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AcidReport

“El petróleo que nos robaron” : Doctrina Monroe, versión sin filtro

AcidReport – VENEZUELA – “El petróleo que nos robaron” : Doctrina Monroe, versión sin filtro

POR

Gabriel Schwarb

4 enero 2026
“El petróleo que nos robaron” : Doctrina Monroe, versión sin filtro

Ilustración: ©2025 Gabriel Schwarb

Lectura estimada: 9 minutos ·

SÍNTESIS INICIAL

En 2 minutos, Estados Unidos acaba de ejecutar el primer secuestro de un jefe de Estado en ejercicio sin declaración de guerra formal, bombardeando Caracas y capturando a Nicolás Maduro bajo el pretexto del narcotráfico. Este texto demuestra que los propios servicios de inteligencia estadounidenses contradicen la narrativa oficial sobre Venezuela como ruta de drogas hacia Estados Unidos, que el 63% de los estadounidenses se oponía a esta guerra y que la administración Trump ha confesado abiertamente su objetivo real mediante las declaraciones de Stephen Miller sobre el petróleo venezolano. Explica cómo el silencio europeo, particularmente la reacción de Emmanuel Macron celebrando “el fin de la dictadura” sin mencionar la violación del derecho internacional, revela la arquitectura de complicidad que sostiene el orden imperial contemporáneo. Si solo puedes leer esto, quédate con esto; cuando un asesor presidencial estadounidense declara que “el petróleo venezolano pertenece a Estados Unidos porque nosotros creamos esa industria”, la retórica antidrogas se convierte en lo que siempre fue, un envoltorio descartable para el pillaje colonial.

El 3 de enero de 2026, siete explosiones sacudieron Caracas a las 2 de la madrugada. Horas después, Donald Trump anunciaba desde Mar-a-Lago que Estados Unidos “dirigiría Venezuela” hasta establecer una transición conveniente. No hubo declaración de guerra, ni autorización del Congreso, ni resolución de Naciones Unidas. Hubo, simplemente, el ejercicio desnudo del poder imperial y la confirmación de que el derecho internacional es un lujo reservado para quienes carecen de petróleo.

Tabla de Contenido

Toggle
  • Shock and Awe en el Caribe
  • El narcotráfico como ficción operativa
  • Quien acusa, confiesa
  • La confesión colonial
  • Europa como cómplice estructural
  • Conclusión
      • Fuentes

Shock and Awe en el Caribe

La operación recuerda inevitablemente a marzo de 2003. Entonces, la administración Bush bombardeó Bagdad invocando armas de destrucción masiva que nunca existieron; ahora, la administración Trump bombardea Caracas invocando rutas de narcotráfico que sus propias agencias desmienten. El nombre elegido para la operación iraquí fue “Shock and Awe”, diseñado explícitamente para sumir a la población civil en el pánico mediante la destrucción de infraestructura crítica. Veinte años después, el método permanece intacto, aunque el pretexto haya mutado. La base militar de Fuerte Tiuna, el palacio presidencial de Miraflores, aeropuertos en El Hatillo, Barquisimeto y Charallave fueron alcanzados en una secuencia coordinada que dejó amplias zonas de la capital sin electricidad. El presidente colombiano Gustavo Petro publicó la lista de objetivos atacados, un gesto que evidenciaba tanto su rechazo como su impotencia.

El patrón se repite con precisión quirúrgica porque responde a una lógica estructural, no a circunstancias particulares. Cada intervención estadounidense en el hemisferio requiere un enemigo existencial que justifique la suspensión de las normas internacionales. En Panamá fue el narcotráfico de Noriega, en Irak fueron las armas químicas de Saddam, en Venezuela es el supuesto vínculo de Maduro con el Tren de Aragua. La mecánica del engaño no varía porque no necesita variar; funciona con regularidad industrial desde que la doctrina Monroe estableció que el continente americano constituye el patio trasero natural de Washington. Lo que sí cambia es el descaro. Trump no se molestó en fabricar pruebas elaboradas ni en buscar cobertura multilateral. Simplemente actuó y dejó que el mundo procesara las consecuencias.

“Cuando la geografía dice que el petróleo está en tal país, Estados Unidos dice que la geografía se equivoca, que el petróleo está en Estados Unidos.”
– Noam Chomsky –

El narcotráfico como ficción operativa

Los datos disponibles contradicen sistemáticamente la narrativa que sustenta esta guerra. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Venezuela no figura entre las rutas principales de cocaína hacia Estados Unidos. Un informe de la DEA de 2020 estableció que aproximadamente el 8% de la cocaína estadounidense transitaba por el “corredor caribeño”, mientras que el 74% fluía por la ruta del Pacífico oriental a través de Colombia y Ecuador. La cocaína que efectivamente sale de Venezuela tiene como destino principal Europa, no Estados Unidos, según confirmaron funcionarios estadounidenses a NBC News en noviembre de 2025. En cuanto al fentanilo, el propio Departamento de Estado identificó a México como “la única fuente significativa” de esta sustancia que afecta al territorio estadounidense.

El Consejo Nacional de Inteligencia estadounidense publicó en abril de 2025 un informe que demolía explícitamente la conexión Maduro-Tren de Aragua. El documento establecía que “el régimen de Maduro probablemente no tiene una política de cooperación con el Tren de Aragua y no está dirigiendo el movimiento del Tren de Aragua hacia Estados Unidos ni sus operaciones en territorio estadounidense”. Esta conclusión, emanada de las propias agencias de inteligencia de Trump, fue sistemáticamente ignorada en la construcción del casus belli. La administración prefirió repetir una mentira útil antes que reconocer una verdad inconveniente. Desde septiembre de 2025, Estados Unidos bombardeó al menos 35 embarcaciones en aguas del Caribe, matando a más de 115 personas. Ninguna prueba de la presencia de drogas en esas embarcaciones fue presentada públicamente. Trump afirmó que cada barco destruido “salvaba 25.000 vidas”, una cifra que PolitiFact calificó de matemáticamente absurda.

DATO CLAVE: Según datos de la UNODC, entre 2019 y 2023 se detectaron y desmantelaron aproximadamente 260 laboratorios de procesamiento de cocaína en Venezuela, frente a 26.400 en Colombia, 3.200 en Bolivia y 2.400 en Perú. Venezuela representa una fracción marginal de la producción hemisférica.

Quien acusa, confiesa

Trump acusa a Maduro de asesinatos, secuestros y terrorismo. El historial documentado de Estados Unidos convierte estas acusaciones en proyección pura. El informe del Comité Church de 1975, cuyo cincuentenario se cumplió semanas antes de la operación venezolana, detalló los complots de la CIA para eliminar a líderes extranjeros; Fidel Castro en Cuba, Patrice Lumumba en Congo, René Schneider en Chile. El comité concluyó que “fuera de la guerra, el asesinato es incompatible con los principios estadounidenses”. Medio siglo después, Trump ordena la captura de un presidente en ejercicio y el National Security Archive publica un análisis titulado “El informe sobre asesinatos sigue siendo relevante mientras Estados Unidos apunta al líder venezolano”.

En cuanto a secuestros, Guantánamo permanece operativo. Quince hombres siguen detenidos sin juicio ni cargos formales, algunos desde hace más de dos décadas. Tres fueron clasificados como “prisioneros para siempre”, retenidos indefinidamente sin proceso legal alguno. Abu Zubaydah lleva 23 años encarcelado; múltiples tribunales internacionales han condenado su situación, sin efecto. Trump acusa a Maduro de narcotráfico mientras sus propias fuerzas ejecutan a personas en aguas internacionales sin presentar evidencia alguna de las drogas supuestamente transportadas. El mecanismo es antiguo; atribuir al enemigo los crímenes propios para actuar con impunidad mientras se reclama superioridad moral. La novedad reside en la transparencia cínica con que se ejecuta.

La confesión colonial

Lo extraordinario de esta intervención no es la violencia, que resulta previsible, sino la franqueza con que se enuncia su propósito. El 17 de diciembre de 2025, Stephen Miller, asesor principal de Trump, declaró que Estados Unidos había “creado la industria petrolera en Venezuela” y que, por tanto, el petróleo venezolano pertenecía legítimamente a Estados Unidos. Esta afirmación ignora la nacionalización de 1976 y el principio de soberanía permanente sobre los recursos naturales consagrado en derecho internacional. No se trata de una interpretación hostil de las intenciones estadounidenses; se trata de las palabras textuales de un funcionario de alto rango. Trump reforzó el mensaje al anunciar que las compañías petroleras estadounidenses invertirían en nueva infraestructura y que la operación “generaría mucho dinero”.

Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, estimadas en 303.000 millones de barriles. Bajo las sanciones estadounidenses vigentes desde 2008 y endurecidas progresivamente, el país solo puede exportar una fracción de su capacidad. La oposición liderada por María Corina Machado, premio Nobel de la Paz 2025, había llamado explícitamente a la intervención estadounidense señalando las reservas petroleras como incentivo. El resultado fue paradójico; Trump capturó a Maduro pero despreció públicamente a Machado, afirmando que “no tiene el apoyo ni el respeto dentro del país”. La marioneta resultó prescindible una vez cumplido su papel propagandístico. Estados Unidos no necesita demócratas locales cuando puede administrar directamente el territorio.

“Vamos a dirigir el país hasta que podamos hacer una transición segura, apropiada y juiciosa.”
– Donald Trump -, conferencia de prensa en Mar-a-Lago, 3 de enero de 2026

Europa como cómplice estructural

Emmanuel Macron reaccionó a la captura de Maduro celebrando que “el pueblo venezolano está hoy liberado de la dictadura de Nicolás Maduro y no puede sino alegrarse”. La declaración no mencionaba los bombardeos, no cuestionaba la legalidad de la operación, no invocaba el derecho internacional que Francia dice defender en Ucrania. Trump compartió el mensaje en Truth Social como validación de su acción. La izquierda francesa reaccionó con indignación; Jean-Luc Mélenchon calificó la postura de “vergüenza” y acusó a Macron de “abandonar el derecho internacional”, mientras Mathilde Panot denunció una “actitud de vasallo y lacayo”. Incluso Marine Le Pen observó que “la soberanía de los Estados no es negociable”. El ministro de Exteriores Jean-Noël Barrot mencionó tímidamente que la operación “viola el principio de no recurrir a la fuerza”, pero el efecto quedó ahogado en la aquiescencia presidencial.

El contraste con la retórica sobre Ucrania resulta devastador. Durante tres años, las cancillerías europeas han invocado el “orden internacional basado en reglas” para justificar sanciones contra Rusia y apoyo militar a Kiev. Cuando Estados Unidos bombardea una capital latinoamericana y secuestra a su presidente, esas mismas cancillerías descubren matices, invocan la complejidad de la situación, celebran discretamente la caída de un “dictador”. El 70% de la población estadounidense se oponía a la intervención militar según la encuesta CBS News/YouGov de noviembre de 2025. El 63% se oponía específicamente según Quinnipiac. Incluso el 33% de los republicanos rechazaba la acción. Europa, supuestamente más sofisticada en su apego a las normas internacionales, demostró ser más servil que el propio electorado estadounidense.

Conclusión

Lo que acaba de ocurrir en Venezuela no es una anomalía sino una clarificación. El “orden internacional basado en reglas” siempre fue un dispositivo retórico diseñado para disciplinar a los débiles mientras los poderosos actúan sin restricciones. Cuando un presidente estadounidense anuncia que “dirigirá” un país extranjero hasta instalar un gobierno de su conveniencia, cuando su asesor declara que los recursos naturales de ese país “pertenecen” a Estados Unidos, el eufemismo se vuelve insostenible. La complicidad europea y el silencio selectivo completan el cuadro. Venezuela no es el final de esta historia; Cuba ya figura en las declaraciones de Marco Rubio como próximo objetivo…

G.S.

Fuentes

  • “Fact-checking Trump following US ‘capture’ of Venezuela’s Maduro”, Al Jazeera/PolitiFact, 4 de enero de 2026
  • “Get the Facts: Is Venezuela a primary drug trafficker to the United States?”, Hearst Television, enero de 2026
  • “Facts to Inform the Debate about the U.S. Government’s Anti-Drug Offensive in the Americas”, WOLA, octubre de 2025
  • “Drug boats from Venezuela are mainly moving cocaine to Europe”, NBC News, noviembre de 2025
  • “There is scant American support for military action against Venezuela”, YouGov/The Economist, diciembre de 2025
  • “63 percent oppose US military action in Venezuela”, Quinnipiac University Poll/The Hill, diciembre de 2025
  • “CIA Assassination Plots: The Church Committee Report 50 Years Later”, National Security Archive, noviembre de 2025
  • “Capture de Nicolas Maduro: la réaction d’Emmanuel Macron indigne la gauche”, France Info, enero de 2026
  • “List of current detainees at Guantanamo Bay”, Wikipedia, actualizado enero de 2025
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Escritor suizo-colombiano, estratega en comunicación y narrativa, y Fundador y Editor en Jefe del medio independiente AcidReport. Escribe desde la frontera entre la memoria y el cansancio, sin pertenecer a ningún aparato, sin pedir permiso. No busca fama ni redención: busca precisión, contexto, verdad.

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Con una trayectoria de más de dos décadas en el campo visual y narrativo, su trabajo se sitúa en un territorio incómodo para el poder y ajeno al consenso. Publica para no olvidar, para no volverse indiferente, para dejar constancia. Rechaza el optimismo institucional y la neutralidad aparente del periodismo decorativo.

Desde Suiza, pero no desde el silencio, articula una escritura radicalmente independiente, anclada en la experiencia, el rigor y la sospecha permanente hacia todo discurso dominante.

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