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SÍNTESIS INICIAL
En 2 minutos: el río Manzanares acaba de expulsar toneladas de basura hacia la bahía de Santa Marta mientras la ciudad celebraba hace apenas seis meses sus 500 años de historia. Este texto demuestra que el 60% del cauce urbano presenta contaminación crítica según informes oficiales, que existen 28 vertimientos ilegales documentados sin sancionar y que los niveles de bacterias superan hasta 50 veces los límites permitidos. Explica cómo tres administraciones consecutivas ignoraron el Plan de Ordenamiento Territorial y qué implica para una ciudad que vende postales turísticas mientras sus habitantes se enferman. Si solo puedes leer esto, quédate con esto: Santa Marta convirtió su principal afluente en una cloaca funcional y cada temporada de lluvias el mar Caribe paga la factura de décadas de negligencia institucional deliberada.
El frente frío que azotó la región entre el 2 y el 4 de febrero dejó tres muertos, más de 40 barrios inundados y un buque comercial encallado en playa Los Cocos. Pero la verdadera catástrofe no cayó del cielo; llevaba años pudriéndose en el cauce del Manzanares, esperando que las lluvias la arrastraran hasta el mar donde miles de turistas pagan por bañarse en aguas que las autoridades sanitarias prefieren no analizar demasiado.
La anatomía de un vertedero institucionalizado
Las imágenes captadas por drones el 3 de febrero muestran una franja costera completamente cubierta de residuos sólidos. Bolsas plásticas, llantas, colchones, electrodomésticos y muebles desfigurados formaban una costra pestilente sobre la arena donde apenas dos días antes la Fundación Ecoplaya había organizado una jornada de limpieza con estudiantes del Colegio Bilingüe. El esfuerzo ciudadano duró exactamente 48 horas antes de que el río devolviera multiplicada toda la inmundicia que Santa Marta deposita sistemáticamente en su cauce. El fenómeno no constituye ninguna novedad meteorológica ni representa una fatalidad imprevisible. Según el Departamento Administrativo de Sostenibilidad Ambiental y el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis, más del 60% del cauce urbano del Manzanares presenta contaminación crítica documentada. Los técnicos han identificado 28 puntos de vertimientos ilegales a lo largo del recorrido fluvial, ninguno de los cuales ha sido clausurado de manera efectiva.
DATO CLAVE
Los informes de la Red de Monitoreo de Calidad de Aguas Marinas y Costeras (Redcam) registran concentraciones de coliformes termotolerantes de hasta 92.000 NMP/100 mL en los ríos que desembocan en la bahía. El límite legal para uso recreativo es de 200 NMP/100 mL. La contaminación bacteriana supera hasta 50 veces los parámetros permitidos.
La cuenca baja del Manzanares funciona como un sistema de eliminación de residuos no regulado. Los habitantes de los asentamientos construidos dentro de la ronda hídrica, muchos de ellos tugurios levantados en flagrante violación del POT aprobado en 2023, aprovechan el aumento del caudal durante las lluvias para deshacerse de basuras acumuladas durante meses. Escombros de construcción, animales muertos, ropa vieja y electrodomésticos obsoletos terminan invariablemente en el mar Caribe, ese mismo mar que el alcalde Carlos Pinedo Cuello promociona como atractivo turístico mientras firma pactos ambientales vacíos de contenido operativo.
Los nombres detrás del desastre
Carlos Pinedo Cuello asumió la alcaldía en enero de 2024 prometiendo “grandes transformaciones” para una ciudad que describió como “descuadernada”. En julio de 2025, mientras Santa Marta celebraba su quinto centenario, el mandatario firmó con pompa un Pacto por la Protección del Patrimonio Ambiental junto a Corpamag y otras entidades. El documento contemplaba “acceso al agua potable, gestión de los recursos naturales, educación y sensibilización ambiental”. Seis meses después, el río Manzanares vomitaba toneladas de inmundicia sobre playa Los Cocos mientras tres personas morían sepultadas por un deslizamiento en Gaira. La distancia entre el discurso institucional y la realidad material de Santa Marta resulta tan obscena como predecible. Pinedo heredó una crisis estructural de los 12 años de gobiernos anteriores pertenecientes al mismo grupo político, pero su administración ha demostrado la misma incapacidad para aplicar las herramientas legales disponibles.
“No se puede seguir normalizando este nivel de abandono. Recuperar el Manzanares no es un lujo: es una necesidad estratégica, ambiental, humana y económica. Santa Marta no puede construir su futuro sobre aguas negras.”
– Columna editorial, – El Informador, mayo 2025
La Ley 388 de 1997 permite expropiación, adquisición forzosa y reasentamiento de poblaciones ubicadas en zonas de riesgo. El POT de 2023 establece claramente las restricciones para construcción en rondas hídricas. Ninguna de estas herramientas ha sido aplicada con contundencia. Las familias siguen habitando los márgenes del río, los vertimientos continúan sin control efectivo y cada temporada invernal la ciudad repite el mismo ciclo de emergencia, declaraciones alarmistas y olvido programado hasta las siguientes lluvias.
La complicidad empresarial documentada
Essmar, la empresa de servicios públicos actualmente intervenida por la Superintendencia Nacional de Servicios Públicos y operada por EPM de Medellín, acumula un historial de vertimientos ilegales que las sanciones administrativas no han logrado detener. En febrero de 2023, residentes del barrio La Tenería denunciaron que la estación de rebombeo descargaba aguas servidas directamente al Manzanares, provocando infecciones cutáneas en la población y mortandad masiva de peces en la desembocadura. La Fundación Salva Tu Río documentó cómo los peces quedaban atrapados cuando el caudal disminuía, muriendo asfixiados por la contaminación concentrada en el último tramo del afluente. Corpamag inició procesos sancionatorios contra la Alcaldía en 2014 y contra Metroagua en 2015 por vertimientos ilegales. Una década después, el problema persiste agravado.
DATO CLAVE
En abril de 2025, la falla de una bomba en la Estación de Bombeo de Aguas Residuales Norte provocó rebosamientos masivos en el Centro Histórico. La Alcaldía declaró Calamidad Pública Sanitaria y Ambiental, cerró preventivamente la bahía y prometió una “solución definitiva” para diciembre. En febrero de 2026, las mismas alcantarillas seguían colapsando.
La Corporación Autónoma Regional del Magdalena mantiene una postura ambivalente que oscila entre la denuncia técnica y la inacción operativa. Sus propios informes documentan la degradación sistemática del ecosistema, pero las intervenciones se limitan a jornadas de limpieza puntuales y talleres de sensibilización que no modifican las dinámicas estructurales de contaminación. En diciembre de 2025, Corpamag organizó una actividad de retiro de material vegetal en el sector de La Tenería mientras la Defensa Civil repartía volantes pidiendo a los vecinos que no arrojaran basura al río. La pedagogía ambiental, en ausencia de fiscalización efectiva y sanciones disuasorias, equivale a predicar en el desierto.
El turismo como coartada y como víctima
Santa Marta recibe millones de visitantes anuales atraídos por la promesa de playas paradisíacas y la proximidad al Parque Tayrona. La industria turística representa uno de los principales motores económicos de la ciudad, lo que convierte la contaminación marina en un problema no solo ambiental sino también comercial. En julio de 2025, la Procuraduría General de la Nación ordenó evaluar la calidad del agua en siete balnearios tras denuncias de turistas que presentaron brotes cutáneos, sarpullidos y erupciones tras bañarse en El Rodadero, Gaira y Playa Salguero. Una mujer de 63 años aseguró haber contraído una infección por estafilococo dorado que le provocó pérdida de tejido corporal. La Secretaría de Salud Distrital atribuyó los síntomas a larvas de medusas y negó evidencia de contaminación, pero los informes de Invemar documentan concentraciones de metales pesados, microplásticos y coliformes que contradicen la narrativa oficial tranquilizadora.
El contraste con otras ciudades resulta demoledor. Madrid renaturalizó su río Manzanares homónimo mediante un proyecto que eliminó estructuras de concreto, reactivó humedales y recuperó biodiversidad. Montería transformó la Ronda del Sinú en un espacio público integrado que redujo riesgos de inundación y aumentó el turismo sostenible. Ambas ciudades entendieron que cuidar el río constituye una política pública integral, no un ornamento electoral. Santa Marta, en cambio, sigue atrapada entre el discurso desarrollista y la gestión negligente, vendiendo postales que esconden una tragedia ambiental y social en desarrollo permanente.
Conclusión
El desastre de febrero de 2026 no representa una anomalía climática sino la consecuencia lógica de décadas de abandono institucional sistemático. Los nombres son públicos: Carlos Pinedo Cuello en la Alcaldía, Essmar-EPM en los servicios públicos, Corpamag en la supervisión ambiental. Las herramientas legales existen y permanecen sin aplicar. Los informes técnicos documentan la catástrofe con precisión forense y nadie actúa en consecuencia. Santa Marta celebró 500 años de historia mientras su río principal agonizaba convertido en vertedero, y cada temporada de lluvias el mar Caribe recibe la factura de esa negligencia colectiva. Los turistas seguirán llegando porque las playas lucen presentables entre aguacero y aguacero. Los samarios seguirán enfermándose porque nadie fiscaliza los vertimientos que contaminan el agua que consumen. Y los funcionarios seguirán firmando pactos ambientales que se disuelven con la primera lluvia, exactamente como la basura que el Manzanares arrastra hacia la bahía donde alguna vez hubo un ecosistema marino digno de protección…
G.S.
Fuentes
- Informe Redcam, calidad de aguas marinas y costeras del Magdalena, Invemar, 2023
- Informes del Departamento Administrativo de Sostenibilidad Ambiental (DADSA), Santa Marta, 2025
- Procuraduría General de la Nación, requerimiento de evaluación playas Santa Marta, julio 2025
- El Informador, cobertura emergencia ambiental frente frío, febrero 2026
- El Tiempo, inundaciones y deslizamientos Santa Marta, febrero 2026
- Corpamag, jornadas de intervención río Manzanares, diciembre 2025
- Alcaldía de Santa Marta, declaración Calamidad Pública Sanitaria, abril 2025






Fotografias © 2026 Luis Guillermo Rodriguez


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