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El Cauca: Quilcué, el apellido Valencia y cien años de la misma fractura

AcidReport – ELECCIONES 2026 – El Cauca: Quilcué, el apellido Valencia y cien años de la misma fractura

POR

Gabriel Schwarb

12 marzo 2026
El Cauca: Quilcué, el apellido Valencia y cien años de la misma fractura

Ilustración: ©2026 Gabriel Schwarb

Lectura estimada: 7 minutos ·

SÍNTESIS INICIAL

El nombramiento de Aida Quilcué como fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda provocó, en los círculos analíticos bogotanos, una reacción que revela más sobre sus autores que sobre la candidata. La objeción central (que Quilcué “no suma votos”) reduce tres décadas de resistencia territorial a un coeficiente electoral. Senadora del pueblo nasa, consejera mayor del CRIC, arquitecta del capítulo étnico de los Acuerdos de La Habana, secuestrada y liberada el 10 de febrero de 2026 en la misma vía donde fue asesinado su esposo Edwin Legarda en 2008, Quilcué no es una apuesta táctica. Es la materialización de una historia que el establecimiento preferiría mantener fuera del tarjetón. Que Cepeda la eligiera el día después de las legislativas, mientras el Pacto consolidaba su mayoría parlamentaria, no es aritmética. Es una declaración de principios con consecuencias que trascienden el ciclo electoral.

Lo que revela la reacción al nombramiento no es simplemente un juicio errado sobre el electorado rural. Es la lógica con la que el establecimiento colombiano ha leído, durante décadas, lo que considera política real y lo que no. Entender por qué ese error es estructural requiere mirar hacia el Cauca, donde la historia no es fondo decorativo sino arquitectura viva del presente.

Tabla de Contenido

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  • El escándalo del Excel
  • Dos mundos del mismo Cauca
  • Un siglo de distancia exacta
  • La coherencia como apuesta
  • COnclusion
      • Fuentes

El escándalo del Excel

La crítica de los analistas tiene la virtud de ser precisa en sus propios términos. Quilcué no pertenece a las redes clientelares urbanas que alimentan las encuestadoras del centro del país, no tiene estructura partidista en las ciudades medias, y su nombre genera reconocimiento escaso en los estratos que definen los trending topics bogotanos. En esa lógica de medición, la objeción tiene coherencia. El problema es que esa lógica describe exactamente el mismo universo que lleva décadas equivocándose sobre Colombia.

El voto territorial no es el voto invisible; es el voto que los analistas metropolitanos sistemáticamente descuentan hasta que los resultados lo hacen ineludible. Fue esa misma ilegibilidad la que convirtió a Francia Márquez en vicepresidenta en 2022, cuando la candidatura Petro-Márquez fue descartada por los mismos sectores como simbólica y poco operativa. El simbolismo, en Colombia, tiene la obstinada costumbre de transformarse en mayorías cuando el país real decide votar.

Hay además una confusión de categorías que atraviesa el debate. Los análisis de “suma de votos” asumen que una candidatura vicepresidencial opera como agregador cuantitativo de bases electorales transferibles. Pero la historia política colombiana sugiere otra mecánica. Las candidaturas que mueven el terreno son aquellas que cargan una narrativa capaz de desplazar el centro de gravedad del debate público. Quilcué no llega al tarjetón con un bloque de votos contabilizados. Llega con una historia de más de un siglo que gran parte del electorado reconoce en sus propias familias, aunque no siempre sepa nombrarla. Los instrumentos de medición disponibles son radicalmente insuficientes para evaluar lo que está en juego.

DATO CLAVE
Con al menos 65 curules en el nuevo Congreso, el Pacto Histórico se consolidó el 8 de marzo de 2026 como la fuerza política más votada de Colombia. Iván Cepeda obtuvo 1.522.347 votos en la consulta interna de su movimiento en 2025. El anuncio de la fórmula Quilcué se realizó el 9 de marzo, un día después de los comicios legislativos.

Dos mundos del mismo Cauca

El contraste que organiza esta candidatura no es accidental. Paloma Valencia y Aida Quilcué provienen del mismo departamento pero de genealogías que representan posiciones antitéticas en la distribución histórica de la tierra en Colombia. Valencia lleva un apellido que en el Cauca funciona como institución; su bisabuelo, el poeta y político conservador Guillermo Valencia Castillo (1873-1943), fue jefe civil y militar del Cauca, candidato presidencial en dos ocasiones, y figura tutelar de la élite terrateniente payanesa. Fue también, según documentan fuentes académicas y la memoria oral del movimiento indígena, el principal adversario institucional de Manuel Quintín Lame, el líder nasa que entre 1910 y 1917 movilizó a las comunidades del Cauca en defensa de los resguardos.

Quilcué, en cambio, nació en 1973 en Páez, Cauca, hija del territorio que Lame defendió. Llegó al Senado en 2022 por la circunscripción especial indígena, después de años como consejera del CRIC y de su participación en las negociaciones de La Habana, donde fue instrumental en la incorporación del capítulo étnico al Acuerdo Final. En 2021 recibió el Premio Nacional de Derechos Humanos en la categoría “defensa a toda una vida”. Su trayectoria no se forjó en los salones partidistas sino en las mingas, en las asambleas de resguardo, en la defensa cotidiana de un territorio que el Estado colombiano protege en la constitución y abandona en la práctica.

La coincidencia geográfica entre las dos candidatas no es decorativa. El Cauca concentra en su territorio la estructura de conflictos que define la historia agraria de Colombia, con la persistencia del latifundio, la resistencia indígena, el desplazamiento forzado y el abandono institucional sistemático. Que ese mismo departamento produzca simultáneamente una heredera de la aristocracia terrateniente y una lideresa forjada en la minga no es una paradoja. Es la geografía del poder colombiano explicada en dos nombres propios.

Un siglo de distancia exacta

El telegrama del 5 de junio de 1916 es un documento útil. Guillermo Valencia Castillo y su suegro Ignacio Muñoz, el terrateniente más poderoso del Cauca y dueño de la hacienda San Isidro donde la familia de Lame había trabajado como terrajeros, le escribieron al presidente José Vicente Concha para alertarlo sobre la “peligrosa propaganda” del líder indígena. Ciento diez años después, la bisnieta del poeta compite por la presidencia frente a una lideresa del mismo pueblo nasa. Cepeda lo sabía cuando eligió la fórmula, y eligió no disimularlo.

La acusación combinaba el miedo al desorden con el argumento de la propiedad; Lame incitaba a los indígenas a no pagar terraje, a recuperar resguardos, a desobedecer el orden que las haciendas garantizaban. Para Valencia, ese orden era civilización. Para Lame, era servilismo legalizado. El poeta, que acumuló candidaturas presidenciales con el respaldo de la Iglesia, llamó a Lame “asno de los montes”. Lame le respondió que si la pluma de Valencia servía para escribir “Anarcos”, la suya serviría para defender a Colombia.

La apuesta tiene un nombre técnico en teoría electoral, el de la densificación de identidad frente a la ampliación de base. En lugar de neutralizar su flanco izquierdo para captar votantes de centro, Cepeda eligió profundizar la narrativa que en 2022 llevó al petrismo al poder. El riesgo es real. Pero está calibrado sobre una premisa que los analistas bogotanos tienden a subestimar; la identidad moviliza, y la deuda histórica, cuando se hace visible, también vota.

DATO CLAVE
Aida Quilcué obtuvo más de 45.000 votos en las elecciones senatoriales de 2022, convirtiéndose en una de las primeras mujeres indígenas en ocupar una banca en el Senado colombiano. En febrero de 2026 fue secuestrada por hombres armados presuntamente del frente Dagoberto Ramos de las disidencias FARC en la vía Inzá-Totoró, Cauca, y liberada ese mismo día por la guardia indígena; la misma ruta donde fue asesinado su esposo Edwin Legarda en 2008.

La coherencia como apuesta

Después de las legislativas, el Pacto no necesitaba gesticular hacia el centro. Cepeda podría haberse permitido el vicepresidente transaccional, el perfil técnico que suaviza el mensaje, la figura que indica al establecimiento que el proyecto está dispuesto a negociar su identidad. No lo hizo. La distinción importa porque la mayoría de las candidaturas de izquierda en América Latina, al consolidarse como fuerza real, migran hacia el centro en busca de votos de segunda vuelta.

Cepeda invirtió la lógica. Lo que se llama densificación de identidad no es radicalización programática sino coherencia narrativa; en lugar de presentar una versión más amable de lo mismo, la candidatura dice exactamente lo que es y apuesta a que esa claridad genera más adhesión que el eclecticismo. Antes de la primera encuesta post-anuncio, existe ya una conversación pública sobre racismo estructural y deuda histórica que no habría ocurrido con ninguna otra fórmula. El riesgo es real. También lo era en 2022.

Esa decisión señala que el proyecto político que llevó al petrismo al poder no considera terminada su agenda de representación. La inclusión de Quilcué no es un gesto simbólico superpuesto a una plataforma tecnocrática. Es la plataforma. La pregunta que abre (quién tiene derecho a gobernar Colombia, desde qué historia y con qué deudas reconocidas) resulta incómoda para sectores que simpatizan con la izquierda pero prefieren una izquierda presentable para los estratos medios urbanos. El efecto más inmediato del nombramiento no es electoral sino discursivo; existe ya una conversación pública sobre racismo estructural y legitimidad territorial que no habría ocurrido con ninguna otra fórmula. Quien define el terreno lleva ventaja.

COnclusion

La historia del Cauca tiene la virtud de no ser alegórica. Sus conflictos son literales, sus heridas son cartografiables, sus genealogías de poder son rastreables en archivos y en memoria oral. Que en 2026 esa historia se condense en dos candidatas del mismo departamento, una que encarna la continuidad del orden terrateniente y otra que viene del pueblo que ese orden intentó extinguir, no es una metáfora conveniente. Es la mecánica normal de un país donde el pasado no ha terminado de ocurrir. Lo que esa candidatura revela no es un dato sobre Cepeda; es un dato sobre Colombia. El hecho de que resulte sorprendente dice más sobre el estado de la representación política en este país que cualquier encuesta de intención de voto…

G.S.

Fuentes

  • “Ella es Aida Quilcué, la fórmula vicepresidencial de Iván Cepeda”, Infobae Colombia, 10 de marzo de 2026
  • “Iván Cepeda anuncia a la senadora indígena Aida Quilcué como su fórmula vicepresidencial”, El Tiempo, 9 de marzo de 2026
  • “De Manuel Quintín Lame a la Minga Social y Comunitaria”, Dejusticia, publicación académica
  • “El indio lobo. Manuel Quintín Lame en la Colombia moderna”, Revista Colombiana de Antropología, Scielo
  • “Aida Quilcué y Paloma Valencia: el choque de dos proyectos políticos nacidos en el Cauca”, Corporación Justicia y Dignidad, marzo de 2026
  • “Paloma Valencia: el linaje conservador antiderechos a la sombra de Álvaro Uribe”, Revista RAYA
  • “Pasos de animal grande”, El Espectador, archivo histórico
  • “Sobre héroes y urnas: Guillermo Valencia, Simón Bolívar y la nación como ruina”, Revista de literatura iberoamericana, UCM
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Una respuesta a «El Cauca: Quilcué, el apellido Valencia y cien años de la misma fractura»
  1. Avatar de Juan José Martínez
    Juan José Martínez
    12 marzo 2026

    La apuesta por la figura “comodín” que representa el rol de la vicepresidencia en Colombia quita o suma votos en la competencia final. No ha existido una función propia de la figura excepto el de asumir la primera magistratura en caso de ausencia definitiva del titular.

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