura parlamentaria. Roy Barreras ganó la consulta del centroizquierda, pero su partido no tiene bancada propia que garantice gobernabilidad; su trayectoria de alianzas cambiantes hace impredecible cualquier compromiso programático que adquiera hoy. Claudia López ganó la consulta del centro con un caudal electoral bajo, inferior al obtenido por la Centro Esperanza en 2022, y su agenda no incluye la continuidad de las reformas estructurales del gobierno actual. Fajardo, que no participó en ninguna consulta, llega a la primera vuelta como comodín sin base legislativa definida. Un candidato sin bancada no es un candidato progresista; es un candidato que llegará a la presidencia a negociar reformas desde cero con un Congreso que ya demostró su disposición a bloquearlas.
La segunda razón es la fórmula. Aida Quilcué, senadora y dirigente del pueblo nasa, no es una concesión simbólica al multiculturalismo electoral. Es la consolidación de una alianza territorial entre la izquierda urbana y los movimientos indígenas, que representan una base electoral organizada en departamentos donde la coalición opositora no tiene penetración real. La presencia de Quilcué en la fórmula no amplía solo el mapa; cambia la naturaleza del gobierno que se está eligiendo.
“No hay un solo instante en que la historia no contenga una posibilidad revolucionaria, que habrá que definir como la posibilidad de hacer volar en pedazos ese continuum.”
– Walter Benjamin –, Tesis sobre el concepto de historia, 1940.
Lo que Valencia representa y lo que oculta
Paloma Valencia no es una improvisación. Es el producto más acabado de lo que el uribismo puede presentar en 2026 cuando ya no puede presentar a Uribe. Ganó la Gran Consulta por Colombia con más de tres millones de votos, incorporó a Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial para capturar el voto de centro, y recibió el coaval del Nuevo Liberalismo de Juan Manuel Galán. El ensamblaje es inteligente. El problema es que el ensamblaje es todo lo que existe.
Detrás de la “economía fraterna” no hay un programa de desarrollo alternativo. Hay la misma apuesta extractivista que ha gobernado Colombia con distintos nombres desde los años noventa, con el diferencial de que ahora incluye un discurso de eficiencia del Estado que oculta el contenido de los recortes. La posición de Valencia sobre la “paz total” de Petro es la suspensión de los diálogos con los grupos armados que no hayan cumplido condiciones previas, formulación que en la práctica equivale a no negociar. Su relación con Álvaro Uribe, a quien agradeció públicamente en su discurso de victoria del 8 de marzo, no es un accidente biográfico. Es la estructura de legitimación de su candidatura. Uribe fue condenado en julio de 2025 a doce años de prisión domiciliaria por soborno y fraude procesal. La candidata que lo agradece en su primer discurso está haciendo una declaración de principios, no de gratitud personal.
El Nuevo Liberalismo de Galán aporta etiqueta de presentabilidad, no contenido programático. Oviedo aporta votantes de centro que serán absorbidos en una coalición cuyo centro de gravedad es el uribismo. Este mecanismo no es nuevo. Es el que permitió que Iván Duque ganara en 2018 con un vocabulario de renovación y gobernara con una agenda de continuidad sin matices.
DATO CLAVE
Paloma Valencia obtuvo más de tres millones de votos en la Gran Consulta por Colombia del 8 de marzo de 2026, convirtiéndose en candidata de la coalición de centro-derecha que agrupa al Centro Democrático de Álvaro Uribe, al Nuevo Liberalismo de Juan Manuel Galán y a sectores del santismo. El expresidente Uribe fue condenado en julio de 2025 a doce años de prisión domiciliaria por soborno y fraude procesal por el Tribunal Superior de Bogotá. Valencia lo agradeció públicamente en su discurso de victoria del 8 de marzo.
La aritmética del voto y el riesgo de la dispersión
El escenario más probable el 31 de mayo no es la derrota de Cepeda frente a Valencia. Es la dispersión del voto entre los candidatos no alineados con Valencia, Cepeda, Barreras, López y Fajardo, con orientaciones distintas pero efectos electorales convergentes, que garantice el paso de Valencia a segunda vuelta con una ventaja consolidada. A ese escenario se suma Abelardo de la Espriella, candidato de la ultraderecha inscrito por firmas con José Manuel Restrepo como fórmula, cuyo caudal anti-establecimiento en segunda vuelta se suma previsiblemente al bloque opositor. En segunda vuelta, la coalición Valencia-Centro Democrático-Nuevo Liberalismo-De la Espriella tiene la capacidad de sumar más rápido que cualquier candidato no alineado que no haya llegado primero.
El mecanismo no requiere fraude para funcionar. El voto útil es un concepto que la izquierda colombiana ha tenido dificultades históricas para procesar, porque implica una disciplina colectiva que va en contra del impulso de cada corriente de preservar su identidad electoral. El 31 de mayo no es una elección de midterm donde la fragmentación tiene efectos manejables. Es una primera vuelta presidencial donde el orden de llegada determina quién negocia desde qué posición en la segunda. Un Cepeda que llega segundo detrás de Valencia tiene posibilidades reales. Un Cepeda que llega tercero no las tiene.
Los riesgos electorales documentados por la Misión de Observación Electoral para 2026 no son el fraude espectacular que se viraliza en redes sociales. Son la compra de votos en zonas rurales y la presión de grupos armados en territorios de baja presencia estatal, mecanismos que operan en silencio y que han servido históricamente a las maquinarias consolidadas. El Centro Democrático tiene maquinaria en esos territorios. El Pacto Histórico los construye desde 2022. La diferencia entre esas dos realidades se mide en organización territorial, en testigos electorales acreditados, en vigilancia del escrutinio mesa por mesa. Son quince días para consolidar esa diferencia.
Conclusión
El 31 de mayo no ofrece la opción de votar por la izquierda perfecta. Ofrece la opción de votar para que lo que ya fue construido no sea desmantelado antes de consolidarse. La reforma pensional que cubre a adultos mayores sin historial de cotización, la reforma agraria que comienza a revertir décadas de concentración de tierras, la reforma laboral que amplía derechos a trabajadores informales; son estructuras incompletas, sometidas a bloqueos judiciales, con implementación parcial. Sobrevivirán a un segundo gobierno progresista con bancada legislativa. No sobrevivirán a un gobierno Valencia con la maquinaria del uribismo decidido a revertirlo.
Iván Cepeda no llega al 31 de mayo como el candidato carismático que moviliza voluntades. Llega como el candidato que tiene el Congreso, la fórmula territorial, el programa más detallado y la coherencia más verificable de todo el espectro. En Colombia, en 2026, eso no es poco. Es casi todo…
G.S.
Fuentes
- Reforma Pensional Ley 2381 de 2024, Colpensiones y Presidencia de Colombia, 2024
- “10 logros clave del gobierno del presidente Gustavo Petro en 2025”, RTV Noticias / Radio Nacional de Colombia, agosto 2025
- “El último año de Gustavo Petro”, Jacobin Revista, mayo 2025
- “Iván Cepeda y Aida Quilcué, candidatos formales”, El Cronista / EFE, marzo 2026
- “Paloma Valencia se consolida como líder de la derecha”, Euronews, marzo 2026
- “Ganadores y perdedores de las consultas interpartidistas”, CNN en Español, marzo 2026
- “Detector de qué es y qué no es fraude electoral”, La Silla Vacía, marzo 2026
- “Iván Cepeda entrega balance de las elecciones legislativas”, Cambio Colombia, marzo 2026
- “Nuevo Liberalismo coavala a Paloma Valencia”, HSB Noticias, marzo 2026
- “Elecciones 2026, 14 candidatos oficiales”, Infobae Colombia, marzo 2026
- Elecciones presidenciales de Colombia de 2026, Wikipedia, marzo 2026


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