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SÍNTESIS INICIAL
En 1933, Federico García Lorca pronunció en Buenos Aires una conferencia sobre el duende, esa fuerza oscura e irreproducible que distingue el arte vivo del arte decorativo, y que él llamaba los sonidos negros, la raíz profunda desde la que el arte deja de ser agradable para volverse necesario. No hablaba del flamenco como espectáculo folclórico. Hablaba, sin saberlo, del mecanismo exacto que el capitalismo algorítmico perfeccionaría noventa años después. Lo que las plataformas de streaming llaman “autenticidad emocional”, lo que Spotify empaqueta como “conexión genuina”, lo que Instagram premia con viralidad, es la simulación de mercado de aquello que Lorca identificaba como irreproducible por definición. Este ensayo lee la conferencia de Lorca como diagnóstico anticipado del régimen de atención contemporáneo, y a Goya pintando sus pinturas negras como el último artista occidental que no tuvo que fingir el riesgo.
Hay textos que no explican su época sino la que viene. La conferencia que Lorca pronunció en Buenos Aires en octubre de 1933 tiene esa condición extraña de los documentos que envejecen al revés, que se vuelven más exactos cuanto más se aleja el mundo que describen. No porque Lorca fuera profeta, sino porque el problema que identificó, la tensión irresoluble entre el arte que necesita riesgo y la economía que necesita garantías, sigue siendo el mismo.
La conferencia como declaración de guerra
Lorca abre con una advertencia. Va a hablar de algo que no se puede definir, que sólo se puede sentir, que llega desde abajo y no desde arriba. Establece la tríada que organiza toda su teoría, el ángel, la musa y el duende, y la jerarquía implícita entre ellos. El ángel trae la gracia desde el exterior. La musa dicta la forma y la inspiración. El duende viene del cuerpo, de la sangre, de la tierra. No desciende. Remonta. No otorga. Arranca. La distinción no es ornamental. Lorca está construyendo una epistemología del arte, es decir, una teoría sobre cómo el arte produce conocimiento y desde dónde, que privilegia la inestabilidad sobre el control, el riesgo sobre la destreza, la presencia sobre la representación.
Lo que Lorca llama ángel corresponde, en el vocabulario de la industria cultural del siglo XXI, a lo que las plataformas llaman “talento”. Un recurso identificable, medible, categorizable, apto para ser distribuido en catálogos y recomendado por algoritmos de filtrado colaborativo, el mecanismo por el cual una plataforma infiere qué deberías escuchar basándose en lo que otros con gustos similares ya eligieron. Lo que llama musa corresponde a la técnica académica, a la formación institucional, a los festivales con jurado y los premios literarios con comité. Ambos son gestionables. Ambos se prestan a la producción en serie. El duende, no. Por eso el sistema lo ha convertido en objeto de simulación, en reproducción vaciada, que es infinitamente más eficaz que la supresión directa.
El poeta granadino define el duende con una imagen que merece detenerse en ella. Dice que el duende no se aloja en la garganta. Sube desde la planta de los pies. No es un fenómeno vocal ni técnico sino de presencia total, de cuerpo comprometido, de artista que ha renunciado a la protección que otorga la maestría. La maestría no garantiza el duende sino que puede impedirlo. El virtuoso perfectamente formado puede pasar toda su carrera sin producir un solo instante de duende, mientras que un cantaor sin escuela técnica puede destrozar una sala en cuatro compases si algo oscuro y verdadero remonta desde sus pies hasta la voz. Lorca cita al cantaor Manuel Torre con lo que recoge como axioma, que todo lo que tiene sonidos negros tiene duende. No una receta. Una condición.
La tríada y el saber del cuerpo
La teoría del duende de Lorca es, en su estructura profunda, una crítica del saber abstracto aplicado al arte, de la que se sitúa por encima del cuerpo y de sus modos de conocer. El duende sabe cosas que la musa no puede dictar y que el ángel no puede traer desde sus alturas. Sabe la proximidad de la muerte, sabe el dolor que no se puede narrar sino solamente encarnar, sabe que hay instantes en que el artista no puede seguir siendo intérprete sino que tiene que convertirse en presencia. Este saber corporizado es lo que los sistemas de evaluación artística no pueden capturar porque no tienen instrumentos para medirlo.
La economía de la atención, sin embargo, cree tenerlos. Los reality shows de música son laboratorios de producción de duende simulado, montados con una sofisticación técnica que hubiera desconcertado al propio Lorca. Seleccionan candidatos con historias de vida que predisponen al llanto; los colocan en situaciones de presión controlada; los filman para capturar el temblor en el momento calculado. El público llama a esto autenticidad. Es la reproducción industrial de los marcadores externos del duende. El sistema no destruye el duende. Lo convierte en producto.
Lo que falta en la simulación es exactamente lo que Lorca pone en el centro de su teoría, la posibilidad real del fracaso. El duende no viene siempre. Hay noches en que el cantaor hace todo lo que sabe y la sala permanece fría. Hay corridas en que el torero ejecuta cada pase con perfección técnica y nadie siente nada. Esta posibilidad del fracaso es la condición misma del duende, porque el duende sólo puede ocurrir donde el fracaso también puede ocurrir. El sistema de producción de contenidos ha diseñado su arquitectura para eliminar esa posibilidad, y al eliminar el fracaso elimina también la única condición bajo la cual el duende podría presentarse.
DATO CLAVE
La industria global de la música generó 28.600 millones de dólares en 2023, según la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI). El 67% correspondió a ingresos por streaming. Spotify reportó en 2023 más de 100.000 canciones nuevas subidas cada día, un volumen que hace matemáticamente imposible cualquier proceso de escucha sostenida y convierte la atención en un bien escaso administrado por algoritmos cuyo único criterio es la retención.
El mercado de la autenticidad
Hay una ironía estructural en el funcionamiento de las industrias creativas contemporáneas que vale la pena nombrar sin rodeos. El sistema ha aprendido a vender la ruptura con el sistema. Lo que se comercializa hoy como “indie”, como “alternativo” o como “raw”, son marcas de distinción que operan dentro de la misma lógica de mercado que las producciones masivas de las que pretenden diferenciarse. La autenticidad es hoy una categoría de marketing tan gestionable como cualquier otra, con sus códigos visuales (la foto granulada, el audio imperfecto), sus códigos de distribución (el lanzamiento sin anuncio) y sus códigos de consumo (el vinilo, el concierto en sala pequeña a precio elevado). Lo que Lorca llamaba duende ha sido convertido en estética del duende, que es exactamente su contrario.
El mecanismo es sencillo, como lo son todos los mecanismos de captura bien diseñados. La autenticidad real, en el sentido lorquiano, implica riesgo real, la posibilidad de fracasar en público, de que la sala quede fría y el artista regrese al camerino sabiendo que el duende no vino. Ese fracaso no es comercializable. Por eso el sistema lo elimina antes de que pueda ocurrir, no mediante censura sino mediante diseño institucional. El artista que entra en la cadena de producción aprende con rapidez que el riesgo real es incompatible con la regularidad que exige la economía de contenidos; que necesita lanzamientos predecibles, fechas de entrega y contratos de exclusividad. El duende, si aparece, tiene que aparecer a tiempo. Esta frase contiene toda la contradicción.
Lorca anota que el duende no se repite, del mismo modo que no se repiten las formas del mar en la tormenta. Lo que ocurrió una vez bajo esas condiciones no puede ser convocado de nuevo por las mismas personas en el mismo escenario.
– Federico García Lorca – “Juego y teoría del duende”, 1933.
Esta imposibilidad de repetición es lo que hace al duende incompatible con cualquier economía de escala, que necesita que lo que funciona una vez pueda funcionar diez millones de veces. El capitalismo cultural ha pasado décadas buscando cómo embotellar el mar en la tormenta. Lo que ha producido es agua ligeramente agitada en envase de diseño. El umbral que Spotify utiliza para contabilizar una reproducción como válida es de treinta segundos. El duende lorquiano, que puede tardar horas en aparecer o no aparecer nunca, no cabe en ese marco.
Goya y los sonidos negros
Lorca no cierra su teoría con el flamenco. La abre hacia la pintura, y el nombre que convoca es el de Francisco de Goya, no el retratista de la corte sino el Goya de las pinturas negras, las que cubrió sobre los muros de su propia casa entre 1819 y 1823, cuando era sordo, cuando ya no pintaba para nadie que no fuera él mismo.
Ese perro merece una pausa. Una cabeza diminuta, el cuerpo casi invisible, absorbido por la tierra o por la materia misma de la pared, los ojos levantados hacia algo que no está en el cuadro. No hay narrativa legible, no hay mensaje decodificable. Hay una presencia que precede a la interpretación, que llega antes de que el espectador haya decidido qué está mirando. Eso es lo que Lorca llama sonidos negros, no el gusto por el tragismo sino la raíz, el punto donde el arte deja de ser agradable para volverse necesario, donde la belleza ya no puede ser segura porque el artista ya no puede serlo.
Lo que distingue las pinturas negras de cualquier simulación contemporánea de su registro es que fueron pintadas sin destinatario. No había contrato, no había exposición prevista, no había público que complacer. Goya pintó sobre los muros de su casa para nadie, o para sí mismo, que es casi lo mismo. Esta ausencia de destinatario es la condición material del duende en su forma más pura, el arte que ocurre en la grieta entre la producción y la distribución. La economía cultural del siglo XXI ha trabajado para eliminar esa grieta. El artista contemporáneo sin presencia en redes, sin contenido regular, sin audiencia fidelizable, no tiene acceso a los mecanismos de visibilidad. La condición de Goya ha sido reconvertida en fracaso de mercado, y el fracaso de mercado equivale a la inexistencia.
DATO CLAVE
Según el informe Spotify Loud & Clear 2023, publicado por la propia plataforma, el 90% de los artistas activos en Spotify generan menos de 1.000 dólares anuales por streaming. El umbral mínimo de pago directo es de 1.000 oyentes mensuales activos. La inmensa mayoría de la producción musical independiente es, en términos económicos, invisible en el sistema que domina la distribución global.
CONCLUSION
Lorca termina su conferencia sin conclusión didáctica. No propone métodos ni ofrece ejercicios para cultivar el duende. Dice que el duende no se busca sino que se encuentra, y que se encuentra solamente cuando el artista ha renunciado a buscarlo, cuando ha dejado de protegerse con su técnica y ha aceptado la posibilidad de que el instante no llegue. Esta renuncia a la garantía es lo que hace al duende estructuralmente incompatible con cualquier economía que necesite predecir y escalar sus resultados.
El sistema cultural contemporáneo no es perverso en el sentido moral del término. Es eficiente en el sentido técnico. Hace exactamente lo que está diseñado para hacer, maximizar el tiempo de atención y convertirlo en ingresos publicitarios o en suscripciones recurrentes. Para eso necesita contenido regular, emoción predecible, autenticidad reproducible. El duende lorquiano, con su imposibilidad de repetición y su negativa a convertirse en producto, es el enemigo perfecto de esta eficiencia. No porque sea subversivo, sino porque es incompatible en su naturaleza. Lo que el sistema ha producido no es la muerte del duende sino algo más sofisticado, la muerte de la posibilidad de distinguir el duende de su simulación. Y esa distinción, según Lorca, era todo lo que importaba…
G.S.
Fuentes
- “Juego y teoría del duende”, Federico García Lorca, conferencia pronunciada en Buenos Aires y Montevideo, 1933–1934
- Global Music Report 2024, Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI), 2024
- Spotify Loud & Clear 2023, Spotify AB, 2023
- “The Long Tail of Music Streaming”, Music Business Worldwide, marzo 2023
- Las pinturas negras de Goya, Museo Nacional del Prado, catálogo de colección permanente, Madrid


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