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SÍNTESIS INICIAL
En 8 minutos, este texto demuestra por qué la comparación entre la libra esterlina y el dólar es analíticamente válida en su mecánica estructural, insuficiente en su determinismo cronológico, y estratégicamente urgente en su diagnóstico. Demuestra que la desdolarización en curso no es un ataque frontal sino una erosión silenciosa de la confianza sistémica; que la deuda pública estadounidense superó los 38 billones de dólares en octubre de 2025 con pagos de intereses que exceden el presupuesto de Defensa; y que la cumbre BRICS de Río de Janeiro en julio de 2025 no produjo ningún avance concreto hacia una moneda alternativa. Explica por qué la codependencia financiera entre Estados Unidos y sus rivales hace que el colapso súbito sea menos probable que la degradación progresiva. Si solo puedes leer esto, quédate con esto: los imperios no caen cuando el enemigo ataca; caen cuando la matemática se vuelve innegable, y ya nadie puede fingir que no lo ve.
El 6 de noviembre de 1956, el primer ministro británico Anthony Eden recibió una comunicación del Departamento del Tesoro de Washington que no dejaba margen de interpretación. Estados Unidos vendería libras esterlinas en el mercado abierto y bloquearía el préstamo de emergencia del FMI si el ejército británico no abandonaba el Canal de Suez en las próximas horas. En once días, un siglo de dominación monetaria planetaria se reveló como lo que siempre había sido; una arquitectura de papel sostenida por la voluntad colectiva de creer en ella. La lección que ese episodio dejó no era geopolítica sino financiera, y su relevancia para el orden internacional de 2026 resulta incómoda con una precisión que pocas analogías históricas logran alcanzar.
La tentación de trasladar mecánicamente ese colapso al caso estadounidense es comprensible pero metodológicamente peligrosa. El paralelo tiene mérito en sus fundamentos estructurales, y lo pierde en cuanto se convierte en profecía. Lo que importa no es predecir la fecha del derrumbe sino entender el proceso de disociación entre reputación y realidad que precede a todos los colapsos monetarios conocidos; ese intervalo en que el sistema funciona no porque sea sólido sino porque nadie ha encontrado todavía el mecanismo de salida colectiva.
La mecánica del privilegio y su precio oculto
El privilegio de emitir la moneda de reserva global no es un don gratuito; es un contrato implícito que exige contraprestaciones permanentes. El país emisor debe proveer liquidez suficiente al sistema internacional, lo que implica déficits crónicos en cuenta corriente; debe mantener mercados financieros profundos y abiertos, lo que limita su capacidad de control de capitales; y debe subordinar en parte su política monetaria a la estabilidad del sistema global antes que a sus propias necesidades internas. El economista belga Robert Triffin formuló este dilema en 1960, cuatro años después de Suez, observando que la moneda de reserva global lleva inscrita en su arquitectura una contradicción irresoluble. La libra esterlina la vivió primero; el dólar la está viviendo ahora con cifras que Triffin no habría podido imaginar.
A finales de octubre de 2025, la deuda pública estadounidense superó los 38 billones de dólares, equivalente al 120,8% del PIB según datos del primer trimestre de ese año. Los pagos de intereses anuales sobre esa deuda superaron por primera vez el billón de dólares, cifra superior al presupuesto completo de Defensa. La Ley “One Big Beautiful Bill” firmada por la administración Trump añadirá entre 3,3 y 5,2 billones adicionales según estimaciones del Comité para un Presupuesto Federal Responsable, proyectando una deuda del 145% del PIB para 2035. Ningún indicador aislado de este conjunto resulta fatal; todos juntos describen una estructura en la que el servicio de la deuda consume crecientemente el espacio fiscal disponible para cualquier otra función estatal.
DATO CLAVE
En 2025, los intereses de la deuda federal estadounidense superaron 1 billón de dólares anuales, más que el presupuesto de Defensa. La deuda pública alcanzó el 120,8% del PIB en el primer trimestre, con proyecciones del FMI que anticipan el 143% para 2030. Desde 2020, la deuda creció en 13 billones de dólares, a un promedio de 2,6 billones por año.
El espejo roto; libra esterlina, 1918-1956
La historia de la libra entre la Primera Guerra Mundial y Suez no es la historia de una derrota sino de una ilusión gestionada con notable habilidad técnica y creciente deshonestidad estructural. Gran Bretaña emergió de 1918 transformada de mayor acreedor mundial en deudor neto de Estados Unidos, con una industria debilitada por cuatro años de esfuerzo bélico y una economía que ya no sostenía el nivel de vida imperial que sus élites consideraban natural. La decisión de Churchill en 1925 de regresar al patrón oro a la paridad de preguerra fue la expresión política de esa deshonestidad; pretender que el país detrás de la moneda seguía siendo el mismo país de 1913. John Maynard Keynes la calificó en su momento como un error técnico de primera magnitud, y la historia le dio la razón con la deflación, el desempleo y la humillación de 1931.
Lo que siguió a 1931 fue más revelador que el episodio mismo. Gran Bretaña reconstruyó una zona monetaria de la libra obligando a sus colonias a mantener reservas en esa divisa, sosteniendo artificialmente su circulación internacional mediante coacción imperial. La libra siguió siendo relevante no porque el mercado la eligiera libremente sino porque el Imperio la imponía por vías administrativas. Esa distinción importa para comprender la diferencia con el dólar; la hegemonía monetaria estadounidense descansa sobre bases estructurales más profundas y más difíciles de sustituir que la simple voluntad política de sus rivales.
“Una moneda de reserva que refleja la debilidad del país emisor puede sobrevivir mucho tiempo, porque quienes la sostienen temen más el caos de la transición que el coste de seguir sosteniéndola.”
– Barry Eichengreen -, Exorbitant Privilege, 2011
La desdolarización silenciosa y sus límites reales
La participación del dólar en las reservas globales cayó del 72% de hace dos décadas a aproximadamente el 57-59% en 2024-2025, según datos del FMI. En el comercio intra-BRICS, cerca de la mitad de las transacciones ya se liquida en monedas locales, particularmente el yuan chino y la rupia india. En marzo de 2024, el 52,9% de los pagos internacionales chinos se liquidaron en renminbi, superando por primera vez a la proporción en dólares dentro del comercio bilateral chino. Los países BRICS redujeron sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense en casi 29.000 millones de dólares solo en octubre de 2025; en términos anuales, China se deshizo de 71,4 millones de dólares en deuda estadounidense entre octubre de 2024 y octubre de 2025.
Sin embargo, la cumbre BRICS celebrada en Río de Janeiro los días 6 y 7 de julio de 2025 no produjo ningún avance concreto hacia una arquitectura monetaria alternativa. La declaración final de 126 puntos no menciona la expresión “desdolarización” en ninguna parte, ni contempla la creación de una moneda común. Vladimir Putin, que había mostrado interés en esa posibilidad, declaró explícitamente en noviembre de 2024 que Rusia no buscaba alejarse del dólar, en un gesto calculado de distensión hacia la administración Trump. El yuan representa aproximadamente el 50% del comercio intra-BRICS pero apenas el 2% de los pagos globales. La distancia entre esas dos cifras resume el estado real del proceso.
DATO CLAVE
La participación del dólar en reservas globales cayó del 72% hace dos décadas al 57-59% en 2025. Casi la mitad del comercio intra-BRICS se liquida ya en monedas locales. Sin embargo, el yuan representa solo el 2% de los pagos internacionales globales, y la cumbre BRICS de Río de Janeiro (julio 2025) no produjo ninguna iniciativa concreta de desdolarización.
La trampa de la codependencia
La asimetría fundamental entre el caso británico y el estadounidense reside en la estructura de la dependencia mutua. En 1956, la relación entre Washington y Londres era simple; un deudor frente a su acreedor. La relación entre Estados Unidos y sus principales rivales en 2026 es radicalmente distinta. China es el segundo tenedor mundial de bonos del Tesoro estadounidense, con más de 760.000 millones de dólares en posiciones que no puede liquidar sin devastar simultáneamente el valor de sus propias reservas. Sus capitalistas, sus exportadores y sus fondos soberanos están estructuralmente anclados en el sistema dólar-Wall Street, porque el mercado de capitales chino carece aún de la profundidad, la liquidez y el marco jurídico necesarios para reemplazarlo. Esta es la trampa de la codependencia; nadie puede permitirse la ruptura, lo que convierte la erosión gradual en la única salida disponible para ambas partes.
Esa erosión gradual tiene consecuencias distintas a las de un colapso súbito pero no por eso menos sustantivas. Cada punto porcentual que el dólar pierde en reservas globales reduce marginalmente la capacidad de Washington para financiarse a bajo costo, para imponer sanciones efectivas, y para proyectar poder geopolítico mediante instrumentos financieros. La weaponización del sistema SWIFT tras la invasión rusa de Ucrania en 2022 demostró la potencia del arma; también demostró que su uso masivo incentivaba a terceros países a construir sistemas alternativos. El instrumento se devalúa cada vez que se utiliza.
Conclusión; la degradación como destino estructural
Lo que distingue la situación estadounidense de 2026 del caso británico de 1956 no es la ausencia de fragilidades sino la velocidad del proceso y la ausencia de un candidato hegemónico alternativo creíble. Gran Bretaña cedió su posición a Estados Unidos en un contexto de claridad estructural; el nuevo hegemón estaba listo, su moneda era fuerte, sus mercados eran profundos. Ninguna de esas condiciones se cumple hoy para el yuan, el euro ni ninguna cesta de monedas en construcción. Lo que se aproxima no es un nuevo Suez sino algo más lento y por eso más difícil de gestionar políticamente; una degradación progresiva del privilegio monetario que reducirá el margen de maniobra de Washington sin producir el momento catártico que obligaría a una adaptación consciente.
La diferencia entre duración e invulnerabilidad es la que separa la narrativa imperial de la realidad contable. Los imperios monetarios duran más de lo que sus debilidades justificarían porque la alternativa asusta más que la continuidad. Pero durar no es lo mismo que ser invulnerable; es simplemente ser el último en darse cuenta de que el suelo ya cedió…
G.S.
Fuentes
- Congressional Budget Office, The Budget and Economic Outlook 2025–2035, marzo 2025
- Fondo Monetario Internacional, Fiscal Monitor, abril 2025
- CADTM, Los BRICS y la desdolarización, octubre 2025
- Comité para un Presupuesto Federal Responsable (CRFB), Analysis of the One Big Beautiful Bill, 2025
- Barry Eichengreen, Exorbitant Privilege, Oxford University Press, 2011
- Instituto Tricontinental de Investigación Social, Boletín 25: De la reducción de riesgos a la desdolarización, junio 2024
- Claudio Katz, BRICS II: los dilemas de la desdolarización, ANRed / Huella del Sur, junio 2025
- Departamento del Tesoro de EE.UU., datos de tenencias internacionales de bonos, octubre 2025
- Robert Triffin, Gold and the Dollar Crisis, Yale University Press, 1960


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