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SÍNTESIS INICIAL
En doce meses, Europa pasó del horror al aplauso. Este texto demuestra que el discurso de JD Vance en Múnich 2025 paralizó a una sala de líderes que aún creían en la ficción de la alianza transatlántica, que el libro de Richard Werly documentó en tiempo real el desprecio estructural que Washington alberga hacia el Viejo Continente, y que el discurso de Marco Rubio en Múnich 2026 recibió una ovación de pie por reivindicar cinco siglos de expansión imperial como modelo a restaurar. Explica cómo la retórica de la “civilización compartida” funciona como mecanismo de normalización del vasallaje y qué implica para la autonomía estratégica europea. Si solo puedes leer esto, quédate con esto: en un año, Europa no aprendió a resistir; aprendió a aplaudir.
El 14 de febrero de 2025, JD Vance subió al podio de la 61ª Conferencia de Seguridad de Múnich y habló durante veinte minutos sin mencionar a Rusia. El 15 de febrero de 2026, Marco Rubio subió al mismo podio y describió el declive de los imperios coloniales occidentales como una tragedia histórica que hay que revertir. La sala se puso de pie para aplaudir. Entre esos dos gestos transcurre un año de capitulación europea que el periodista suizo Richard Werly había anticipado con rigor documental en su libro “Esta América que nos detesta”, publicado en octubre de 2025. Lo que separa el espanto del aplauso no es una evolución; es una rendición negociada en silencio.
Múnich 2025; la sala con la boca abierta
Hay momentos en que la retórica cae como un hacha y no deja margen a la ambigüedad diplomática. El 14 de febrero de 2025, JD Vance pronunció ante los líderes de seguridad reunidos en Múnich un discurso cuya tesis era tan simple como brutal: la principal amenaza para la democracia europea no era Rusia ni China, sino los propios gobiernos europeos, que censuraban a sus ciudadanos, anulaban elecciones y gobernaban con miedo a sus votantes. Según múltiples corresponsales presentes, la sala escuchó petrificada; un representante de Europa del Este declaró que ese discurso era el único tema del que hablaban los delegados en los pasillos. Vance había visitado un campo de concentración el día anterior y al siguiente aconsejó a Alemania que escuchara más a la AfD, partido cuya dirigente, Alice Weidel, se había reunido con él en privado durante la misma semana. La secuencia no era un accidente.
El discurso contenía una lógica de poder perfectamente articulada, aunque envuelta en retórica libertaria. Vance condicionó explícitamente el apoyo estadounidense a Europa a que sus gobiernos “defiendan de verdad la libertad de expresión y la legitimidad política”, y añadió sin ambages que si Europa “gobernaba con miedo a sus propios votantes, no había nada que América pudiera hacer por ella”. La advertencia era de orden feudal: la protección se otorga a quienes se alinean, no a quienes argumentan. Dos días antes del discurso, Trump había llamado por teléfono a Putin sin consultar previamente a Bruselas ni a Kiev. La arquitectura del momento era precisa: Washington negociaba la paz en Ucrania sin Europa y luego llegaba a explicarle sus defectos democráticos. El orden de los factores no era casual ni decorativo.
Lo que la cobertura mediática europea denominó “shock” o “bofetada” tenía en realidad la forma de una clarificación. Por décadas, la relación transatlántica había descansado sobre una ficción operativa: que los Estados Unidos eran garantes de la seguridad europea por convicción compartida de valores. Vance se limitó a retirar esa ficción y a reemplazarla por su estructura real, que siempre había sido la de una potencia que protege a condición de que el protegido permanezca dócil. La novedad no era la lógica; era que se pronunciaba en voz alta, ante cámaras, en el recinto que durante décadas había sido el templo de la solidaridad atlántica.
DATO CLAVE
En la 61ª Conferencia de Seguridad de Múnich, Vance dedicó la mayor parte de su intervención a criticar la política interior europea y no mencionó el conflicto de Ucrania, que era el tema central del encuentro. Delegados presentes reportaron que la sala escuchó petrificada, con “la boca abierta”. Trump había llamado a Putin el 12 de febrero, dos días antes del discurso, sin avisar a ningún aliado europeo.
Werly en el terreno; lo que el periodismo de campo revela
Mientras Bruselas procesaba el shock de Múnich 2025, el periodista Richard Werly, editorialista internacional del diario suizo Blick, publicaba en octubre de 2025 el resultado de varios meses de recorrido por quince estados estadounidenses, de Chicago a Mar-a-Lago. Su libro “Esta América que nos detesta” (Éditions Nevicata, 187 páginas) documentaba algo que la diplomacia europea prefería ignorar: el desprecio hacia el Viejo Continente no era una anomalía de Trump sino una condición estructural del electorado MAGA, arraigada en una narrativa de agravio histórico, de profundo anti-wokismo y de convicción genuina de que Europa era un parásito socialista incapaz de defenderse solo. Sus interlocutores americanos le repetían con variaciones que los europeos eran “débiles”, “islamizados” y “no lo suficientemente obedientes”; el vocabulario cambiaba según el estado o el garaje, pero la estructura del argumento era invariable.
La tesis de Werly incomodaba precisamente porque no se limitaba a retratar a Trump como excepción. Lo que encontró en los mítines evangélicos del cinturón de la Biblia, en las minas de carbón de Virginia y en los suburbios de Chicago era una hostilidad difusa pero consistente, anterior a Trump y probablemente sobreviviente a él. Werly observaba que Washington había reemplazado el soft power por el hard power; “ya no se trata de seducir para inundar el planeta de un American way of life; se trata de impresionar e intimidar para alimentar la máquina americana, industrial, militar, digital, con el objetivo de consolidar su potencia imperial frente a sus adversarios e imponer sus condiciones a sus aliados”. El diagnóstico no era antiamericanismo reflexivo, que Werly había rechazado durante décadas; era la descripción de una transformación que él mismo había tardado en aceptar como irreversible.
“América no se contenta con detestarnos; también quiere someternos. Necesita una Europa vasalla, obediente, dispuesta a alinearse.”
– Richard Werly –, “Cette Amérique qui nous déteste”, Éditions Nevicata, 2025
Múnich 2026; la ovación que confirma el diagnóstico
Un año después de la sala petrificada, el 15 de febrero de 2026, Marco Rubio subió al mismo podio de la 62ª Conferencia de Seguridad de Múnich y pronunció un discurso que Ursula von der Leyen calificó de “tranquilizador”. La tranquilidad tenía un precio preciso. Rubio construyó un relato histórico en el que cinco siglos de expansión occidental, “sus misioneros, sus peregrinos, sus soldados, sus exploradores derramándose desde sus costas para cruzar océanos, colonizar nuevos continentes, construir vastos imperios, extendiéndose por todo el globo”, constituían el fundamento glorioso de la alianza transatlántica que había que restaurar. El declive de esos imperios, prosiguió, había sido “acelerado por revoluciones comunistas ateas y levantamientos anticoloniales” que transformaron el mundo. La implicación no era subterránea: esos levantamientos, que liberaron a decenas de pueblos del yugo colonial, eran presentados como catástrofes que el nuevo orden atlántico debía corregir. Los líderes europeos se pusieron de pie para aplaudir.
La operación retórica de Rubio era más sofisticada que la de Vance, y por eso más peligrosa. Donde Vance había insultado, Rubio aduló; donde Vance había condicionado, Rubio había invitado. Pero el contenido estratégico era idéntico: Europa debía abandonar la “religión del clima”, controlar la migración, aumentar el gasto militar y aceptar que la alianza transatlántica se organizaría según los parámetros fijados por Washington. Trita Parsi, vicepresidente ejecutivo del Quincy Institute for Responsible Statecraft, fue preciso en su análisis publicado por Al Jazeera: Rubio “enumeró los criterios para que Europa se convierta en un vasallo obediente de los Estados Unidos”. El mismo día, Rubio esquivó la reunión de coordinación sobre Ucrania convocada por los ministros europeos. La asimetría entre el calor del aplauso y la frialdad de la ausencia era la descripción más exacta de la relación.
DATO CLAVE
En Múnich 2026, Rubio recibió una ovación de pie de los líderes europeos tras describir los levantamientos anticoloniales del siglo XX como una amenaza al orden occidental. La Comisión Europea, mediante su presidenta Von der Leyen, calificó el discurso de “tranquilizador”. El mismo día, Rubio no asistió a la reunión europea de coordinación sobre Ucrania.
Conclusión; el mapa del desprecio se consolida
Doce meses separan la sala con la boca abierta de la ovación de pie, y en ese intervalo no hubo resistencia europea articulada, no hubo doctrina de autonomía estratégica dotada de recursos reales, no hubo ningún líder dispuesto a nombrar en público lo que el libro de Werly nombraba con rigor documental. Lo que hubo fue una negociación silenciosa y progresiva: Europa aceptó rearmar, aceptó endurecer las políticas migratorias, aceptó replegar el lenguaje de los derechos y la acción climática, y a cambio recibió un discurso que la llamaba “civilización compartida” y la invitaba a sentirse orgullosa de su historia colonial. Es un trato que tiene un nombre preciso en la historia de las relaciones de poder; se llama vasallaje voluntario, y se distingue del impuesto únicamente por la sonrisa con que se firma.
Lo que queda por vigilar es si las elecciones de medio mandato en noviembre de 2026 modificarán la correlación de fuerzas en el Congreso americano y si un posible retorno demócrata implicará cambio sustancial o simplemente una restauración de la cortesía diplomática que cubría la misma asimetría estructural. La historia de Múnich, en sus dos ediciones consecutivas, sugiere que el mapa del desprecio no se traza con la grosería de Vance ni con la adulación de Rubio; se traza con la ovación de quienes los escuchan…
G.S.
Fuentes
- Marco Rubio, discurso en la 62ª Conferencia de Seguridad de Múnich, Departamento de Estado de EE.UU., 15 de febrero de 2026
- JD Vance, discurso en la 61ª Conferencia de Seguridad de Múnich, The American Presidency Project, 14 de febrero de 2025
- Richard Werly, “Cette Amérique qui nous déteste”, Éditions Nevicata, octubre de 2025
- Trita Parsi, Quincy Institute for Responsible Statecraft, análisis citado por Al Jazeera, 16 de febrero de 2026
- Axios, “Rubio outlines MAGA’s foreign policy doctrine in Munich”, 15 de febrero de 2026
- NPR, cobertura de los discursos de Vance y Rubio en Múnich, febrero 2025 y 2026
- Le Temps, entrevista a Richard Werly por Stéphane Bussard, 17 de febrero de 2026


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