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SÍNTESIS INICIAL
En 2 minutos, lo esencial. Israel ha utilizado sistemáticamente armas térmicas y termobáricas de fabricación estadounidense capaces de generar temperaturas superiores a 3.000 grados Celsius, vaporizando cuerpos humanos sin dejar rastros identificables. Este texto documenta los 2.842 palestinos clasificados como “evaporados” por la Defensa Civil de Gaza mediante metodología forense de campo, identifica las municiones responsables (MK-84, BLU-109, GBU-39), establece la cadena de complicidad industrial entre Washington y Tel Aviv, y examina el colapso del sistema jurídico internacional frente a estas prácticas. Explica el mecanismo termoquímico de la obliteración corporal y qué implica para la arquitectura de impunidad que protege a Israel. Si solo puedes leer esto, quédate con esto; mientras Netanyahu se reunía hoy con Trump en la Casa Blanca, familias en Gaza siguen buscando fragmentos de sus hijos entre escombros que ya no contienen nada humano.
La investigación de Al Jazeera “The Rest of the Story”, publicada el 10 de febrero, constituye el primer esfuerzo documental sistemático para cuantificar y explicar un fenómeno que las categorías convencionales del derecho humanitario apenas pueden nombrar. No se trata de desaparecidos en el sentido latinoamericano del término, ni de cadáveres pendientes de identificación. Se trata de personas cuya materialidad biológica fue eliminada por completo mediante tecnología militar diseñada precisamente para ese fin.
La metodología del vacío
Yasmin Mahani caminó al amanecer del 10 de agosto de 2024 entre los escombros de la escuela al-Tabin en Ciudad de Gaza buscando a su hijo Saad. Encontró a su esposo gritando entre las ruinas. “Entré a la mezquita y me encontré pisando carne y sangre”, declaró a Al Jazeera. Durante días recorrió hospitales y morgues sin encontrar rastro alguno de su hijo. Ni cuerpo, ni fragmento, ni ceniza identificable. Saad simplemente había dejado de existir en términos materiales, y esa ausencia de materia constituye quizás la forma más brutal de violencia que puede ejercerse sobre un ser humano y sobre quienes lo amaban.
La Defensa Civil de Gaza desarrolló una metodología forense específica para documentar estos casos. El portavoz Mahmoud Basal explicó el procedimiento con la precisión clínica que exige el horror sistemático. Los equipos de rescate ingresan a una vivienda bombardeada y comparan el número conocido de ocupantes con los cuerpos recuperados. Si una familia informa que había cinco personas dentro y solo se recuperan tres cuerpos intactos, los dos restantes se clasifican como “evaporados” únicamente después de una búsqueda exhaustiva que no arroja más que rastros biológicos; salpicaduras de sangre en las paredes o pequeños fragmentos como cueros cabelludos. La cifra de 2.842 no es una estimación estadística sino el resultado de este conteo forense sistemático realizado desde octubre de 2023.
Rafiq Badran perdió cuatro hijos en el campo de refugiados de Bureij durante la guerra. Solo pudo recuperar pequeñas partes de sus cuerpos para enterrar. “Cuatro de mis hijos simplemente se evaporaron”, declaró conteniendo las lágrimas. “Los busqué un millón de veces. No quedó ni un pedazo. ¿A dónde fueron?” La pregunta no es retórica sino ontológica; estas armas no solo matan, eliminan la posibilidad misma del duelo, del entierro, de la memoria material. Convierten a las víctimas en una ausencia absoluta que ni siquiera puede ser llorada sobre una tumba.
DATO CLAVE
2.842 palestinos documentados como “evaporados” desde octubre de 2023. La metodología forense de la Defensa Civil de Gaza se basa en la comparación entre ocupantes conocidos y cuerpos recuperados, clasificando como evaporados solo aquellos casos donde búsquedas exhaustivas no arrojan más que rastros biológicos mínimos.
El arsenal de la obliteración
El mecanismo termoquímico detrás de estas muertes es conocido por los especialistas en armamento, aunque rara vez se discute públicamente con la franqueza que merece. Vasily Fatigarov, experto militar ruso entrevistado en la investigación, explicó que las armas termobáricas no funcionan como los explosivos convencionales. En lugar de detonar, dispersan primero una nube de combustible en el área objetivo que luego se enciende creando una enorme bola de fuego combinada con un efecto de vacío. Para prolongar el tiempo de combustión, se añaden a la mezcla química polvos de aluminio, magnesio y titanio, lo que eleva la temperatura de la explosión hasta un rango de 2.500 a 3.000 grados Celsius.
El Dr. Munir al-Bursh, director general del Ministerio de Salud de Gaza, proporcionó la explicación biológica de lo que ocurre cuando un cuerpo humano se expone a estas temperaturas. El cuerpo humano está compuesto aproximadamente en un 80% de agua, y el punto de ebullición del agua es de 100 grados Celsius. Cuando un cuerpo se expone a energía superior a 3.000 grados combinada con presión masiva y oxidación, los fluidos hierven instantáneamente, los tejidos se vaporizan y se convierten en ceniza. Es químicamente inevitable. No hay nada que pueda hacer la medicina forense con ceniza dispersa en el viento y sangre pulverizada en las paredes.
La investigación identificó municiones específicas de fabricación estadounidense en los sitios donde se documentaron evaporaciones. La bomba MK-84, un artefacto de 900 kilogramos que utiliza tritonal (una mezcla de 80% TNT y 20% polvo de aluminio), puede producir temperaturas cercanas a 3.500 grados Celsius. El bunker buster BLU-109 fue utilizado en septiembre de 2024 en al-Mawasi, un área que Israel había declarado “zona segura” para palestinos desplazados; ese ataque evaporó a 22 personas. La bomba de pequeño diámetro GBU-39 fue identificada en el ataque a la escuela al-Tabin; fragmentos de sus alas fueron encontrados en múltiples sitios donde no se recuperaron cuerpos.
“La GBU-39 está diseñada para mantener la estructura del edificio relativamente intacta mientras destruye todo lo que hay dentro. Mata mediante una onda de presión que revienta los pulmones y una onda térmica que incinera el tejido blando.”
– Vasily Fatigarov,- experto militar
La cadena logística de la complicidad
Estas armas no caen del cielo por generación espontánea. Cada bomba MK-84 que vaporiza una familia palestina fue manufacturada en plantas estadounidenses, aprobada para exportación por el Departamento de Estado, transportada a Israel mediante logística militar coordinada, almacenada en depósitos israelíes y cargada en aviones de combate por técnicos entrenados según protocolos compartidos. La cadena de custodia es perfectamente rastreable; la complicidad, absolutamente demostrable.
Diana Buttu, abogada y profesora en la Universidad de Georgetown en Qatar, articuló esta dimensión con claridad durante el Foro de Al Jazeera en Doha. “Este es un genocidio global, no solo israelí”, declaró. “Vemos un flujo continuo de estas armas desde Estados Unidos y Europa. Saben que estas armas no distinguen entre un combatiente y un niño, y sin embargo continúan enviándolas.” La arquitectura legal internacional contempla la complicidad en crímenes de guerra; los artículos 25 y 28 del Estatuto de Roma establecen responsabilidad penal individual para quienes facilitan o contribuyen materialmente a la comisión de crímenes de lesa humanidad.
El memorando de entendimiento firmado en 2016 bajo la administración Obama comprometió a Washington a proporcionar 38.000 millones de dólares en asistencia militar a Israel durante una década; 33.000 millones en subvenciones militares directas y 5.000 millones para programas conjuntos de defensa antimisiles. Este flujo de armamento no se interrumpió durante el genocidio en Gaza. Por el contrario, se aceleró. La Estrategia de Defensa Nacional 2026 de la administración Trump, publicada a finales de enero, describe a Israel como “un aliado modelo” y afirma que existe “una oportunidad ahora para empoderarlo aún más para defenderse y promover nuestros intereses compartidos”.
DATO CLAVE
Israel ha destruido aproximadamente el 90% de la infraestructura de Gaza en los primeros dos años del genocidio. El Ministerio de Salud palestino estima que más de 72.000 personas han sido asesinadas; una cifra que el propio ejército israelí admitió recientemente como veraz después de sembrar dudas durante más de dos años.
La arquitectura de la impunidad
La Corte Internacional de Justicia ordenó medidas provisionales. La Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto contra Benjamin Netanyahu. Ninguna de estas disposiciones ha alterado la conducta israelí ni interrumpido el suministro estadounidense de armamento. Tariq Shandab, profesor de derecho internacional, declaró que el sistema judicial internacional “ha reprobado el examen de Gaza”. Desde el acuerdo de alto el fuego de octubre de 2024, más de 600 palestinos han sido asesinados. El bloqueo continúa. La hambruna avanza. “El bloqueo de medicinas y alimentos es en sí mismo un crimen de lesa humanidad”, añadió Shandab.
El mecanismo central de esta impunidad es conocido; el veto estadounidense en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Pero Shandab señaló una vía alternativa que podría eludir este bloqueo. Los tribunales de jurisdicción universal en países como Alemania y Francia podrían ofrecer un camino hacia la justicia, siempre que exista voluntad política. La documentación forense de la Defensa Civil de Gaza, combinada con la identificación de municiones específicas de fabricación estadounidense, proporciona exactamente el tipo de evidencia que estos tribunales requieren para establecer responsabilidad en la cadena de suministro.
El problema no es la ausencia de pruebas sino la presencia de protección política. Israel opera bajo un paraguas de inmunidad construido durante décadas mediante inversión diplomática, presión económica y chantaje moral que instrumentaliza la memoria del Holocausto para blindar crímenes contemporáneos. Cada veto estadounidense, cada declaración de “derecho a la defensa”, cada abstención europea refuerza esta arquitectura. Las 2.842 personas evaporadas son el producto final de este sistema; no un exceso, no un error, sino el funcionamiento normal de una maquinaria de muerte que opera con total impunidad.
Washington, 11 de febrero
Mientras las familias de Gaza buscan fragmentos de sus muertos entre escombros irradiados, Benjamin Netanyahu se reunió hoy con Donald Trump en la Casa Blanca durante casi tres horas. El encuentro, el séptimo entre ambos desde que Trump regresó al poder, se centró en las negociaciones nucleares con Irán. Trump declaró después que no se había concluido nada definitivo pero que su preferencia es alcanzar un acuerdo con Teherán. Netanyahu adelantó su visita una semana, originalmente prevista para el 18 de febrero, aparentemente preocupado de que Washington pudiera perseguir un acuerdo nuclear estrecho que no aborde las demandas israelíes sobre misiles balísticos y grupos proxy regionales.
La simultaneidad temporal resulta obscena pero reveladora. El mismo día que Al Jazeera documenta la vaporización sistemática de civiles palestinos mediante armamento estadounidense, el primer ministro responsable de ordenar estos ataques es recibido con honores en Washington para discutir sus preocupaciones de seguridad respecto a Irán. No hay contradicción en esto para la lógica imperial; hay coherencia perfecta. Israel es el instrumento, Gaza el laboratorio, y las 2.842 personas evaporadas son simplemente el costo operativo de mantener la hegemonía regional estadounidense en Medio Oriente.
Conclusión
La investigación de Al Jazeera no revela nada que los planificadores militares israelíes y estadounidenses desconozcan. Las capacidades térmicas de las municiones MK-84, BLU-109 y GBU-39 están perfectamente documentadas en manuales técnicos clasificados. Lo que la investigación hace es traducir especificaciones de armamento en cuerpos ausentes, en madres que pisan carne humana buscando a sus hijos, en padres que preguntan a dónde fueron sus niños cuando no queda nada que enterrar. Esta traducción es indispensable porque permite nombrar lo que el lenguaje técnico-militar oculta; no “daños colaterales” sino obliteración deliberada de seres humanos, no “operaciones de precisión” sino tecnología diseñada específicamente para eliminar toda evidencia de la vida que destruye…
G.S.
Fuentes
- “The Rest of the Story”, investigación especial de Al Jazeera Arabic, 10 de febrero de 2026
- Declaraciones de Mahmoud Basal, portavoz de la Defensa Civil de Gaza, Al Jazeera, febrero 2026
- Entrevista con Dr. Munir al-Bursh, director general del Ministerio de Salud de Gaza, Al Jazeera, febrero 2026
- Declaraciones de Diana Buttu en el Foro de Al Jazeera en Doha, febrero 2026
- Análisis de Vasily Fatigarov, experto militar ruso, citado en Al Jazeera, febrero 2026
- Cobertura en vivo de la reunión Trump-Netanyahu, Al Jazeera y NPR, 11 de febrero de 2026
- Estrategia de Defensa Nacional 2026, administración Trump, enero 2026


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